Artículos y reportajes
Parra y Rojas,
en el tiovivo del Nobel
(¿las nuevas vacas sagradas
de la poesía chilena?)
El pasaporte de Estambul, epílogo

Nicanor Parra y Gonzalo Rojas

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La poesía
es cosa muda,
rota,
dice y toca,
pasa y queda,
provoca.
Rolando Gabrielli

Es muy difícil que la Academia Sueca premie con el Nobel a un tercer poeta chileno. Los factores que intervienen en una decisión, son diversos y complejos. La Academia puede llegar a ser tan letal como una rosa muerta. Es sólo un autor el escogido entre los cinco continentes que suman más de seis mil millones de habitantes y algunos cientos de escritores que podrían ser agraciados por Estocolmo. Es casi el azar de una aguja en el pajar. Un solo sombrero para muchas cabezas. ¿Más fácil que atraviese un camello el ojo de una aguja que un escritor las puertas del reino de la Academia?

En un mundo sin poesía, Chile presenta este año la candidatura de dos poetas. Nicanor Parra, ya vitalicio al Nobel, y Gonzalo Rojas, un primerizo de 90 años. Entre ambos suman 182 años, casi toda la historia poética chilena. Casi dos siglos, es un tiempo prudencial, para un par de personas y poetas.

La poesía se está quedando sola con su palabra solitaria. No hace ruido, no suena, ni truena, en el mundanal ruido de la farándula y del mundo digital. El poeta es el verdadero aguafiestas en este paraíso perdido. Hace unos días, almorcé en el restaurante El Poema, y su carta era un solo verso: Hoy, poesía. Un silencio sepulcral recorría las vacías mesas y las servilletas organizaban una pequeña obra de bailarinas aladas, una danza donde el tiempo se olvidaba de todos los mañanas. Afuera, la calle, la ciudad, el país, y adentro, la TV y el mundo que arrastra la imagen del fracaso, la rueda cosmética del caos.

Un verso puede herir la garganta de un emperador o restaurar la voz de un ruiseñor. Estigmatizar a un dictador, olvidarlo para siempre. Dejar muda a una mujer, dar vida a una roca o sepultar la mariposa detrás de un espejo. Y también ser olvidado en la memoria de un loco que lo repetirá de generación en generación. La poesía es el más sublime y maravilloso de los fracasos, siempre está a la espera de un lector y un corazón que sólo respire por ella. Yo pediría cortesía de sala para esta dama desautorizada por los tiempos que vuelan y soplan contrarios, llenos de prosa y retórica de espanto.

Poema 1 / Yo no existo y soy cero. Poema 2 / Sumo de izquierda a derecha, out. Poema 3 / Me olvido de la memoria. Poema 4 / Aprendo del futuro incierto. Poema 5 / un paso al lado de la orilla contraria. Poema 6 / El poema sigue descosido. Poema 7 / El hilo sin hilván. Poema 8 / ¿Un verso sale herido si no lo nombran? Poema 9 / Poema, en el poema. Poema 10 / La poesía está en ninguna parte. Poema 11 / Una fecha sin poema. Poema 12 / Al borde de la mala suerte. Poema 13 / Yo creo en el poema que no he escrito.

 

Poetas del Sur, anclados en la palabra Vida

Nicanor Parra debe de estar esperando en Las Cruces, zona costera chilena, que salte la liebre. Gonzalo Rojas, quien ha visitado no hace mucho Estocolmo, sabe, supongo, que es suficiente con competir entre tantos galgos. Hace 15 años la Academia no premia a un escritor latinoamericano y este puede ser el año de Mario Vargas Llosa, porque Perú no ha recibido aún el lauro sueco y el autor de La casa verde es ya un viejo candidato. En un mundo tan revuelto, plagado de intereses, muy poco académicos, es muy difícil vaticinar quien será, en octubre, el próximo Premio Nobel. La Academia tiene su sorpresa bajo la manga y las sospechas recaen en varios autores.

Sin duda, Parra y Rojas son dos poetas meritorios. Han superado más de medio siglo de poesía chilena y contemporánea, y su poesía, que guarda sus distancias y semejanzas, tiene la particularidad de hablar del Hombre y sus circunstancias, del amor feroz, y son más poetas de palabras que de ideas. Lo erótico forma parte del tronco de la poesía de Rojas, pero Parra no se queda atrás desde un punto de vista más irónico, escéptico, “antipoético”. Ambos han escrito contra la muerte, creen que la poesía es Vida, y ahí están en pleno siglo XXI, dando su propia batalla. Poetas de “envidiable tono personal”, buscando siempre la poesía dentro de la poesía, la vida en el poema, la vida en la vida, respirando la chilenidad. Parra y Rojas tienen algunas coincidencias entre sí a lo largo de sus vidas. Son del Sur de Chile (aunque Rojas nació en Ovalle, Norte, se fue a vivir niño a Lebu), huaso y minero, chilenísimos ambos, cazurros, ladinos, irónicos y universales. Se ganan la vida ambos cuando jóvenes trabajando en el Internado Nacional Barros Arana, en Santiago de Chile. Viajados y estudiados, poetas in profundis y ejercicio. Ambos escribieron un primer libro olvidado por la crítica y por ellos mismos: La miseria del hombre, Rojas, y Cancionero sin nombre, Parra. Con lecturas universales, clásicas, griegos, ingleses, latinos, franceses, pero en la tradición chilena, de la que ellos forman parte sustancial con los grandes poetas del siglo XX. Uno más cerca que otro de la izquierda tal vez, pero anarcos ambos, sin sindicatos, con respiración personal, pugnaron por la vacante de Neruda y dicen que ganó Parra, el más internacional de nuestros poetas vivos. Rojas ha obtenido grandes premiaciones, más que Parra: el Premio Octavio Paz, Hernández y el Cervantes, además del Premio Nacional de Literatura, al igual que Parra, que también tiene el Rulfo. La influencia de la poesía de Parra es mayor en Estados Unidos y América Latina y Chile. Parra es casi un desconocido e incomprendido en España (sic). Su Antipoesía es un referente mundial y no sin razón, el crítico norteamericano Harold Bloom dijo hace un tiempo que a Parra debieron darle el Nobel hace una década, porque en verdad le ha dado un sacudón a la lengua castellana, el temblor del Verbo de la Antipoesía. Ambos hijos, hijastros de Huidobro y Neruda. Nada les quita. La poesía no sale del aire, sino de la página en blanco que ya está escrita. En Rojas es notoria la copulación verbal, el amante monosilábico, sensual, hay lascivia glandular, bucal. Recorre el cuerpo, lo repasa con un gran apetito. Poeta de avenidas íntimas, exilios, reencuentros, viajes, Rojas va por la máscara y la cabellera del Premio Nobel. “A Rojas le duele el oficio” de poeta, que considera el Arte mayor. Parra, que no cree en la palabra Creación, piensa que poesía es crear vida a través de la palabras. El poema sería un circuito integrado, es vida en palabras y vuelve a la vida.

 

¿Profeta de Shakespeare?

Parra está más apartado aun del stablishment, es un francotirador con salvas dum dum, dispara, como dice el bolero, sin medida, ni clemencia, porque la Antipoesía lleva ese germen combativo, irónico de audacia permanente, desmitificación, y arremete Yo colectivo, desintegrado y desintegrador. Parra nace “contra la poesía chilena de su momento”, Neruda, especialmente, y se afinca en su huesudo esqueleto y se adentró en lo popular, el lenguaje diario, del vivir cotidiano, le hincó definitivamente el diente a la conversación poética con el yo común, ancestral, pasado, presente y futuro, cargado de chilenidad y también de lo universal, que es tiempo común sin fronteras, ni registro de época. Parra es definitivamente más anglosajón, por sus estudios en Gran Bretaña (escritos allí), Estados Unidos, lecturas, gustos y algunos grandes poetas chilenos tienen más influencia francesa, inclusive que española. Hay en Parra el descuido de una prosa bien cuidada, articulada en su poesía. Una cierta rima clásica, popular, viaja en algunos de los Antipoemas, como si fueran las castañuelas mudas de Parra. En toda su obra se encuentra la ironía, escepticismo, comicidad, dudas, interrogantes de todos los tamaños y mucha más poesía de la que el Antipoeta quisiera tal vez o ese es su gran juego. Parra refresca el Cancionero de la Poesía chilena, de por sí rico, variado, de varias puntas, hilo de un mismo ovillo, madeja que crece en el laberinto de lo humano y divino. Su poesía es una nueva ruptura en la poética chilena. Parra es el iconoclasta por excelencia, tambor mayor de la irreverencia y la comicidad. Todo gran artista crea su propio stablishment o alguien o un coro lo organiza. Lo siguen ciegamente como a Borges. En la poesía hay un lugar común difícilmente de obviar o ignorar. Se refiere éste a la inevitable comparación que hacen algunos críticos inclinados por la obra de Parra en contra de Neruda, dos aguas de un río diferente. Y para muestras, estas perlas de Sergio Coddou, que en nada favorecen a Parra, más bien exhiben un endiosamiento que no había escuchado en torno a Neruda: “Nicanor es hoy (y lo seguirá siendo cuando ya no esté), un sujeto de carne y hueso; en cambio, Neruda es hoy un mito viviente, una marca registrada, una postal, un afiche cultural con olor a pescado (o a caldillo de pescado recalentado) del cual se cuelgan hordas de parásitos y maquilladores de muertos. Parra, por el contrario, es tan de carne y hueso como su padre poético, William Shakespeare. Si Shakespeare es Dios, Parra vendría a ser su profeta”. No hay salvavidas para dislates de esta envergadura, aunque el artículo se intitule: “Nicanor Parra & Shakespeare: Un chaleco salvavidas con amplia autonomía de flotación”. Imposible pasar por alto las Residencias en la Tierra e inclusive los 20 poemas de amor de Neruda y su poesía amorosa, las Odas elementales y grandes fragmentos del Canto general. Lo que dejan en claro los detractores de Neruda, con estas manifestaciones histéricas, es que es el referente obligado de la poesía chilena del siglo XX.

 

Los Señores del Mercado

Se han juntado en Estocolmo este año Parra y Rojas, dos registros mayores de la poesía chilena. Feliz coincidencia para Chile, el habla castellana, la poesía y una época sin poesía. Parra y Rojas están en el turno de la poesía mayor de Chile y del habla castellana, ya hace un largo tiempo. Han escrito y sabido administrar la palabra. En un tiempo fueron aceite y vinagre de las relaciones poéticas chilenas, casi una tradición en el país, en el Arte. La empresa privada de la poesía adquiere a veces unos papeles monopólicos, donde el yo es vicio de un ego acuartelado, zumbón, díscolo. “No hay mejor poeta que, en cada caso, uno mismo”, decía el poeta Enrique Lihn a través de su personaje Gerardo de Pompier. Los boys-scouts de la poesía chilena han seguido con sus mini peleas de cantina de pueblo, veleidades de antología, rabiosas pasadas de cuenta, un historial de moros y cristianos en un mismo saco. El poeta hoy es más un ascensorista del Bien y el Mal (en un mundo global) en el baja y sube, con relación al mercado. Poco y nada, con raras excepciones, se pronuncia un poeta sobre lo que pasa en el mundo. ¿Es un observador en tránsito? ¿O un marginal en una sociedad donde las palabras han perdido la batalla? El poeta no dice / ni fu, ni fa / ladra en el silencioso atardecer / eco de sus ruinosas vocales / chilla detrás del papel mojado / el poeta ama la luna que no ve / el corazón que no le escucha / ve su rostro ciego / es vela de su propio entierro.

Y tan perseguido que ha sido, que hoy todos se olvidaron de él, para empezar los editores: dueños de la verdadera palabra impresa. Los Señores del Mercado. Tantas cuartillas para nada. Sueños anchos, angostos, profundos, olvidados, para nada. Los poetas sufren de insomnio porque sueñan con él. El Mercado no infla el globo de la poesía. El Mercado no tiene tiempo para soñar con los poetas. El Mercado necesita que hagan tilín, tilín las monedas. El Mercado piensa en su Mercado. El Mercado no viste Santos que no hacen milagros. (Milagro ya es que la poesía cuente con algunos cuantos lectores) Ahora, si el Mercado no sólo pensara en el Mercado, haría el milagro de que la gente leyera poesía. Por eso, yo le propongo a la Academia Sueca que no premie a ningún escritor en particular, sino a un género literario, y podríamos empezar por el que está más en bancarrota: la Poesía.

No toquen al intocable

No toquen al intocable,
mejor el piano, la viola
del violador
de los derechos humanos.
No toquen al intocable,
su tambor suena a clamor,
déjenlo que para de pie
la verdad del paredón.
Se freirá en la parrilla
el condenado,
nadie saldrá más
lastimado
del infierno infernal.
No toquen al intocable,
su rostro inmaculado
condecorado por la muerte,
asciende cagado
por las moscas de Chile,
que se reconocen en su espejo.

Rolando Gabrielli

 

¿Qué es Poesía?

Los Editores deben saber que el Poema más antiguo es el que no se ha escrito. Que la poesía china es más clara que un reporte de la bolsa. Que la brújula de la poesía está en el subconsciente humano. Que el poema nace del silencio, de la necesidad, urgencia, y que es materia viva, orgánica, sustancial. La poesía también es escombro, ripio, paja, máscara, espejo sin aire, ni luz, asfixia. El poeta habla cuando ya nada tiene que decir o tal vez por exigencias que él mismo desconoce, porque si supiera callaría. Pero casi todos los que pueden, dice: tiene mucha poesía y la detestan impresa.

Una buena campaña de lectura podría decir: Aborrezca la poesía como a su prójimo. La poesía es una aberración juvenil. La poesía está en todas partes, hasta donde menos piensa. Bastan unas cuantas monedas para pedir un deseo. ¿Y un poema, no tiene precio?

Los poetas han sido de casi todas las profesiones y oficios. Formaron parte de los imperios y cortes, profetizaron y también integraron las mazmorras y se convirtieron en huéspedes de los cementerios. Mucha agua ha pasado bajo el puente de los poetas y de la poesía. Poesía vieja, poesía nueva, la misma poesía. Todo ocurre, sin embargo, en el lenguaje, la palabra. Nadie está solo frente a la palabra.

La poesía es deuda. Se viene escribiendo antes de la palabra. Es una cadena interminable de voces. El primer poema fue la palabra, sólo la palabra, la vida, el asombro, lo que alguien vio y nombró. El sueño estaba instalado en el presente, el gesto de cada día, la (a) ventura. La noche atravesada en el poema. En el big bang (Cantiga 1) de su Cántico cósmico, Ernesto Cardenal dice: En el principio no había nada / ni espacio / ni tiempo. Yo digo que ahí hubo y estuvo la primera poesía, en el misterio, la nada, en la Gran Explosión. En Cantiga 2, el poeta nicaragüense, Cardenal, dice que: No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. / Era la palabra. (Palabra amorosa). La Creación es poema / Poema, que es “creación” en griego y así / llama S Pablo a la Creación de Dios, POIEMA / como un poema de Homero decía Padre Ángel / Cada cosa es como un “como” / Como un “como” en un poema de Huidobro, sostiene Ernesto Cardenal.

El poema es caos / paraíso / agua / luz / tiempo vencido / tiempo por inaugurar / tiempo sin tiempo / derrota // palabra por palabra el Poema respira. El poema debiera ser un segundo de eternidad. El poema siempre es más allá.

Parra entiende esto por poesía y la define en un poema: Qué es poesía. La fundación del ser x la palabra Poesía eres tú todo lo que se mueve es poesía Lo que no cambia de lugar es prosa Pero qué es poesía todo lo que nos une es poesía Sólo la prosa puede separarnos / pero qué es poesía Vida en palabras Un enigma que se niega a ser / descifrado x los profesores / Un poco de verdad y una aspirina Antipoesía eres tú.

Y Gonzalo Rojas, dice:

Las sílabas

Y cuando escribas no mires lo que escribas, piensa en el sol
que arde no ve y lame el Mundo con un agua
de zafiro para que el ser
sea y durmamos en el asombro
sin el cual no hay tabla donde fluir, no hay pensamiento
ni encantamiento de muchachas
frescas desde la antigüedad de las orquídeas de donde
vinieron las sílabas que saben más que la música, más, mucho
más que el parto.

 

Vivan las Vacas Sagradas, en un mundo pagano

Pero no sólo los poetas y escritores chilenos han tomado parte sobre la tradicional polémica de los grandes elefantes, mastodontes de la poesía Chile. Que dicho sea de paso es un lugar común para entender la vida poética y sus influencias en ese país austral. Un periodista de El Mercurio de Chile hizo la siguiente pregunta al narrador argentino César Aira: ¿qué significó para ti la antipoesía y qué efecto te provocó en relación a Neruda? Espero que me sigan dejando entrar a Chile si digo que no tengo un especial aprecio por Nicanor Parra, y en realidad por Neruda tampoco. No me gustan las vacas sagradas, creo que son lo peor que le puede pasar a una literatura nacional, y cuando veo crecer uno de esos consensos de unanimidad me pongo automáticamente en contra. La respuesta no tendría importancia si no denotara tanta ignorancia. Neruda y Parra, más allá de que sean o no vacas sagradas, innovaron la poesía castellana. Borges podría ser una vaca sagrada y en nada cambiaría su importancia literaria a nivel mundial. Gabriel García Márquez. Cortázar, Carlos Fuentes y Vargas Llosa reconocen la influencia de la poesía de Neruda en la nueva novelística latinoamericana de los 60, la época del boom. Que lo sigan dejando entrar a Chile, pero que piense mejor lo que va a decir sobre estos temas de la poesía. Además El Mercurio y Aira se saltaron olímpicamente a Bolaño, un autor indispensable hoy día y mañana también. No le voy a dar más cuerda al tema, porque es de nunca acabar. Lo cierto es que ambas “vacas sagradas” cambiaron la historia, el rumbo de la poesía en castellano, como Rubén Darío, T. S. Eliot en el idioma inglés, poesía anglosajona. La poesía seguirá siendo la favorita excluida del mercado. El amor y el desamor no pasarán de moda. Toda la condición humana quedará reducida a unos cuantos versos que se irán reproduciendo en cada época. Con o sin celular, pantalla, imagen digital, la poesía recurrirá a la palabra.

 


 

Orhan PamukEl pasaporte de Estambul, epílogo

Era de esperar, en esto de los vaticinios, que el Nobel de Literatura recayera en este símbolo entre Oriente y Occidente, Orhan Pamuk. El pasaporte de Estambul a Estocolmo estaba en manos del escritor turco, autor de Estambul: memorias y la ciudad (Mondadori), El libro negro (Alfaguara), La vida nueva (Alfaguara), Me llamo Rojo (Alfaguara) y Nieve (Alfaguara), entre otros libros. El poeta sirio, el poeta sirio Ali Ahmad Said, conocido como Adonis, era un gran favorito de los académicos.

Premio opacado por el incidente del beisbolista norteamericano de los Yankees de Nueva York, Cory Lidle, cuya avioneta que pilotaba un instructor de vuelo se estrelló la víspera con un rascacielos de 50 pisos en Manhattan. Nada menos que un 11 de octubre, a cinco años y un mes del derrumbe de las Torres de Manhattan. El terror había vuelto a dispararse en Estados Unidos y la expectativa mundial crecía. Previo a este suceso, Corea del Norte había anunciado su ejercicio nuclear y las páginas informativas a nivel planetario recogieron, como es natural, esta noticia bomba.

Pamuk está traducido a 32 idiomas y la Academia Sueca lo escogió, según un escueto comunicado que repiten los diarios del mundo, porque “en la búsqueda del alma melancólica de su ciudad natal, ha descubierto nuevos símbolos para el choque y el entrelazamiento entre las culturas”.

Muy conocido por la divulgación literaria de un hecho que ocurrió hace casi un siglo en Turquía, como lo fue la matanza de un millón de armenios y 30 mil kurdos, Pamuk estuvo al borde de ser encarcelado en su país. El nuevo Nobel estudió periodismo en la Universidad de Columbia de Estados Unidos y abandonó los estudios de arquitectura por la literatura.

Ha obtenido el máximo galardón con una obra realizada en sólo 24 años, ya que su primera novela data del año 1982. Había obtenido anteriormente premiaciones en Francia, Italia, Irlanda y Alemania. Su última novela es Nieve, palabra que en turco se dice Kar, el protagonista de ese libro se llama Ka y la ciudad donde transcurre la historia se llama Kars y existe en realidad. “Cada persona es como un copo de nieve, diferente”, en opinión de Pamuk. “El silencio de la nieve, pensaba el hombre que estaba sentado inmediatamente detrás del conductor del autobús. Si habría sido el principio de un poema, habría llamado a lo que sentía en su interior el silencio de la nieve”. Así comienza El silencio de la Nieve. El Viaje de Kar. La nieve es una gran protagonista: hotel Nieve Palace... Mientras la nieve caía pausadamente, como nieva en los sueños...

El Premio Nobel tiene en estos tiempos mucha actualidad, vigencia temática, dramatismo de época en tiempos de encrucijada. Es un fuerte compromiso no sólo con la literatura, la filosofía humanista del lauro, sino con la historia. América Latina no está en el mapa de los conflictos mundiales. Hace 16 años no recibe un premio Nobel nuestro subcontinente. En los 101 premios otorgados, sólo 10, menos del diez por ciento, corresponden al idioma castellano, donde España ostenta el cincuenta por ciento de ese total. Chile ha sido el más escogido con dos galardones, mientras que Brasil, Argentina, Perú, Cuba, que han dado grandes escritores clásicos en el idioma castellano como Borges, Cortázar, Vargas Llosa y Carpentier, aún no figuran en el podium sueco. Este año Chile tenía dos poetas candidatos, Nicanor Parra y Gonzalo Rojas, quienes, muy meritorios, no llevaban ninguna oportunidad porque ya Chile tiene dos nobeles y la historia no les favorece. Creo que Juan Gelman tenía la candidatura por Argentina.

Salman Rushdie, el controversial novelista británico de origen indostano, hizo una aparente jugada en búsqueda del Nobel, calificando de asquerosa indumentaria el velo que usan las mujeres islámicas, y apoyó las palabras del ex ministro del exterior de Tony Blair, Jack Straw, quien sostuviera que el uso del velo en Gran Bretaña es discriminatorio de las otras culturas. Los suecos no están para jugar con dinamita, suficiente lo que hizo en ese campo Alfred Nobel, el patrocinador del premio.

Los caminos entre Oriente y Occidente parecieran dinamitados, y el Nobel usa el poder de la palabra para mantener un contacto, estrecho como el Bósforo...