Indiferente a la inmortalidad
desecho la ida
hacia mi muerte
El fuego alcanza mi debilidad
siento las cenizas de mi imagen
no tengo pena por ella
no tengo ganas de verla
—Improviso—
Ahí donde queda la forma que fui
esculpo mi ausencia
En mi cuerpo no cabe la eternidad
Dejo en mi vientre
tatuaje del amor infernal
Su llama aún me produce
un placer mortal
dolorosamente casi humano.
Muerte apriétame
con tu insolencia oral
desnúdate como alucinación
en la boca besada
sé el interior de la locura
cuando se cansa de ti
sé tú misma
cuando revienta
la realidad en el oráculo
sé el verbo del poeta
aún no asesinado
Sabes no eres nada sin mí
he dejado de nombrarte
no te tengo miedo
El humano hace de ti
lo que le da la gana
Ya no eres una muerte natural
¿lo fuiste alguna vez?
Te sigues llamando ¿cómo?
mamífera perdida en la especie
¿pero qué es eso?
Una muralla humana
rodea la tierra
un fantasma de metal
quiere entrar al útero de la luna
lo derrite con su resplandor
—contraste—
los amotinados no se dejan fusilar
no quieren en su sangre más huérfanos
cogen las armas y las entierran
sus portadores venían a hacerles la guerra
no lo permitieron
pusieron un cuerpo otro cuerpo
no pudieron tumbar el muro
de carne y hueso
La tierra huele a resistencia
a cópulas sin vacíos
a raza reciente amamantada.
Un grano de arena
parece mi existencia ligera
columpiada por el viento
La soledad rebota
como mar sin horizonte
en mis poros
El aliento juega
con mi boca
para atrapar mi alma
en un beso
Con el hastío del deseo
muerdo el sepulcro
de mi cuerpo
Queda una confusa huella
en el silencio
donde estuve.
a Alfredo Palacio
¿Cómo es la muerte?
mírame
entonces es bella
talla en mí
sin miedo a dolerme
tu ausencia
¿y tu alma?
no tengo
no creo en Dios
¿quieres conocerlo?
dime sólo una cosa
¿se parece a ti?
lo sabes
calla
guárdalo en tus labios
mujer de mis sueños
siénteme y acompáñame
no te pido nada
dame tus manos
aquí estoy.
Devoro el mal con ternura
mi alma una serpiente
que muerde la muerte con amor
mi árbol sin dolor
entrega su fruto del caos
su semilla de fuego
reconcíliase con el agua
busqué a Dios
y recibí su silencio...
Encontré un hombre
quería ser amado
coincidió con mi deseo
¿Qué es el paraíso y el infierno
sin el placer?
¿qué es el demonio sin Dios?
¿qué es María sin su misterio?
Me gusta Jesús sin la corona
en sus sienes
me llamo Magdalena
a mi animal puro
lo echaron con piedras
lavé mi cuerpo
y mi túnica ensangrentada
en el río Jordán
me acuesto desnuda
en la noche del desierto
contemplo la luna
sin rencor y en silencio
¿Cuándo desperté?
eso no importa
recojo mi cabello y me cubro
a lo lejos veo que siguen
a alguien
me acerco
era él
nuestros ojos se encuentran
no lo pierdo en el recorrido
vi todo el tormento que jamás
ser humano pueda haber soportado
fui testigo de eso
su rostro pálido
sufrido y feo
caía de cansancio
de dolor y de abandono
desde la cruz
no sé cuánto tiempo
aguardé cerca
otra mujer había conmigo
aflicción y soledad
no se qué reflejaba su perfil
lo bajaron
perfumaron y sepultaron
esperé entre los arbustos
al tercer día estaba agotada
después de la tiniebla
de la luz
y del ayuno
mi razón me llevaba al desquicio
mientras entraba al camino de la nada
una mano tocó mi frente
me extendió la otra
levanté
¿ya no me reconoces?
quedé muda
mi corazón casi reventaba
atisbé en el pudor de la duda
caminé asida a la resurrección
sentí que la vida
me había escogido
Estoy lúcida en el desquicio de la fe
estoy libre de culpas que me marcaron
no tengo ninguna muerte enterrada en mi carne
no tengo a la palabra encerrada en la boca
no tengo al verbo perdido en el tiempo
no tengo lo que no quiero
Tengo mis pasos
que me llevan confiada
hacia el origen
de la próxima historia
posible.
Yo la cumbre de la soledad
reina de mi fondo
mixtifico mi aislamiento
lo protejo en homenaje
al embrión que fui
Acariciadora
antagónica del espacio
tú eres el vértigo del caos
jamás podrás ser ángel
ni derribar la torre de babel
ni volver a las escrituras
Nadie sacrifica nada
La amenaza y el fin del hombre
la ejecuta él mismo
con su impaciencia y ansiedad
de hereje
asido en el cuerpo de la inquisición
todo su goce y sufrimiento promiscuo
En el olimpo de la infancia
una pureza perversa:
mi imagen femenina
y mi lealtad a ella.