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¿A qué sonaban los cascos que traían la muerte
en caballos azules maquillados de tiempo?
Sonaban a destierro
arrastrando paredes y cimientos
arrastrando ventanales desiertos de cortinas
embalajes asidos a un último tranvía.
¿A qué sonaban los caballos azules
transitando al galope por la noche olvidada de pozos y lamentos?
¿A qué sonaban los caballos azules de la muerte
cuando apagaron tus ojos que buscaban la calma?
¿Sonaban a destierro? ¿A desierto?
¿Era acaso como un océano dormido
que comenzaba a levantarse en la mitad del sueño?
¿O los caballos azules de la muerte
sonaban mudamente como un roedor hambriento
en un montón de diarios?

Sonaban a dolor
apretadura de párpados y sombras

parición de la lágrima.

 


 

Miro tu cuerpo respirado
lastimado de aire
gorrión dormido
en la blancura de las sábanas
y no puedo entender
que el hilito que sostiene
tu naufragio y el mío
sea tan sólo de aire.

 


 

¿Quién detuvo tu sangre hacia el color morado?
¿Quién te vistió de muerte por adentro de la piel?
¿Quién te agarró cuando caíste de mis brazos?
¿Te ofrecieron cabalgadura los azules caballos
los caballos azules que traían la muerte?

 


 

hoy brilla el sol con más fuerza
como si el hilo se tensara como aquella tarde
en que patas arriba nos derribó el mar inmenso
para iniciar la risa o como aquella tarde
donde tus lágrimas salieron de mis ojos
y mis lágrimas salían de los tuyos
o como tantas otras tardes
fuimos levantados los dos alzados de la tierra
para mirarnos adentro de la carne
para agarrarnos a la misma tablita de náufrago
para cuidar el hilito de tu alma y la mía
para que el sol brillara más adentro nuestro

 


 

y hoy brilla el sol con más fuerza
como si quisiera salirse del cielo
empujando la vida hacia quién sabe qué lado
como brillaba en tierras ecuatoriales
donde tu corazón sufría la tristeza del paisaje
allá donde la ciudad se arremolinaba
en casitas de piedra y barro
y sentíamos el dolor de la tierra
desde los apretones de las manos obreras
parturientas celestes del maíz sagrado
alzado en ingapirca como se alzó tu cuerpo
cortándose el hilito que tensaba mi mano