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Poemas

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A Roweena Hill

I

Bella Roweena
poeta andina
labrada como un cuéncano de los Andes
en la garganta

Déjate hacer pico exalto
déjate hacer tropical pirineo
caliza de mariposas

Huirás
a las blancas escamas
de los dedos del orbe
como una oración inacabada

 

II

Lo innombrable es sachervalt
miel del Shiva/Shakti sempinterno
hiel

Yo, Roweena, quise su cuerpo,
con el mío
oradado hoy de smog
y de stress por la baby sitter
y de grasa de junk food
en mis caderas inapetentes,
no apetecibles
entre el tráfico y las luces de autopista
que enciende de extremo a extremo
la lluvia con su lengua plateada,
parada en la parada de autobús
Yo te honro.

 

III

Ash en tu abrazo fluye el monzón
sobre ese monte que te recuerda como oración
de almendro lácteo no florecido

mis muslos tensos guardan el son
de una ponencia de una lección
que preparabas en la oficina
y yo aireaba templada raga en esa oreja tan afeitada
(hirsuto susto) que tú explicaste “no soy británico”
y así fue de la física y la teoría.

Eran los meses del 2001
cuando mezclaba tu piel de fango
con el relámpago de tu camisa
de profesor
y me curaba
de una sequía
de dos mil años.
Mi lengua andaba surco imposible
desde tu axila hasta tu ombligo
de pelo azul
y el mediodía
era un silencio que te encendía
y distraído
en mí me hundías.
Había un Vrindaban que a veces guarda nuestro vaivén.
Y el uno azul y el otro gualda
fluían del punto de confluencia
Yamuna y Ganges.
Pasaban parques adulterinos
pasaban ríos de la autopista
y los moteles y los quejidos
pasan palabras por mi desidia
”En ti estar quiero” que me dijiste
como el Yamuna
llena de brazos
voy anegada.1

 

IV
Señor-D

Tiene sus propias leyes
No se rinde
Se ríe de nuestros planes, de nuestras filosofías, de nuestros planes

La frente de un ingeniero despirituado se vuelve surcos, rayas del aire
—diez, para ser exactos— y él lo sospecha.

Con una mirada al techo, ella es la antena del amoroso envite que sobrevuela
mientras él planea en vano.
Descuelga el teléfono y mira
a la mesa de trabajo extenderse hacia la ventana
Disparado del puño de la manga con un ademán cetrero vuela su deseo al de ella
hacia el giro nocturno y estelar donde los labios sellan un resplandor
y allí
el de él se amansa

Él: el cuello blanco de la camisa sobre la piel oscura del cuello
Ella: una mirada y la tela es alas que se cuelgan de un alambre, de una ventana

Una mesa redonda donde las rodillas se adivinan, se tensan, se esparcen, ocultas
Una mesa redonda como un colchón de plumas donde él y ella anidan
Un nudo sinfín de pedazos del día, llamadas por teléfono al amanecer, silencios al caer el sol, imágenes que hacen cáscara y crecen protegidas
por él por ella. Sri Ashok.

La voz que se siente en la espalda y sube vértebra a vértebra hasta la nuca.
La tela del color de los ojos, del pelo, del labial, de los aretes.
El folleto sobre Pune que acompañó un almuerzo y no se discutió.
Chistes para distraer,
chistes para ahuyentar
el amoroso envite que sobrevuela.

Mañana tengo una entrevista, esta tarde saldré temprano y trabajaré en mi libro para
Y yo en el verano comenzaré el proyecto y en cinco años lo habré acabado para
Para cuando me jubile entre tus piernas, entre tus brazos, en el vaivén y en la sacudida de tu pelvis
—la ropa colgada de una antena, sin electricidad ni muebles ni nada escrito—
tus labios posados sobre mi nuca, desovando,
tus manos abiertas al vuelo de los senos
tu ápice de vuelta del universo mío,
hasta que perdamos las vocales

El deseo se ríe de nuestros planes, de nuestras filosofías.
No se rinde.
Tiene sus propias leyes.

D-Sire

It knows its laws
It does not surrender
It laughs at our plans, our philosophies, our plans

The forehead of a dispirited engineer belies the furrows her desire plowed,
as he suspected

She glances at the opened ceiling at the satellite bowl
towards which he projects in vain
Phone in hand he stares at the desk and watches it extend
towards the window
Launched from the cuff of his sleeve, as if by a falconeer, his desire flies to hers
toward the darkest of gyres where she holds her breath and holds her spark
and there
his is tamed

He: the shirt's white collar on the neck's dark skin
She: just a glance, and her clothes become wings that hang from a beam, from a compass

A round table where knees are only guessed, where they tense and spread, hidden
A round table as a feather mattress where he and she can nest
An endless knot, made up of early morning phone calls, of ends of days, images that become shell and grow nurtured
by him by her.

A voice the spine can feel, one that climbs up each vertebrae until it holds the nape.
The cloth with the color of the eyes, of the hair, of the lipstick, of the loops in her ears.
The brochure about Pune, opened or closed, that accompanied one lunch and remained undiscussed.
Gossip to distract, jokes to scare away the loving charge that hovers.

Tomorrow I have an interview, this afternoon I will leave early and work on my book, so
And I will start the apartment this summer, and in five years it will be finished so
So that I will retire between your legs, between your arms, within the sway and shake of your pelvis
Your lips on my nape, spawning, your hands spread to the flight of my breasts
Your apex returning from that universe mine,
until we lose the vowels

Desire laughs at our plans, at our philosophies, at our plans
It does not surrender
It knows its laws.

  1. One blue one yellow they flowed on and on from the confluence point
    All in your embrace
    summer and all seasons
    having your monsoons
    over the mound where you are
    known like a prayer, “the left one”, the one that blossomed like a milky almond tree.
    Noticed how while you prepare the lesson, I place my hips between your thighs, my hands
    around your temples, my thighs over your hips, and I inhale the warm breeze of other oceans?
    In our months of 1999, my soil was lightened beneath your cloudy brow. I healed. I learned to mince
    the earthy skin under the white shirt of lightning,
    the spark, the man on the steps of the university.
    Place a sigh on your shaven lobe, I’ll trace a path in the black hair from your armpit to the center.
    And may you furrow my waist, palm my shoulder; the noon of silence will come tongue in tongue.
    Like a river you, distracted as I sway in tune. Like a cloud when your weight sinks me in
    in me.
    Letting go of parks, of cornered looks and hurried lips, of freeways that rumble away.
    You muttered “I want to be in you”. My soul rests soaked in your embrace.

 

No voy a escribir nada

No voy a escribir nada.
Mi hija se quebró un dientito.

En el amanecer azul tras la cesárea,
el Hada Azul de Pinocho me pregunta
“Mrs. Mayer, do you want your baby?”
La morfina bate alas de distancia y le digo
“Yes, I want my baby, yes indeed I want my baby, give me my baby please, Blue Fairy, beautiful blue and gold and pale unreal girl, my baby, give her to me”

Y ahora tiene quince años y es como el Hada y se quebró un dientito.

Queda el mal poema que le di a Elena de la Cruz, embarazada, sin esposo, sin miedo, yo la temerosa:

“Relámpagos azules de tus ojos
alumbran las mejillas de tu aurora
el sol sale audaz sobre tu frente
alumbra el arco iris de tu boca sonriente
llueve Teresa lluvia dorada encantadora”

Les digo que no hagan ruido y sin batir de alas
me asomo
a la penumbra azul de la televisión.
Está viendo Pinocho.
Ríe.