Letras
Tres cuentos

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Los rinocerontes

A los rinocerontes los dejaron al final de la cola. Nadie sabía dónde meterlos. Todos fuimos pasando, uno a uno, por la puerta estrecha, pero ellos no pudieron entrar. Bajaron la puerta de sus goznes pero tampoco. Quitaron el marco, imposible. ¿Qué vamos a hacer con los rinocerontes?, preguntó uno. No hubo respuesta. Era obvio que no podíamos seguir adelante si no pasaban los rinocerontes. Hacía calor en el cuarto y algunos empezamos a sentirnos molestos. Los rinocerontes, al sol, estaban quietos y parecían no darse cuenta. Yo dije que por qué no los metíamos por el techo, “al fin y al cabo un tragaluz más no importa”. Y así lo hicieron. Ya adentro, los rinocerontes nos miraban con rostro agradecido. Entonces nos fuimos y los dejamos allí. Todavía no se ha inventado un buen método para sacar de ese lugar a los rinocerontes.

 

El cínico

Debo pensar en un pájaro que ocupe la mitad del cielo. Al ponerle plumas se crean nubes; al dejarle pico se inauguran rayos; al plantarle patas se siembran tormentas. Un pájaro como ése está destinado a alimentarse de sueños. Uno es el sueño que lo sueña para mantener en alto su vuelo. Otro es el sueño que lo inventa para que él lo devore. Si lo miras sale el sol por entre sus pupilas; si pasas sin reparar en él cae nieve todo el día. Inventa entonces una jaula tan grande como la otra mitad del cielo, y espera paciente que entre en ella. Con la jaula en la mano irás al mercado a pregonar que estás despierto, y la jaula será tu linterna y el pájaro la luz que te ilumina.

Así dicen que meditaba el viejo Diógenes por los meandros de Alejandría.

 

Pintor

Varios pintores amigos vinieron a mi estudio hoy para ver lo que he estado haciendo. “He comido maíz por la mañana”, les digo, y se quedan encantados en la radiante belleza genital de las mazorcas y sus pelos dorados. “He tendido la cama con mucho cuidado”, les digo, y ven trigo en los valles y arroz florecido en los pantanales. “He hecho el amor con mi mujer en la cocina”, les digo, y encuentran la luz de las noches en el trópico, el reverbero del sol contra las dunas. “Me he tirado a dormir en el suelo”, les digo, y ven la forma entre las formas, el blanco sobre el blanco.

Mis amigos pintores se han ido muy contentos.