Letras
Las horas

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Las horas se tragan a sí mismas
cual exiguas inhalaciones
de pasión desprovistas
profanando el oscurantismo de la sed.

Sin ti, el incesto de las agujas
muta pecados primigenios
y las exhalaciones insatisfechas
rehúsan a mojar el carbón de otros labios.

Tu ausencia: es la canción de un dios insepulto...
Mas, lacerado el polvo,
esperándote conservase, aún, la virginidad de los aguaceros.

 


 

Temo pronunciarte en mis ganas
los movimientos revelan a un macho perfidio.
Tú, hembra obscura
llevas en los senos sudor y otros ríos.

Inquietante jadeas sobre mis miembros.
Soporto tu celo cual olor a selva obscura.
En mis bolsillos de animal urbano
pequeñita tu desnudez se excita en las esquinas.

Lamido por tus letargos
mojado mi sexo despierta
en el humo de la ciudad, anquilosado...

Allí, en el frontispicio de tus piernas
navega la virilidad de mis líquidos,
cópula de macho perfidio y hembra obscura.

 


 

La lluvia precipita insomnios.
Mis delirios salen a caminar
para contarte cabellos y cóleras:
cauta sumisión las de mis dedos.

Marcharé hacia un monte
a construir una casa
con olores, enojos y críticas ausencias,
la memoria está guindada a media pared.

Entre mis brazos y pecho
salpican tus labios,
evítame el letargo de mirarte lejos.

¡Oh nocturna!... ya todo se parece a ti
como gota te cuelas a través del techo
rauda bendices mi rostro y te posas a dormir.

 


 

Reconozco tus metamorfosis a deshoras,
ausente tu rostro
se maquilla hurañas maniobras
donde raudo se extinguen languidez y pensamiento.

Invítame a tus guerras y monotonías
ocurriré con cicatrices a blindarte el cuerpo,
cada herida o sombra hazlas mías...
carece en ti la muerte de remordimientos.

¡Oh nocturna... vuelve con sigilo!
retorna y reclama la preñez
que de mi reposará en tu vientre.

Henos aquí desterrados sin justicia
las lágrimas volverán como silencio o río
y el desvelo bostezará arropado con los años.

 


 

Ocurro a la ciudad de tu destierro
soy un simple peatón de este lado de la acera
en la esquina próxima
hipotéticamente sueño con toparme con tus pasos.

Las huellas o sombras y otras de tus pertenencias
están tiradas, allí, como escombros del ruido:
tómolas para usarlas como reliquias.
La buena suerte es un asunto de amor.

He llegado
entre tarantines y un cafecito de madrugada,
eres inocente de lo transeúnte de mi aliento.

Pulso los botones de un teléfono público
tu voz atiende (...) y a través de la bocina
cae sobre el desayuno de tu desnudez, una lágrima a destiempo.

 


 

De qué tamaño es el sol
que engulliste
a mitad de la transpiración del cósmo
aligerando las ruinas de la noche.

Te busqué en la visibilidad de las esporas
y amanecías
con los pueblos y sus revoluciones
luchando por la multiplicación de los panes.

Me hice en ti, uno más de la muchedumbre
abyecto y subterráneo
me hermané al movimiento... ¡Oh diminutos seres!

Menudo fue el alimento de tus manos
arremolinados tus dedos se mezclaron con mi fe
para urdir la misericordia y el verbo de mi canto.

 


 

Temo que bebas mis sombras
lastimaríanse las pieles
en el descenso oblicuo de la cólera,
bajo mis ramas debes venir a balancearte.

Soy un arbusto desalado
cuyos frutos se los come la ausencia.
Las raíces fingen dolores y otras hierbas
azules espectros me habitan ensimismado entre la corteza.

Acércame tus huellas... ¡Oh nocturna!
sin misericordia incéndiame en el responso
y ayuna de fe endílgame tus desencuentros.

Después de todo, bébete mis sombras
a mitad de la garganta
llorarás la desmesura de tus inrretornos.