Julio Aumente, uno de los miembros fundadores del Grupo Cántico, falleció la noche del 29 de julio en Madrid, víctima de una hepatitis. Nacido en Córdoba el 25 de octubre de 1924 y nieto del compositor Cipriano Martínez-Rücker, Aumente formó parte del Grupo Cántico.
Junto a Pablo García Baena, Ricardo Molina, Ginés Liébana, Miguel del Moral, Mario López y Juan Bernier, como parte del grupo, Aumente se opuso a los rigores de la poesía de posguerra mediante una apuesta estética que ejerció una relevante influencia en autores y generaciones posteriores, sobre todo en los novísimos.
En 1947 integró el equipo que editaría la revista homónima del grupo, a pesar de la escasez de medios, la ausencia de apoyo y la amenaza de la censura. Cántico estaba en desacuerdo con la poesía oficial del momento. La revista tuvo dos épocas; entre 1947 y 1949 y desde 1954 hasta 1957.
Los principios de Cántico eran, según García Baena, “el ahondamiento en la búsqueda de la palabra justa, a veces desusada pero siempre precisa, el intimismo llevado como experiencia hacia un paganismo carnal que puede retroceder ante el acompasado gregoriano de la penitencia y la recuperación de la imagen y la metáfora, tan desdeñadas por los secos poetas escurialenses de la época”.
Entre otros elementos, Julio Aumente aportó al Grupo Cántico ironía, un cierto decadentismo sensual y sugerente y un coloquialismo muy preciso. De todos los miembros del colectivo fue el que más interés mostró por la exploración poética de la cotidianidad y por el uso de un lenguaje directo y ajustado a su tiempo.
Comenzó a escribir en los años 40 y su primer libro, cuyo título procede de un verso de Luis Cernuda, fue El aire que no vuelve (1955), al que siguió Los silencios (1958). En los años 60 estableció su residencia en Madrid e inició un largo paréntesis en su producción literaria (con excepciones en forma de poemas sueltos en revistas o antologías) hasta Por la pendiente obscura (1947-1965) (1982).
Posteriormente publicó La antesala (1983), Verde laurel para Michele (1984), De los príncipes (1990), De las cabras (o Amor y Psiqui) (1992), El canto de las arpías (1993), La entrevista y otros poemas (1994), Rodolfo el patinador, o el ocaso de los dioses (1995), Las criaturas de la noche (1999) y la recopilación de su poesía completa junto al libro inédito Rollers, en la editorial Visor (2004).
Su relación con Córdoba distaba mucho de ser excelente. Nunca ocultó un sentimiento de desengaño por la manera distante en que, pensaba, su ciudad natal le había tratado y a la que, a pesar de ello, viajó en varias ocasiones en los últimos años.
En diciembre de 2004 presentó en la Diputación de Córdoba su Poesía Completa, en compañía de Luis Antonio de Villena (prologuista de la obra). Aumente agradeció “la ausencia de fuerzas vivas” de la ciudad en el acto y “la presencia de jóvenes” (en alusión a un grupo de alumnos de la Fundación Gala-Salvador Dalí). A comienzos de ese año había participado en el homenaje que la Consejería de Cultura de la Junta ofreció en Córdoba a Pablo García Baena.
En enero de 2005 recibió en el Gran Teatro el premio El Público, concedido por Canal Sur en la modalidad de poesía. Sólo tres meses después participó en una de las lecturas colectivas de la segunda edición de Cosmopoética, en Córdoba.
En ocasión de la muerte del autor, García Baena definió a Aumente como “una persona de una gran singularidad” y “un altísimo poeta”. Carlos Castilla del Pino, que cultivó “una gran amistad” con el poeta, destacó además las dotes de “gran pintor” del fallecido.
Fuente: Diario de Sevilla