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Poemas

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Hundimiento del día

Encallado en su inabarcable fuga,
hierve el día tras el horizonte,
desanudando el vendaje sucio
de la herida solar.
En el vuelco de otra ola
convergen los siglos enlutados
al velamen de su marcha.
Chorro de luz crujiendo
la inmolación del astro,
la memoria irrespirable,
cada gaviota en su asidero.
La potestad humana se hunde a veces
como el día,
con toneles de vino y tesoros
gravitables hacia el fondo.

Todo así está en orden.

 

Arribo

Vine aquí buscando mi sombra.

Ando bajo la lluvia, soy lluvia.
El motivo de la respiración era mi fardo, mi herrumbre,
pero aquí estoy, soy lluvia, te escucho,
dime lo tuyo en los postigos del sueño,
sobre la lámpara inmoladora de palomillas.
Necesitas silencio, un grito preñado
de aire vacío para decirte,
la hoja predispuesta sobre el escritorio
y razonable calma.

El gatillo marca la hora.
Te esperaba y te instalaste.
Yo escribo mientras te esperando,
fuera llueve, nadie sale, no digas puerta,
conjura lo conjurable de esta noche:
dime lo tuyo.

Eclosionas: veo tu rostro a la orilla
del humo, tu paso cimbra los animales de mi sueño.
Te escribo: llegas o estuviste siempre
atada de manos a mis manos, detrás de las cerraduras
que ocultan el polvo, detrás de los objetos,
como humo en la visión, persiguiéndome.

Vine aquí buscando tu sombra.

 

Irritado de rito...

a Tomás Segovia

Irritado de rito,
hastiado de la vuelta
siempre derretida
hacia el mismo espacio,
con la misma cadencia
de alas que son hojas,
de ríos que son polvo
de ramas que son vuelo,
voy sin ti por las márgenes buscando mis pedazos.