Letras
Poemas

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Al tiempo que acomoda su secreto
el paseante busca la huella de algo nuevo.

Hace tiempo que presagia
la premura del tiempo.

El secreto es ya la misma esencia
de él, su espejo. Le asombra su pureza.
Queda, así, al cuidado de su nombre,
la tristeza.


La memoria del hombre
debiera ser acorde a lo vivido:
la certeza a su duda,
lo nuevo a la armonía,
la sospecha a su sombra.
Pero no siempre es tan sencillo
el símbolo de todo lo aludido:
la duda busca el claustro,
el zureo la sombra;
la gravedad serena del invierno
alienta la fe convocando
al silencio.
A veces es así: la vida y la esperanza
confunden como sueños.


Te esperaba, vieja conciencia,
estirpe de la melancolía.

Tras el cristal la lluvia otorga algo
de lo que siento y pienso.

Así ha de ser.


El tiempo y la memoria acuden
con su antigua hermandad.
Pronto me conmoverá el silencio, así conoceré.
¿Qué tengo yo de mí, la realidad
frágil y esquiva? Si pienso en el amor
(esa forma exclusiva de vivir), es como
si me hubieran ido alejando de cuanto perdura
y, al final, es.

El mapa antiguo y mudo,
viejo solemne de la estancia,
ignora si me sobreviviré.


El lugar donde ha deseado vivir
es su certeza. Otra verdad
no habrá más constante.

A la vista del mar escucha
la lentitud de la hierba,
observa el vuelo antiguo,
añade a la noche lumbre y reflexión.

La memoria se compondrá de restos,
de ficciones: será lo no vivido.