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Poemas

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Recetas para Eva: fritura de serpiente

Se trata de dar vueltas para saquear la estirpe
la raza de tu madre en sus primeros bordes
hacer girar su candidez por tus manzanas
mientras se escucha el repicar de tus tacones
como si Dios metiera el dedo en tu sonaja
o un novicio en deleite oyera a cascanueces.
Se trata de lucir la gema efervescente
centella en la penumbra del cosmos más cercano
                                                      el insignificante
transitar con el cuerpo vejado de placeres minúsculos
y sin ahogarse franquear el comején del día
y vomitar sin escrúpulos la amnesia de las preces.
Se trata de erigir un mapa de tus alrededores
un Made in tú, Emperatriz, tallado en siete idiomas
y allí donde vislumbras los lapsos obsesivos
hincar la latitud de tus pezones
e inventar la canción que alumbre tu quincalla.
Se trata de carrozas de seda debajo de tus garras
para resucitar sagaz cada burbuja
eclipsar la tradición cagando resplandores
promoviendo tu ignorancia y tu perfume
e ir lactando como a feto las clausuras
enderezando con tu lengua las espadas.

 

la sublevación del plancton

Mi abstinencia es una ciénaga, Soledad,
hace tiempo que observo a través del ombligo,
que izo una oreja desde el fango como los paquidermos.
marqué con una cruz la procacidad de mi deporte:
soy de los venenosos y poco frecuentables ciegos
que ven a Narciso levantarse del flanco álter ego del espejo
donde sólo lograba masturbarse el paralelo, Soledad,
que le secciona. Cabe palpar sus unipersonales sicalípticos,
sus álter nadas descomposiciones,
para dejar de ser la vulnerable dilatación de la teoría
del ojo imperturbable, un animal de feria obligatorio.
en el fango no hay que saltarse los renglones.

Peor, Soledad, soy de los peores ciegos: creo en su escape
tras la abisal aceptación de su frecuencia,
la piel que ha levantado una manga de metro
sin haberle comprado el boleto a las Hipótesis
de la pifia banal como un despojo del cual venimos y al cual pertenecemos.
aquí prescindo del retozo lúdico de los equilibristas.
el animal es pura alteración. No puede ensimismarse.
no tengo que engrasarme los resortes de las exactitudes
                                     ni le debo al hambre su sintaxis
al bulto de mi especie no gestiono la hogaza:
los libré de la culpa de mis manutenciones,
en el fango es legal horrorizarse.
Ya no me memorizo, Soledad, voy al baile total de los marasmos
hacia el blando rubor del climaterio, el ombligo todo abrevia:
el tegumento incognoscible de las olas nos rodea como a diestros personajes.
Del si me muevo me hundo rescatamos la Ira que nos viola,
Soledad, al descubrir que todo es periferia
y vas a resumir tu anímico aparato en un nombre compuesto y neocolonizado,
ese animal rabioso y apolíneo clavado en lo más puro de tu molde.
Narciso es un azoro irreparable, me le viré como una ficha de su juego
Narciso es un veterano que ostenta su propia profecía, maneja su carruaje.
Yo renuncié a mi propio caudillismo: soy la abstinencia en la Ciénaga, Soledad,
que no admite paisajes conquistados.
nombro mi hiato Ombligo por no tramar un complot que me deshaga,
un buen discurso que me autorreproduzca,
un vuelco al arquetipo donde lo individual deviene una maroma
una parcela de la Gran Infraestructura;
del mármol surgirán insurrecciones, Soledad, con el hipo de algún porvenir vitaminado,
pero en el fango no hay que levantarte la tapa de los sesos como a una biblioteca
ni el sol es otro aditamento biológico para las depresiones,
ni la noche es un azoro irreparable y el Hombre una tardanza.
En los bordes herméticos del légamo, Soledad, sólo la libertad nos esclaviza.

 

Premio

Mi poesía es ingenua:
le pego y me sonríe.

 

Casilandia

Para Alex y David

Hijo sé ambidiestro
ten en los puños un ecuador de nexos dislocados
en la anuencia global, totalitaria,
un aguijón dejado cual posdata.
Guíñame un ojo
sin levantar los tuyos hacia el cielo
cuando sepas que hay muchos occidentes
y ese día seré Isla entre los hielos de Ginebra.

¿Te conté de la cara del Registro
ante tus once libras de mundo inexplorado,
mi placenta viajera por las Razas del Hombre?
¿Te conté de los jaféticos ojos de la paloma obstetra?
Tú eras el símbolo guirigay que en cámara apurada
les deshace el tablero
donde la reina borda en punto cruz una república
y el rey broncea en erizada de ópera
la exacción puritana de un diablo indiferente.

Hijo sé viceversa y paria de la Eurora
cuando agosto rubicundo chantajee
la infinita variante del nosotros.

 

De un amor en la Habana que no fue por un tilín de milenio

Hubiera arañado contigo cualquier cosa:
hasta un cartón de huevos,
mordido cualquier cosa:
el polvo, el cordobán, los ojos de Canelo.
Hurtado a la heredad aquella estrella
para ponerle melodía a tu bolero
me hubiera dado un fly por Hojalata,
para sembrar contigo dos helechos,
y así plantar el árbol que nos correspondía.
Hubiera fraguado mis ovarios en bronce,
chillado en catedrales derretidas,
traicionado.
tatuado un corazón con dos alitas,
tomado guafarina.
Fuera rehén por ti, sentada en la paciencia
reina de las baldeadas de desgracia
el sábado y el martes,
con aquel famoso aspirador que Silvio prometía.
Por fraguar la espuma en tu cerveza
y salvar algún aniversario,
¡hasta hubiera soportado dos sin días sin corriente!
recitado el Cisne de memoria, gastado las chancletas.
Por ti yo pude ser chofer de aplasta vaticinios
aquellas bicicletas con caballos humanos,
y me hubiera bebido un cocimiento,
ripiao’ los bolsillos de alguna bata’ecasa
Por ti, contigo, chino: pan con pan
Regla o Bacuranao,
coten de contingencias despeinando discursos
soltando siluetas y rolos lugareños
despotricando al viento.
Y hubiera deportado los bichos de los trastos,
dormido en un colchón que no merece nombre
brincado el aguacero, el charco, cualquier cosa,
                                                          (¡recuerdas Cualquier Cosa, aquel terrible sitio sin grafías!)
la estirpe de Lázaros que nunca marcharán,
sería leña y comino para tus frijoles,
y la verdad, jabón para limpiar pupilas.
La vida oliera a sopa en una cuartería,
se vestiría un espejo de azogue carcomidos
ante un perro del color de un cielo que no existe.

 

cuando en Europa uno se tropieza con Sofía,
cuando en Sofía uno se tropieza con Europa

Le sobrevive,
le sobrevive a todo
la frialdad.
Haiku

Sofía es una trampa de Sofía
la fábula en su cabeza de aspas rojas,
un diseño equilibrado de perfiles
cuyo centro vital es la ausencia de centro.

Los lunes su gato viene
a lamerle el alma.

Sofía es gazapo de Sofía,
el culto a lo tangible
que lega un repertorio
mientras maúlla el gato.

Plétoras de matronas ahogadas
junto al lecho
cuando Sofía intenta ser Sofía,
la que parió su madre.

Es Sofía la meta de Sofía
el precio a la emancipación pactada
por la imbuida inercia
de un reino atormentado.

Es Sofía la muestra que Sofía
posee la esencia donde colgar sus pieles,
las caprichosas raciones de sí misma.

Su gato es un designio.

Es Sofía la prueba que Sofía
busca el humo disgregado en la leyenda
de Sofía semejante a Sofía.

Es Sofía la gracia de Sofía,
fardo de epidermis bautizada
emblemas en aliño
de excomuniones truncas.

Y Sofía va haciéndose Sofía,
cuando su gato
viene a lamerle el alma.

 

Vademécum

Y esta adultez sin adulterio
cruda
y esta asechanza tan estrecha
rala
Están los días con psicosis rayada de pijama
Están los huesos de alegría hipotecada
Está la tos del cielo y los arpegios cursis
Está el amigo con su favor pulido
Están las cajas del tórax bien peinado
Está la suerte con su tintineo
Y esta adultez sin adulterio
cruda
y esta asechanza tan estrecha
rala
Está el Ser Grande prohibido en los relajos
el estribillo de la duda, el erotismo servil
y sus horarios,
están esas desgracias
de catar un sentimiento con otro sentimiento
están las estaciones de un ave apolillada
Y esta adultez sin adulterio
cruda
y esta asechanza tan estrecha
rala
Está la paz como una sobredosis
y esta promiscuidad de soledades ávidas
Están estos zapatos supurando pasos
por el camino trabado cual paraguas
Están estas tristezas prematuras
y esta adultez sin adulterio
cruda
Y esta asechanza tan estrecha
rala

 

Cenicienta

En la tierra del sueño
contó mi abuela sus lentejas
más allá de las doce

y quedó agachado
el sortilegio
y los granos desbordaron
el arca
y cubrieron los días,

más allá de las doce.

 

Sinfonía Española en Mi desacertado

Utensilios para despertar en serenata una sierpe entre las uvas,
un cortejo de payasos en los arrozales,
a mi niña le dan con el grito que esconden los laúdes,
con la voracidad trovada, le dan con mi vejez en sus retinas
y el esqueleto de una hija entre chacales,
como un memorial se balancea
¿dónde Lorca enterró su bata grana?
Tener diez años e ir ya pateando el mundo,
la tramoya de la infancia hecha de pesadilla arqueada,
de ramas ha sido el calabozo donde iban las faltas
que hoy se exhuman como a un fajo de cartas.
música encerrada en una lámpara con luz pura
esquina con esquina, punta con punta,
sumisa o mordaz, mi niña acorralada
cuando del oscuro ataúd de mis ayeres, sin esperarlo,
tras una eternidad y otras medidas
salta la luz de un matorral y canta.

 

Trabalenguas para Expatriados

transculturados
traviesos traficantes,
transportando
traumáticas tragedias
transfigurando
torpezas transatlánticas
trastornadores
traperos de tristezas.

 

sílices de tiempo

El tarot de los amantes
ha sido siempre el resplandor de una farola,
la pulpa de hollín que se prolonga sobre las piedras
para ir salvando de cordura sus siluetas.
No importa cuánto disolverá la lluvia,
si la mano alcanza la fruta en la cima de un sábado
y el cariz del enigma cuando se nombra suerte,
chispea desatinado por viejos callejones.

 

Ciudades Innombrables

Cómo vivir en Santa Fe sin ilusiones
cómo vivir en Santa Fe rectificando
el rebuzno del albor, e ir masticando
la soflama servil de los buscones.
Cómo vivir en Santa Fe sin oraciones
cómo vivir en Santa Fe sin fe ninguna
sin la cósmica señal de la quimera
ver su luz expirando en la grosera
genuflexión en pos de la fortuna
de quien soñó con alcanzar la luna.

 

Fieras de la remembranza

Denme duro, ciegas sombras, ya baldía
la madriguera de arcanos sentimientos
es un cajón donde cabalga el viento
perfumado de usura y lejanía.
Ya no hay pecho, sombra, ya no hay día
de orgullosos desafíos, ni jactancia,
fue de pan mi corazón, hoy de ignorancia,
manantial fue mi mano, hoy es la roca
donde embiste mi dolor y se trastoca
el antiguo carrusel de la distancia.

 

El oficio más viejo de este mundo

al forjarse con nieves un corpiño
no pudo protegerlo
el sexo es un tabardo
al que no se le exige fraguar sobrevivientes.

 

Relámpagos felices

A través de kilómetros de ensueño.
Gastón Baquero

Les persigo en el momento exacto en que residen
en las ciegas regiones de estas líneas
con la voluble fealdad de mi ternura y el festejo tornasol del melodrama.
Viene conmigo el Capitán Capricho, con su salud mestiza,
tomamos la ruta segregada por el recto perfil de los normales.
Les cuento de mi humor atenazado al rumiar taciturno de gatos escarlatas.
He concebido un brindis de medicamentos, evitando los blasones del triunfo,
las espinas del germen y la boca soez del testimonio.
En los hoyos que añoran mis teces infecundas,
tañe la voz de cartas inhumadas
por el diablillo de un viejo cementerio,
El repique de sílabas espanta la profusión de ausencias.
A veces me despierto y les recibo
en el momento exacto en que residen,
en las ciegas regiones de estas líneas.