Elegía tercera, la orden
“A esa edad
en la que aún no hay límites
por el amor
conocemos la derrota”.
Gloria Posada
La orden es menguar cada beso,
su ritmo, su tacto,
que la lengua no la descubra,
y no la beba.
La orden es no hallarla,
no acariciarla,
en últimas irse
para solo contemplarla en alguna
parte del mundo.
La orden es no esperar nada,
no sentir nada,
no creer nada
y diluirse entre todos sus demás amigos
sin dejar de ser dulce.
La orden es aceptar que sólo se debe
hacer lo posible
y no hasta lo imposible
pero se debe hacer hasta lo imposible
por ocultar de los ojos las lágrimas.
La orden es una simple maldita orden
de derrota
y yo gracias a Dios
soy un desobediente.
Partitura para dos
Se asocian / reposan / se reflejan /
se desdoblan / vuelven en si / se miran /
se gustan / se aman / se odian /
se esconden / buscan / se encuentran /
se gritan / callan / se escuchan /
caen / se levantan / gravitan /
se intuyen / se imaginan / se hacen falta /
se unen / copulan / se desangran /
se lamen / se besan / se acarician /
se hieren / se perdonan / se curan /
se aparentan / se descubren / se gustan /
se quieren / se desean / se aman /
se aceptan / y mientras dulcemente envejecen /
se acompañan.
De las cosas que sólo sabe el corazón
Hay cosas que sólo las sabe
el corazón
hay otras que no olvida
y muchas que nunca jamás perdona.
(sin título)
¿Qué podría escribir?
que el silencio duerme en los
siniestros.
Que una noche atrás
y una después de ésta
fueron tristísimas.
Que la exactitud de la hora
no es siempre un seguro encuentro
pero que afortunadamente
estamos uno frente al otro.
Que la noche sin remedio
va a huir,
diseminándose,
tal vez encorvándose
entre cristales.
Que tus dedos llegarán a mi rostro,
como los míos al tuyo,
y al tacto seremos tan extraños.
Amiga mía,
perdona si mi imperfección
no te abandona,
si me aflojo,
o si simplemente
mientras duermes
cuido de tu sueño.
Verdades de la distancia
Tú cada día más lejos
de mí
y quizás en mí, lejos,
muy lejos,
en algún lugar
de la memoria.
Poema blanco
En tus muslos
como por un artificio
divino,
Yo, el inaplazable transeúnte,
el ridículo de amor,
tu loco de amor,
tu creyente...
el a veces contentísimo
y el otras, tristísimo,
el íntimo al que atrapaste en la niebla
y le regalaste el mar desde
un velero de hojas,
Yo,
el inequívoco equívoco
de esa terrible suerte mineral
y salina
¡Ah suerte,
trágica suerte tenerme!
Yo el que solloza como una
noticia vespertina y húmeda,
el apacible que tiene por bello
esperarte,
Yo y sólo yo, en tus muslos
me he sabido hacer verdaderamente
dulce.
Escape
“Los pies en la tierra.
De los tobillos hacia arriba
el cuerpo está en el aire”.
Gloria Posada
Llegamos uno frente al otro,
llenos de ganas,
quizá muertos de ganas
y vivos de ganas
dejamos que la carne
germine.
Bohemia
No podrás pedir mayor cosa,
no al aliento viudo que en celo no tiene
cómo darse a la vida
ni a la nostalgia metálica de un corazón
que no esté enamorado
ni al amor cóncavo que copule sin
esos inevitables asombros de la ilusión
sin el vaho tierno del miedo
o sin la fuerza descomunal de la entrega
No podrás pedir mayor cosa
no al talle en el que te agrietes sin dolor
no a las lágrimas que de esos ojos
nunca has visto caer
no a las casualidades banales de la suerte
que como lleguen sabrán también irse
no al destino en nudos color ocre
en el que en fijas cuotas irás
viviendo y muriendo todos los días
Tampoco podrás pedir mayor cosa
a la fragilidad hecha de hierros
en los que tu alma seguramente se desgarre
No podrás pedir mayor cosa
es la simple verdad
es la sola verdad
si no te amaron ya no te amarán
y has de aceptarlo así porque así esta escrito
y no esperes nada más de tu ración
diaria de cariño
Toma ahora a tu destino de fantasma
abrígalo bien del frío
y vete a pie por esos largos caminos de
lo que será tu vida,
esa de buscar lo que crees haber perdido
cuando en verdad
nunca ni por error tuviste
Deja que
Deja que las yedras nazcan en su boca
y las mariposas se posen en sus ojos
de agua
y se abreven hasta robarle
con cariño el color.
Deja que la muerte muera virgen
sobre sus jadeos diminutos
en los que él una vez más nazca
sólo para quererte.
Deja que su fragancia de piedra
con sus pies de aire
camine sin soberbia sobre tu persona.
Y por último,
deja que su embriaguez de amor
y su nostalgia de no tenerte como
quisiera
aprenda sobre tus sienes
a hacerte, en esta vida
y al menos por un momento,
inmensamente feliz.