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Poemas

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Existencia

Mi infancia
yo la creía perfecta:
enfrascada en un mundo paralelo.
La sociedad se destruía mientras yo jugaba a las muñecas.
Cuando reventaban coche-bombas
mis padres decían que eran los cortejos a la patria
y cuando sendero se tumbaba los postes de luz
me decían que era un castigo por ver tanta tv.
Hacía largas colas de la mano de mi madre,
yo confiaba que recibiría un premio
pero un buen alimento era suficiente,
para ese entonces era una niña dócil,
fácil de satisfacer.

En los noventas estuve en la escuela,
la represión /dictadura/
no tocó a mi puerta
pues no sabía lo que era.
Tenía libertad de expresión
porque igual nadie me escuchaba.
El Perú para mí era entonces
Los Libertadores
el barrio donde nací
la capital era mi escuela
y yo dominaba al sector estudiantil
desde mi idealismo ridículo.

Mi casa era un diminuto castillo
donde tomaba decisiones pueriles
lastimando a los que buscaban paz;
ya empezaba a despertar mi rebeldía,
me entregaba a la carencia del amor.

             Mis horizontes se expandían.
        Mi mente comenzaba a liberarse.

Dios comenzaba a ser ajusticiado,
condenado por jóvenes sin sueños
que coreaban sobre un andamio
su intento de renovar al mundo entero.
Dios era representado por seres sin pasatiempo
y yo
justo a tiempo tomé otro rumbo lejos de ellos.

Mientras caía la dictadura
completaba mi adolescencia
y la mediocre secundaria.

Entró la transición,
luego la democracia
con el líder de los suyos
coreado por el pueblo
(cinco años después sería repudiado)

Estudié en una universidad
a miles de millas lejos de mi nido

               manifestaciones, vigilias, arengas
                        “...todos hacemos la patria,
              Compañera tú tienes la palabra...”

Y luego la anarquía,
el delirio de querer ser intelectual,
subsistir en un grupo rebelde
lleno de libros, historias,
melodías, bohemia
y miles de versos...

Me protegí en un círculo ambivalente,
caí en una dualidad explosiva
que al término me envió por esta vía
y me protegí en simples poemas
ocultando mis temores,
olvidando la inocencia,
despertando a la verdadera vida.
Algunos dicen que escogí un mal camino
o el camino del mal,
me dicen un sin fin de palabras
que escuché un eco siniestro
en alguna fosa maltrecha.

Mi existencia no es perfecta,
pero ya puedo ver más allá
de cuatro paredes
y reconocer el verdadero valor de una bandera.

 

Te vi...

fiel al silencio,
bajo la luna
entre las nieblas ligeras
que en otoño se forman.

Bajo un árbol estéril
solicité tu presencia
como quien reza a un dios muerto
sin esperanza.
y al tocar tus labios
mecí un adiós sereno.
Un adiós simple y sin credo,
sin esa fe trémula
que suelo forjar al cimentar una historia sin fin.

Te vi...
           y ahora estoy satisfecha.

En mi compleja verborrea
descubrí el secreto,
que me permite ser dueña de tu imagen.

Ahora me despido de tus sombras
sobre este sofá de cuero
donde dejo de jadear tu nombre.
donde dejo de descifrar
                   tu subversiva personalidad.

Recordaré esos ojos siniestros...
                    tan ambiguos
                    que hasta resultaron tiernos
esa mirada
                     que me congelaba los sentidos,
                     que pulverizaba mis nervios,
esa sensibilidad que tanto exclamaba mi vulva
                                      entre sicalípticos versos.

Soñaré,
bajo sábanas impregnadas de sudor,
con tus manos...
que no recorrieron mis dunas,
                              mi anatomía extravagante.
Idealizaré
           tu dialecto difuso.
           tus labios discretos
           tu figura de párvulo semental
                                 transmutable en el tiempo.

 

Moriría virgen...

si la virginidad existiera.
si el placer no fuera tan placentero.

Moriría virgen
si los hombres se cercenaran el sexo.
o
si tuviera la bendita vulva complaciente,
pero viviré complaciente con una vulva ensortijada

Hace años descubrí el enigma
que me abrió
a la sonrisa diaria.
No dejaba de atribuirme
el derecho a ser inocente
y ya me abría al placer
al goce de una caricia comprada
por promesas
por simples mentiras
Hace años que me envuelvo en aromas de mujer
con dos oídos prestos a simular que escuchan.

Repito:
moriría virgen
si de verdad la virginidad existiera.