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La balanza de hielo
Extractos

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El hilo

Delante de esa ventana
donde oculta la oscuridad
su roma indiferencia
el hilo pende,
sin atar la vigilia
a los silencios.

 

Giros

La música gira en los abismos
y produce choque de témpanos
en los astros.
Los ángeles dejan sus ropas de llamas
sobre la pendiente del talud.
Las palomas comediantes se abaten
sobre un pilar caoba
que soporta un domo de esmeraldas.
La monstruosidad viola los gestos descorporizados
de la miseria.
La bárbara multitud evoluciona
bajo los árboles despojados.
El pueblo sigue siendo la humillación antigua
con penas realzadas en su séquito.
La cobardía que nos vuelve gentiles
nos ordena divertirnos.
La música gira en los abismos
y produce choque de témpanos en los astros.

 

Hubo un día

Los mutilados y los despreciados
abrieron las ventanas festejando sus alegrías.
Pudieron reír sobre los libros
bailando en el espacio en que las mariposas
                                                                     dejan huellas.
Ellos están a salvo sobre la recta del horizonte.
Bajo los símbolos de otros símbolos,
los que conservan sus brazos
tienen los pies llagados.
Y así, como el pecho de frente
es el único lastimado,
así, el que salvó sus ojos
atraerá a los cuervos.

 

Las culpas

En oscuros repliegues
se retraen las culpas,
en forma sigilosa,
rozándonos apenas,
ocultándose,
moviéndose.
Son ese gris tumulto
en despliegue incesante,
y a pesar del silencio
yo sé que están allí.
Siguen husmeando,
igual que ayer.
Aguzando sus dientes,
como siempre,
y esperando.

 

De espaldas al pecho

...se abren corredores angostos
como filosos ríos.

Se levantan paredes
que ocultan paredes.

Se cierran puertas
que dan a otras puertas.

Se habitan desiertos
en oasis demolidos.

Se viaja
sobre rieles en cruz.

De espaldas al pecho
los náufragos se aferran a las olas
y repican campanas en llamas.

 

El tótem

No puedes ver al otro
en el centro de tu mano
no puedes contemplarlo
verídico necesitando aceptarlo descuidadamente
entre los que no creías que te iban a dar muerte.

Los que odias
no se convierten en esa música que te duerme
no puedes volverte contra todos
no puedes quedarte en la playa con el perfil
                                                                      de espaldas.
muy desprolijamente
y el odio no te podría devolver nunca una sola
                                                                                mirada
pero prefieres no insistir
no agradecer tu noche o tu mañana
no agradecer estar aquí parado
odiando todavía a los que odias.

Has construido un tótem con la mano extendida
y es una garra.

 

Después de la lluvia

El sudor de la tarde se desliza por las ventanas
y ya no hay agua sobre la urdimbre de las hojas.

No quisiera hallar la metáfora.
Y en los silencios y en las estridencias,
en oboes, en chelos y violines
espero el eco certero y apacible.

El día se ha concretado en otros días
y uno tras otro, en su continuidad,
van tamizando el sol y la tierra menuda
como si fuese harina.

Renovado el pensamiento en su luz de cada
                                                                          mañana,
enrojece y se agranda como un embrión.
La ventana está alegre por un rosal
del cual pende entero el día, como una campana.

No es el silencio de las espadas enmohecidas;
tampoco el de la lanza que no encuentra un
                                                                                pecho.

Es el latido del corazón.
Es la torre.
Es su silencioso reloj,
imperturbable destejedor de horas.

Creo que es el espíritu
del triunfo en la batalla.

 

Muerte de un viejo general

Ni una sola pregunta
entrando en la boca del crepúsculo,
como un murmullo de medallas
buscando el pecho, el hueso, el contenido,
para manchar las manos, la debilidad, la torpeza.
Murió para todo,
para todos, a todo silencio,
con sus humildes laberintos de otoño celeste.

 

Oración fúnebre para el abuelo de la ballena

Despiértese, anciano, despierte:
en la tierra hay un lobo;
un lobo con agua dibujado,
que no pelea como usted por la vida.
Despiértese, anciano, despierte.

Despiértese, anciano, despierte:
la luna acaricia al lobo;
lo muerde y lo hunde en el aire celeste,
con el diente pequeño de un gato educado.
Despiértese, anciano, despierte.

Despiértese, anciano, despierte.
Ha regresado ya el lobo.
Se va el sol y a su hermana acaricia,
quien se queda, y a la que el lobo
                                                           deja en su corazón.
Despiértese, anciano, despierte.

 

Introspección

Entrégase a la indiferencia de lo opaco
Mírase de cerca la máscara
Movilízase en lo que se mantiene
en los caparazones
en los cúmulos
en los primeros estigmas heredados
en las lisuras replegadas
cuando vuela y no llega
a lamerse el rostro
Se disgrega el sonido
Inútil cercanía
para verse por dentro.

 

Soliloquio

Apenas unos milímetros en mi espíritu
veo mi mensurable pequeñez.
Estoy en el extremo del péndulo.
Fácil me es comprender
el origen del movimiento,
el comienzo de la idea.
¿Puedo entonces volverme indiferente?
A imagen de mi mismo
he moldeado mi propia conciencia.
Sé que nadie me escucha.
Y mientras el eco de mi voz
se acople al péndulo,
insistiré.