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Poemas

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     No
no es noche
o la ventana que seduce, hipnotiza
con su misterio,
no es la puerta del abismo
o el canto de las sombras diluidas
en la piel,
el ayer que reverbera a la
deriva de los pasos,
el eco que entroniza los recuerdos,
o la imagen murmurante que abraza
lunas y soles idos,
ni siquiera el grito unísono
de héroes caídos.

     Es
un balbuceo,
un agitar de manos ante el mundo,
frente a la piedra que vuelve
a ser sílaba o semilla,
la realidad primigenia visitada,
un recorrer de riberas y playas

es una brecha, un murmullo
un batir de manos suicidas,
una lágrima que implora olvido,
un ir y regresar,
no ir, no regresar
un aceptar las horas
y discutir con sus sombras,
esperar la primera caricia del día
de espaldas al horizonte,
aceptar la noche
y hacer creer al día que ilumina,
un crecer de nubes centinelas,
arrebatos de noches tortuga,
de horas insomnes
de suspendidos soles,
un abrir de ojos para sólo ver
oscuridades
a la hora en que la noche
devuelve su estandarte,
un caminar de bloques de hielo
sobre un océano de infinitas lunas,
un acuerdo de paz con las
veinticuatro horas a las doce de la noche,
un esperar el primer grito, el primer latido,
ver la primera lluvia llevar sus secretos,
y al día volver a su sueño
y al hombre murmurar las mismas palabras.

FIN

 


 

Esta herida que me alcanza
llega de riberas desconocidas,
de un tiempo oscuro y metal roído,
me abraza como su hermano
me tiende la mano cual amigo
no sabe de campanas dolidas
o cuerpos desfallecidos,
se presiente su vuelo
se adivina su celo
a espaldas sonríe por ser
otro día de fiesta,
este gozo que detiene mi aliento
esta angustia que da cobijo a mi
existencia,
es una herida de vestido elegante
colecciona suspiros como corchos olvidados
es sólo un pozo de caldos en ruina.