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Tres

Soberbios pasajes del delirio
He comenzado a enloquecer

Me puse a jugar a tres manos
las mías, las tuyas y sobre todo las de él
las suyas me dicen preciosa sin tener nada más que decir
las tuyas muerden ganas, suspiran delitos y abrazan secretos
las mías confundidas, insensatas, disfrazadas de papel

Ahora un entre dos

Nunca es igual un beso sabor a vino
con el tinto corriendo en la piel
el trepidar de un vodka de mandarina clavado en mi cuello

Nunca es igual un querer, un placer
ambos embriagan, deliran, bailan y envenenan
sólo uno asesina a quien siembre la duda
a quien abra las venas y delate

A tres manos demasiado sabor a piel
exceso de alientos, rasguño de ansiedades

A tres manos el juego
quién se atreve a jugar

 

Tres tintos

Tres tintos para una tristeza, uno más para brindar
brindis de dos con ocho ojos de testigos
cómplices de uno en uno al cerrar la puerta
yo brindo porque la llave no aparezca
tú brindas para no dejarme ir
aquellos a la franqueza
a las palabras dichas por la yema de los dedos
aquellas que la boca no sabe decir

Tres tintos para un recuerdo, uno más para olvidar
un juego de dos con jugadores de más
que sobran como tatuajes en la piel de una virgen
la brisa se vuela las dudas
hace de la nada una verdad
brindo para hacer del juego religión
para hacerte el único creyente

Tres tintos para las canas merecidas, uno más para las que sobran
lugar donde no conozco mi espacio
tengo por días una pecera
por ratos un mar
brindo por tu indecencia
la máscara perfecta de las arrugas de tus ojos
por mis carcajadas
la única oración que soy capaz de rezar

 

Lo visto

Me han visto perderme en ti
en las sales de tus mandíbulas perfectas
mordiendo mis horizontes
una ofrenda a jemanjá para levar la mar
de mis inconclusiones y tus despechos
con olas de incienso de mandarina
y noches de tango con Sevillana

Te han visto perderte en mí
en las curvas triangulares de mis hombros
que calzan en el molde de tus codos
los tocan, los doblan, los duermen como a trozos de papel
papel de cenizas sin quemar
ardor sin insolación

Nos han visto perdernos
en el olor de la piel
mujer de sal
con pizcas de pimienta, ojos de llover

Nos han visto, lo saben, tal vez lo digan
que pateen la luna, que la hagan gritar
como quien grita un desvelo
Otro 6 am para coleccionar
Gritar como quien grita un orgasmo
cuando éste se sostiene de un hilo blanco
gritar como el que grita un silencio
un secreto que llueve níveo de cal

 

Rabieta

Furibunda rabieta de volver
se asimila
sonido de tu aliento

Tirarlo todo al vacío
precipicio de tus brazos
condena de mi paz
veneno de inciensos
suspiros imposibles

Furibunda rabieta de volver
te dibuja
desespera mis cabellos
se asimila en el sonido del silencio
partida involuntaria

No vuelve otra vez

 

Los perros no tienen la culpa

Tontería de serte honesta, he preferido callar
pisar el acelerador hasta los 200 km de nuestra idiotez
por gala a mi incoherencia he preferido morir

Lo siento, los perros no tienen la culpa
de no saber a quien morder

Máscara de hacerme viva
me lleve con su manto donde le provoque ir
por todas tus mentiras consabidas,
y tu olor a magia que empiezo a aborrecer
ardan en las sienes las ganas
se consuma el deseo hasta dejarte morir

Engaños con sonidos de lluvia,
con pieles de arena y noches de cenizas
que divagan entre tu insensatez y mi locura
y por supuesto, por el olor a sexo de una cama sin cambiar
que se nos pudran las ganas
que se envenene la piel

Lo siento

Los perros no tienen la culpa