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Poemas

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Zarathustra explica el desván de las cenizas

¿qué es este canto saudade, tapizando la niebla en vuelo detenida, cuando la hiel de los guerreros mece el calor de las cruces trabajadas con paciencia? Me refiero a un bosque de clavicordios, oscuramente afinados por el diluvio de las horas, que macula el blanco lazo que arrea las estrellas; después de la cellisca.

*

ni la saliva rozando paladares (como un ala que brilla en su ejercicio) advertirá la noche larga en el chillido de las nucas; ni en los umbrales cremados por la complacencia al pie de la mujer que se desnuda. Afanoso pasa el polvo, de nuestra greda de bestias, noche y día sin llevar el cálculo de sus ancestros. Únicamente el delicioso tramo de los eucaliptos.

*

harapienta, la luz limpia la casa abandonada, la íntegra vajilla, aun la ciénaga abolida por su gloria; y piensa en esos cuerpos que siempre se extravían vendándose las palmas, en esas culpas (cojeando sin memoria) donde aprende el escozor que sobrevive. En tantos y tantos cautiverios, echados a perder con las primeras voces.

*

la paz más se parece a una muchacha ebria que a los sombreros de mármol de las nubes que adquieren movimiento. Más a la lejanía de las luces, que danzan distraídas sobre el cristal cuarteado de los papalotes. La paz (vendimia de pavesas) no avanza por legiones extranjeras repasando sus diarios carcomidos. Sino por el rescoldo de las aguas, que encienden la carcasa del secreto.

 

Desconstrucción de Pessoa

Tras las máscaras máscaras me acechan.
Álvaro de Campos

El comienzo es siempre una simiente que mejora el crimen y el silencio.
O sobre el pecho, esta escalera de mundos que no llegan a ninguna puerta,
a ninguna cerradura. Que demoran mi temor de no morir ajeno,
por no decir que el tiempo me visita.
Vivir consigo mismo es tan difícil,
cuando lo único cierto es un tambor de pieles que los otros rompen
para levantar sus voces. La majestad del hueso, que asienta su cardumen,
sobre el podrido eje de una tierra fría.
¿Pero sabrá el otro, que enarbola su canto desde las entrañas,
que yo también existo?                      ¿que también yo canto?
Aunque la realidad no puede ser el otro,
porque sé que tampoco soy yo mismo: un espejo astillado bajo la luz caliente...
Y la poesía, obra pura que derrota mi lugar en este sitio.
HERMOSO MONSTRUO. Reflejo fiel del ser humano que no construye
ni destruye nada. Acaso tú, la más segura de las máscaras que tuve,
la más desvergonzada; no terminarás siendo otra cuando alguien
pase tus páginas sin entenderte.

Cuando alguien piense este canto, para todos.  

 

El mar relee a Safo

Cuán claro este animal enorme, que cerca de mis pies se lame el cráneo. Y cuán grande y fatigada está su sombra, con tantas franjas suaves escondidas. Con tantas fiestas y vitrinas copadas por la luna. Ya pronto, hacia un estanque en silencio, hacia el estrecho de una espuma que aderece, elevaré mi canto. Y dentro, como en un jardín de sueños, numerosas estatuas brindarán mi polvo. Brindarán por la ceguera de cada edad clavada entre la sal y el cielo. Y este animal enorme, que hoy cerca de mis pies se lame el cráneo, sin darse cuenta, cabalgará en mis versos.

y cabalgará, aunque no quiera...

*

Y yo la llamo mar,
Porque reposa inquieta como una amante en los remordimientos del sol. En las preguntas de esta carne, que no logró jamás guardar secretos.
Y yo la llamo mar,
porque su voz proviene del exilio; y su materia de una noche intacta donde duerme un búho. De una noche profunda, donde dios amplía su red como una trenza espesa de destellos. Y yo le digo ella, porque la pienso ciega, blanca y vanidosa entre nosotras.
Porque yo también fui hermosa, cuando ciega.

*

¿y si mudamos? —preguntas—
y si mudamos, que nunca nos posea ningún hombre.
(así es como prospera la presencia en la flexión del tiempo)