Entrevistas
Fernando ButazzoniFernando Butazzoni
La globalización
es un término elegante
para hablar de la conquista

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El escritor y periodista Fernando Butazzoni expresó la necesidad de que Uruguay cuente con “políticas culturales muy claras” que permitan la difusión del libro incentivando a los autores nacionales y la industria editorial.

En su último libro, Alabanzas de los reinos imaginarios, Fernando Butazzoni presenta un ensayo sobre la vida y la obra de Isidore-Lucien Ducasse, el Conde de Lautréamont. Éste es el decimotercer libro editado por Butazzoni, entre cuyos anteriores títulos se destacan El tigre y la nieve (1986), La noche en que Gardel lloró en mi alcoba (1996), Príncipe de la muerte (1997) y Seregni - Rosencof. Mano a mano (2002).

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—¿Uruguay tiene identidad nacional propia? ¿Hay claves que nos identifiquen como nación?

—Hay claves. Es una identidad que se ha ido construyendo de distintas maneras, pero creo que hay algunas claves que nos identifican como nación y que están en riesgo. Hay una manera de entender la relación con el mundo, por ejemplo, que es uruguaya. Hay una escala de las cosas, de las ciudades, de los emprendimientos productivos, del arte, de las carreteras, que es uruguaya. Hay un acervo histórico que indiscutiblemente es uruguayo, o es oriental digamos. Ahora creo que todo eso, como otros muchos países, está en riesgo.

—Porque nos está llevando la avalancha de la globalización.

—La globalización no existe. Existe un proceso donde hay globalizadores y globalizados. Nosotros estamos en el territorio de los globalizados. Creo que la globalización es un término elegante para hablar de la conquista. Hay un proceso de conquista mundial que entre otras cosas pasa por desarmar las claves culturales de un país. Bueno, eso es lo que pasa en Uruguay. Pero creo que hay que reafirmar esas claves: las claves de la convivencia democrática, las claves de una manera de entender el relacionamiento entre la gente, que son incanjeables; son absolutamente uruguayas.

—En esta sociedad donde pesa tanto lo económico, ¿qué papel juega la literatura?

—Creo que es importante todo lo que de alguna manera se plante frente a una sociedad absolutamente materialista y frívola, como es la sociedad contemporánea, construida en el Uruguay sobre todo durante y después de la dictadura. Es importante la música, la pintura, el periodismo; y la literatura tiene un papel muy importante que cumplir. Primero como preservadora de la memoria y de las claves de la identidad. Segundo como recreadora de un país posible dentro de un mundo posible. Las grandes utopías siempre fueron de alguna manera diseñadas o bosquejadas por escrito. La Divina Comedia, por ejemplo no podría ser otra cosa que un texto. El Manifiesto Comunista no podría ser otra cosa que un texto. En todos los ámbitos de la escritura creo que hay una función muy importante, que es recrear. Es decir, repensar y reformular; mostrar posibles horizontes, preservar la memoria. Esa es una tarea que hay que hacerla entre todos. La literatura de un país no se hace con los tres o cuatro escritores más importantes, más famosos o más exitosos. Es un edificio que si uno lo mira está lleno de ladrillitos. Alguno brillará un poco más que otro. Pero si uno mira en su conjunto son ladrillitos puestos uno arriba del otro, y en esos ladrillitos hay de todo. Hay escritores que les fue mejor, otros que les fue peor. Unos que tuvieron un gran éxito en vida y después desaparecieron olvidados, otros que nadie los conoció en vida y terminaron consagrándose después de muertos. Entonces lo importante es tratar de aportar un ladrillito en el edificio.

“Alabanza de los reinos imaginarios”, de Fernando Butazzoni—Pero muchas veces ese mensaje no llega al público, porque por las reglas que impone el mercado, el libro no llega al público por un tema económico. ¿Cómo sortear eso?

—La manera de sortearlo es teniendo políticas culturales muy claras. En el Uruguay los libros nacionales son mucho más caros que los libros importados. Por lo tanto la industria del libro, y pongo esto entre comillas, aquello que sostiene económicamente la publicación de libros, se ve en permanente desventaja con aquellos libros que vienen del extranjero. Un ejemplo muy concreto, la edición del Quijote por los cuatrocientos años de su primera publicación. Es una edición que hizo una editorial muy importante para todo el mundo de habla hispana, con precios irrisorios, que inundó las librerías y que retaceó la difusión, divulgación y venta de muchos libros nacionales. Ese libro entró sin ningún tipo de trabas aduaneras, arancelarias, ni de impuestos. Es, entre otras cosas, un producto fabricado en Europa, y tenemos que sacarnos con peine fino ese problema. Acá no podemos seguir permitiendo que entren libros europeos, comprados a granel en un contenedor a trescientos dólares la tonelada; y después los ves en las góndolas, en las bateas de las librerías, y la industria nacional pena, las editoriales nacionales están siempre por fundirse, tienen que poner los libros caros, los autores no pueden publicar porque los editores no se arriesgan porque tienen miedo que si les va mal se funden. Ahí lo que tiene que haber son políticas nacionales. Políticas del Ministerio, y del gobierno, que den prioridad a los autores nacionales, a los libros nacionales, y a las imprentas nacionales.

—¿Una suerte de subsidio?

—No. No es un subsidio, porque en definitiva si vos incentivas la producción de libros nacionales, y la venta de autores nacionales, seguramente los precios van a bajar. En el Uruguay si vos editas tres mil ejemplares de un libro, ese libro da ganancias. Abundantes ganancias. Lo que tenés que conseguir es tres mil lectores. Tenés que contribuir a incentivar la lectura, contribuir a incentivar la edición, contribuir a que en las librerías haya un espacio importante destinado a los autores uruguayos, y que no queden en la última góndola. Son medidas administrativas que se pueden tomar perfectamente. Como se tomó con el cine, por ejemplo. La intendencia de Montevideo dijo, en Montevideo películas que no sean latinoamericanas pagan tanto impuesto. ¿Y qué problema hay?