Todas sus penas y sus lamentos fueron resumidos en una sola, pequeña y brillante lágrima, que rodó lentamente por su cara hasta depositarse suavemente sobre el suelo. El funeral de Matt terminaba.
—Vámonos —le susurró su hermana al oído.
Sus piernas se movieron pesadamente al caminar de regreso a su casa, pero ella no se dio cuenta. Todo lo sucedido en la última hora volvía a su memoria, como cuadros de una película. No podía concebirlo. No podía ser verdad. Era demasiado doloroso.
Al llegar a su casa subió las escaleras y se dirigió a su habitación. En el camino saludó a su perrito Lui, que cariñosamente se le había acercado al notar algo triste en su mirada. Sus ojos se encontraron y la nariz húmeda del perrito rozó suavemente su mano, en señal de que entendía su dolor y de que la acompañaría siempre. Luego Nadin entró a su habitación y se recostó en la cama. Pero no podía dormir, ni pensar. No podía comer, ni reír, ni llorar. Se sentía vacía por dentro. Todas sus emociones se habían ido a donde fuera Matt, y no podía encontrarlas. Y creyó que no las encontraría jamás.
* * *
Horas más tarde anochecía, y la madre de Nadin subía para despertar a su hija. Se acercó a ella y la sacudió suavemente. Nadin estaba despierta, pero no quería abrir los ojos. Finalmente, se incorporó y se abrigó, ya que había refrescado. Tomó su mochila y se dispuso a hacer los deberes, pero la muerte de Matt la había dejado con la mente turbada. Entonces se sentó en una silla junto a la ventana y perdió la vista entre las hojas de los árboles que se veían.
La madre le subió la merienda. Nadin tomó lentamente la taza caliente entre sus manos y fijó la mirada en la bandeja. En la pulida y brillante bandeja donde podía ver su reflejo. En la bandeja de acero, como un cuchillo. Ante tal pensamiento Nadin se estremeció. Pensó en Matt y en la amistad que habían llevado durante tantos largos años. ¿Le habría perdonado todas las cosas que le había hecho durante ese tiempo? Tal vez sí, pero ella no se perdonaría nunca. Jamás se perdonaría todas las maldades que le había hecho. Y menos perdonaría a su mano hundiendo prolijamente aquel cuchillo en el pecho de Matt. Pero todo estaba hecho ya.