he comenzado a escribir su nombre en las paredes, en libretas, en papeles sueltos. Lo escribo como quien invoca algo, como si cada letra pudiera acercarlo un poco más, como si cada sílaba trajera su olor salvaje o el sabor venenoso y vinoso de su boca.
sudo los miedos
con el otro en contrapeso
los dedos
dibujan espirales
y se detienen justo allí
donde el cuerpo
ha comenzado a borrarse
así
tan secretamente
me tocaba las piernas
con una mano, una rodilla
no lo sé
me besaba sin besarme
cubriéndome con mil brazos
era un animal portentoso
un espectro en su vigor
un algo que no sé
si pueda
o quiera explicar
“no todo mi corazón te ama
sólo la parte que está enferma”.
Yolanda Pantin.
Puedo decirle que el deseo no deshabita mis carnes y que sólo de su copa quiero beber. Contarle que no desaparecen, sino que se multiplican sus manos en mi cama cada noche, que su celaje inunda mi espejo, que con su mirada todo se cierra y que el sol viene a mí sólo desde su ventana. Puedo inventar aun más.
Puedo
porque él lo creerá.
Me voy de ti
cerca del último tramo del espiral
donde ya no tengo manos
ni piel
y el destiempo
toca los bordes
te entrego las llaves
me voy y no vuelvo
Tu mano ha dibujado
un espiral en el aire
otro sol desnuda mi ventana
con pájaros azules
y un canto tenue
como el latido
de un mi ser vencido
por saber de lo blanco
y lo callado
del último abrazo