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Ilustración: MatsuLa única constante es el cambio

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Yo soy yo y mis circunstancias.
J. Ortega y Gasset

El destino del hombre es el cambio. Ya de joven presiente que sus padres y sus abuelos son el espejo de su futuro. En Como gustéis, Shakespeare define el camino de la inevitable decadencia en un famoso soliloquio: “Las siete edades del hombre”. El fatalismo de los versos contiene una premisa clara: el cambio es previsible e inevitable. El hombre se resigna a ese destino, pero sólo a medias, y de tanto en tanto se lanza en aventuras para encontrar la fuente de la juventud o, más recientemente, la respuesta científica que prolongará su vida. Pero no sólo el cuerpo del hombre cambia con el tiempo, también cambian sus circunstancias.

Las generaciones contemporáneas estamos viviendo un fenómeno nuevo: está cambiando el cambio. Parece increíble que el trabajo de Toffler sobre este tema1 haya sido publicado hace ya más de 35 años; lo cierto es que desde entonces su vigencia se ha acentuado. La realidad de nuestro tiempo es que el entorno del hombre, o sea sus “circunstancias”, hoy cambia con más rapidez que para nuestros ancestros, y muchas veces el origen y la dirección del cambio no son previsibles. Hay muchos cambios y se dan en campos muy diversos, tales como el conocimiento científico, la tecnología, la economía, el medio ambiente, la organización social y familiar, la cultura popular, la religión, y también en el contexto político nacional e internacional. La acumulación de cambios en campos diversos no da respiro, la fisonomía del mundo se modifica continuamente desafiando la capacidad de adaptación del hombre.

Pasemos revista a vuelo de pájaro a algunos de los cambios que podemos identificar en diversos campos. La lista no es exhaustiva, solamente pretende ejemplificar, y seguramente el lector podrá agregar muchas otras instancias de cambios que afectan de manera importante el contenido de nuestras vidas y tienen repercusiones más allá de su campo inmediato.

 

El conocimiento científico

La expansión del conocimiento científico no es un fenómeno nuevo. La física experimentó una revolución con Newton, una segunda con Einstein y desde entonces parece estar en revuelo permanente. En medicina, aun cuando contemplemos con admiración las contribuciones de Hipócrates o de Maimónides, dudo que alguno de nosotros estaría dispuesto a recurrir a un médico que tuviese el mismo nivel de conocimientos que estos gigantes del pasado. Más aun, ¡tampoco estaríamos cómodos atendiéndonos con Sir Alexander Fleming..! El ritmo al cual avanza el conocimiento científico, en campos tan diversos como la física, la biología, la medicina o la cosmología, parece vertiginoso, y la gran mayoría de nosotros debemos esforzarnos por intentar enterarnos, no digo ya entender, qué es lo que está pasando.

Se dice que Erasmo fue el último gigante intelectual que pudo dominar todas las disciplinas del conocimiento. Eso fue posible a fines del siglo 16. Hoy nuestros intelectuales más ilustres apenas pueden alardear de conocer a fondo una disciplina. En muchos campos, el egresado universitario de hace cinco años que no ha seguido estudiando está ya seriamente desactualizado sobre el estado actual de su disciplina. Ninguno de nosotros desearía ser atendido por un médico que no dedica parte de su tiempo a estudiar los desarrollos más recientes en su especialidad. Cada vez sabemos más sobre menos.

 

El cambio tecnológico

Mis abuelos nacieron antes de que se inventara el teléfono y cuando el automóvil aún no circulaba por las calles. Cuando nació mi padre, los hermanos Wright y Alberto Santos Dumont aún no habían demostrado que la aviación era posible. Cuando yo nací, los tranvías aún circulaban por las calles adoquinadas de Buenos Aires y la televisión (en blanco y negro, por supuesto) no había aún llegado a mi país. En contraste, mi hija menor hizo su primer viaje en avión a los tres meses de edad y mi hija mayor ha reemplazado el teléfono convencional por el celular. Me comunico con las dos regularmente no solo a través del teléfono (a costo cero pese a la larga distancia) sino a través de la computadora. Pese a estar retirado, sigo trabajando, con frecuencia desde mi casa, interactuando con mis colegas constantemente a través de la computadora.

La computadora es una presencia permanente en nuestras vidas y algunas investigaciones en Estados Unidos indican que en algunas escuelas los niños se han acostumbrado tanto a escribir en ella que ya no saben escribir a mano en letra cursiva; cuando les toca escribir a mano sólo lo saben hacer en mayúsculas...

 

El cambio económico

A fines del siglo 18, el cambio tecnológico fue la causa directa de la Revolución Agraria y de la Revolución Industrial, que provocaron el éxodo masivo hacia los centros urbanos, generando problemas sociales pero aumentando por un múltiplo muy alto la capacidad de producción de las naciones, eventualmente posibilitando una mejoría importante en las condiciones de vida de las grandes mayorías. Desde entonces el impacto del cambio tecnológico en la economía parecería haber sido más mesurado hasta la revolución tecnológica de las últimas décadas que, acompañada por el movimiento globalizador, ha resultado en desplazamientos significativos de la capacidad de producción industrial a través del mapa, reduciendo el costo de los bienes que consumimos diariamente pero, como en el caso de la Revolución Industrial, provocando también trastornos serios en las comunidades cuya principal fuente de trabajo se desplazó a otro lado, a veces a otro continente. ¡Manaos y Detroit son símbolos del espíritu viajero del progreso!

El rostro del progreso que hoy disfrutamos no nos debe hacer olvidar su anverso de pobreza; aún hoy se estima que más de 2.500 millones de personas tienen un ingreso de menos de $2 diarios, de los que más de 1.000 millones no llegan a $1 diario. Su suerte es el hambre, la ignorancia, la enfermedad y la muerte temprana. Algunos países como China e India están experimentando ritmos altos de crecimiento que permitirán alguna mejora en estas cifras, pero en África y en muchas partes de América Latina el futuro cercano de los pobres parecería ser continuar en la pobreza. Muchas de las manifestaciones del cambio que analizamos en esta nota aún no les han llegado a ellos, ¡excepto la evidencia de la mayor prosperidad del resto del mundo, que los ha excluido!

La pobreza es uno de los principales factores causales de los movimientos migratorios que tantas tensiones causan en los países más desarrollados. Sin embargo, en muchos de ellos se ha establecido que las bajas tasas de natalidad y expectativas de vida más altas llevarán a un envejecimiento de la población que podría no ser sostenible económicamente y que estos movimientos migratorios podrán ayudar a contrarrestar.

 

El cambio ambiental

La opinión pública parecería haber aceptado que la evidencia del calentamiento global es clara y que sus consecuencias serán ineludibles, aunque en muchos países la acción correctiva tomada por los gobiernos aún no guarda relación con la gravedad del diagnóstico. Este cambio ambiental es consecuencia del creciente consumo de energía en el mundo, tendencia que continuará en la medida en que los países en desarrollo como China e India continúen su crecimiento acelerado y los países más desarrollados no promuevan medidas más efectivas para moderar su consumo energético y aumentar la proporción de energía proveniente de fuentes no contaminantes.

Pero no sólo de calentamiento global se trata. Metódicamente desaparecen especies de vida como consecuencia de la acción humana y el continuo desarrollo de las ciudades trae problemas de manejo de residuos sólidos y de contaminación del aire.

En muchos países el recurso más escaso y la preocupación política mayor no es el petróleo sino el agua potable y su eventual escasez, que podría llegar a reflejarse en guerras por acceso al recurso, podría ser uno de los desafíos más importantes que enfrentarán las próximas generaciones.

 

El cambio social

Los grandes filósofos de la antigüedad tomaron a la esclavitud como un fenómeno natural. Recién hace menos de dos siglos que la Argentina la abolió. Estados Unidos demoró aun más y debió enfrentar una guerra civil para llegar a lo mismo, y la lucha de las minorías por los derechos civiles llegó a nuestros tiempos. En el siglo diecinueve y aun en el veinte la mujer debió luchar para lograr el derecho al voto.

Más recientemente la “pastilla” abrió la puerta a la revolución sexual, la mujer se incorporó masivamente al mercado de trabajo, y eso cambió el manejo del hogar y la división de tareas entre conyugues. A muchos hombres la afirmación de la mujer en sus derechos (políticos, laborales, sexuales) les llegó por sorpresa. Aunque la proporción de matrimonios que se troncan por divorcio parecería haber disminuido en los últimos años, en Estados Unidos estaría aún cerca de 1 en 3, cambiando el papel de la familia como factor de estabilidad y de formación de valores en los jóvenes. Más de un tercio de los nacimientos en Estados Unidos corresponden a madres solteras. En la actualidad, aproximadamente uno de cada cuatro o cinco embarazos en Estados Unidos termina con un aborto. Al mismo tiempo, la heterosexualidad dejó de ser el único patrón de conducta aceptado, aunque éste es un cambio reciente y aún no consolidado que ha creado una brecha entre oponentes y defensores.

La ubicua computadora ha cambiado la forma de relacionarse entre los jóvenes, y los servicios de citas para intentar encontrar personas con valores y gustos similares parecerían estar compitiendo con a las formas tradicionales de encuentro. ¿Será que la principal relación afectiva en el futuro será entre la persona y su computadora?

 

El cambio cultural

La televisión es una presencia permanente, aun en muchos hogares modestos. A través de ella se moldean los gustos y se redefinen los valores de la sociedad. La televisión impulsa formas musicales, promueve intérpretes, define el entretenimiento y ocasionalmente educa. Compite por la atención y el tiempo de todos los miembros de la familia, desplazando la conversación y la lectura. Para quienes nacimos en tiempos AT (antes de la televisión) el impacto neto ha sido muy negativo, porque la televisión ha definido su contenido de manera de poder llegar y complacer al mayor número posible de espectadores, y ello resulta en una carrera constante para disminuir sus estándares. Todas las noches nos regala las noticias policiales del día: crímenes y secuestros cuyo mensaje subliminal es recordarnos que vivimos en un mundo peligroso y que mejor que nos preocupemos por proteger a nuestros hijos y nuestra casa... Más tarde nos ayuda a evadirnos de la angustia diciéndonos que la promiscuidad sexual es graciosa, que la violencia es aceptable (claro que sólo cuando es ejercida por “los buenos”...), y que la estridencia sonora puede ser llamada música. ¿Qué consecuencias tiene y tendrá esta presencia permanente en nuestros hogares sobre nuestros valores y nuestras ideas políticas?

 

El cambio religioso

A fines del siglo 19 Nietzsche planteó la muerte de Dios, que para él significaba la incapacidad de la generación moderna de referir sus códigos de valores a ese ente abstracto, y de reconocer un orden cósmico que responde a una directriz superior. Nietzsche seguramente estaba influenciado por el racionalismo de su tiempo y la confianza del hombre contemporáneo en su propia capacidad para conducir el rumbo de su progreso.

Marx trajo una perspectiva diferente. Él concluyó que la religión era un obstáculo al progreso y la cuestionó abiertamente (“el opio de los pueblos”); reflejando esa visión, durante el régimen comunista las prácticas religiosas fueron limitadas y reprimidas en todos los países de la órbita soviética.

Hoy vivimos un tiempo en el que la religión ha vuelto a tomar un papel importante en la vida de muchos, esto se refleja en la estricta disciplina religiosa que gobierna a muchos de los seguidores del Islam y en la renovada fuerza política de la derecha religiosa en Estados Unidos, que se caracteriza por su reacción combativa frente a muchos de los cambios sociales y culturales que vive el país. En estos casos, la naturaleza de la religión ha cambiado y ésta se ha convertido en una fuerza política importante, de convicciones rígidas y militante en la defensa de las mismas.

 

El cambio político

El siglo 20 vio el nacimiento y muerte del nazismo, del fascismo y del comunismo soviético. Durante ese siglo la mujer y las minorías accedieron al voto. En América Latina parecería que el tiempo de los generales y de los sátrapas cedió paso a las democracias, aun cuando en algunos países éstas lo son aún a medias... Al mismo tiempo, en Irán (y potencialmente en otros países islámicos) la política y la religión se han hecho una, y las características fuertemente autoritarias del régimen son una advertencia de la peligrosidad de la mezcla.

Al mismo tiempo, la confianza de hace algunas décadas en las Naciones Unidas para promover la paz se ha visto erosionada por múltiples evidencias de inefectividad.

 

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Podemos ampliar más la descripción y el análisis de los cambios que se produjeron en el pasado, pero dudo que si nos reuniésemos en un pequeño grupo de amigos, con inquietudes y formación similar, podríamos ponernos de acuerdo sobre la naturaleza de los cambios más importantes que se enfrentarán en las décadas que vienen, y cómo se combinarán en sus impactos para afectar la sociedad y el contexto político. Aun en el caso de cambios previsibles, porque serían consecuencia de circunstancias que podemos observar ahora, carecemos de una metodología o modelo interdisciplinario razonablemente confiable, a semejanza de los modelos meteorológicos, que nos permita estudiar cómo interactuarán sobre el medio.2 Y aún quedan por considerar los cambios imprevisibles, de los que lo único que sabemos es que habrán de ocurrir...

La generalización, aceleración e imprevisibilidad del cambio es el tema de nuestro tiempo. Cambio significa oportunidades y riesgos; un ejemplo claro de las primeras son las oportunidades de mejor calidad de vida, consecuencia de nuevos productos y de avances en la medicina, mientras que en lo que hace a riesgos se pueden identificar los de pérdidas de oportunidades de trabajo o de que los ahorros acumulados resulten insuficientes para atender las necesidades de la familia luego de la jubilación (riesgo exacerbado por la mayor esperanza de vida generada por los progresos médicos). En el pasado los padres intentaban proteger a los hijos de los riesgos que enfrentarían en su futuro legándoles riquezas, impulsándolos a estudiar, aconsejándolos en la toma de decisiones de carrera, anticipando que ellos —los hijos— en su momento habrían de enfrentar dificultades similares a las que en su momento conocieron los padres. Hoy, sin embargo, los padres no tienen claro en qué mundo se habrán de desenvolver sus hijos.

Considero que sería imposible explicar los cambios que observamos en el campo religioso, e incluso en el social, sin tomar en consideración los cambios en el entorno. Creo, sin embargo, que aún no hemos intentado entender, o no hemos tenido éxito en hacerlo, el impacto psicológico del cambio sobre los individuos y sobre la sociedad. La psicología relaciona cambio y expectativa de cambio con angustia. Si aceptamos esto como hipótesis de trabajo entonces concluiremos que nuestros tiempos de cambio son también tiempos de angustia y, como —en mayor o menor medida— los cambios nos afectan a todos, son tiempos de angustia colectiva. Si es aceptable dicha extrapolación, la angustia social se convierte en una variable social y política. La angustia puede ser una variable explicativa importante del resurgimiento religioso que se observa en muchos lugares, pero, ¿por qué habría de limitar su impacto sólo a la religión y no llegar también al ámbito político? ¿En que circunstancias podría llegar a ocurrir que enfrentemos cambios políticos mucho más radicales como reacción a los desarrollos en otras áreas?

Si el lector acepta que estos argumentos son plausibles, coincidirá conmigo en que la tesis de Fukuyama, intelectual del pensamiento neoconservador norteamericano, sobre el fin de la historia, es, en el mejor de los casos, prematura.3 Fukuyama argumenta que la democracia liberal se ha impuesto de manera definitiva sobre todas las otras formas de gobierno alternativas. Fukuyama no es un pensador simplista, por el contrario su obra tiene una base filosófica profunda, que encuentra en Marx y en Hegel las herramientas para intentar entender el mundo. Muchos pensadores habían destacado la importancia de la lucha por la supervivencia como motor de la conducta humana pero Fukuyama asigna un papel importante a las emociones humanas como directrices de la evolución histórica. Para él, la búsqueda del reconocimiento de su dignidad por los grupos sociales relegados es el principal factor que gobierna los grandes cambios políticos.

Este trabajo agrega una nueva variable al análisis: el cambio, y la reacción frente al cambio, en parte como consecuencia de la angustia que éste genera. Muchos de los cambios que hoy se enfrentan plantean problemas que exigen acciones de gobierno y, en la medida en que los gobiernos no están dispuestos o capacitados para encararlos, o por razones de supervivencia política no están dispuestos a promover sacrificios de corto plazo en aras de beneficios futuros, la efectividad del sistema político será cuestionada y eso plantea riesgos. La creciente influencia de los extremismos religiosos en el campo político y la manipulación demagógica de algunos dirigentes políticos de la angustia colectiva frente al cambio, son un llamado de atención sobre el creciente riesgo potencial de regímenes autoritarios.

 

Notas

  1. Alvin Toffler, Future Shock, Londres, Random House, 1970.
  2. El Club de Roma se destaca entre las organizaciones que han enfocado sus preocupaciones sobre el estudio de las interacciones entre las tendencias de variables importantes (por ejemplo, crecimiento demográfico, avances tecnológicos en la producción agropecuaria) sobre modelos “del mundo”, utilizando metodologías sofisticadas, como la Dinámica de Sistemas, pero estos modelos se concentran en la variables “reales” (población, recursos) y no intentan analizar los impactos del cambio sobre el contexto social y político.
  3. Francis Fukuyama, The End of History and The Last Man, New York, Free Press, 1992.