Letras
Tres poemas

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El desposeído

¿Acaso puedo tener un sueño terrenal,
En el mundo en caos, existente ahora?
¿O pretender allí que la aurora sea otra,
Sin su vestido subterráneo de sangre?

¿Acaso puedo entrar al libro de la muerte,
Con una señal para que pueda hallarme?
¿O caminar abriendo puertas horadadas,
Con la misma narración de pan de luna?

¿Acaso no ansío un lugar a donde venga,
Con su singular brasero más desconocido,
Cubriendo los cristales con su risa secreta
O con su procesión de milagros efímeros?

¿Acaso puedo ir, entonces, de la mano,
Al baile sorprendente de los iluminados?

¿Acaso tienen un baile los desposeídos?

 

Ánfora

¿Adónde va la burbuja de su ánfora?
Yerta en el aire de espadas azules.
Rozando los filos de agudas espinas.
Convirtiendo el vacío de la muerte,
Tan sólo hiriéndome, sutil y callada.

¿Con qué signo cabalístico que trace
Abriré el asedio de su tiempo gris.
La leve huella de su atmósfera ciega.
El pretérito jeroglífico de su lámpara?

Porque nunca podré sobrevivir oculto,
Como si morara en su interior candente
Y navegara por el mar de las tormentas.

 

Apariciones

Aún recuerdo aquellas apariciones.
Era en una corteza de fruta disecada
Donde dormían las mariposas añiles,
Y en los escondrijos claros del cuarto
Se dispersaban sigilosos los gnomos,
Y los pequeños habitantes del sueño,
Con campanitas de corolas redondas,

Encendían las trizaduras de sus risas.

Además la lluvia tenía olor a manzanas,
En tanto que, desde el fondo de la tierra,
Amanecía para desarrollar la primavera.

Mi madre, era igual, lo insólito del tiempo,
Pues podía inaugurar cualquier sortilegio,
Madurando los panes, las frutas y la leche,
Con su suave respiración tan envolvente,
Casi como un manto profundo de ternura.