Sacerdocio
para equilibrar el universo
en el confuso transgredir de religiones
esclavos traumas
será necesario:
tres días de lluvia
el sacrificio de las aves sobre la columna del silencio
expulsar de Occidente los ministros (inocentes batracios)
secar los ríos púrpura que fluyen del confesionario en la cuaresma
y sobre la costra del desierto
dejar caer el muro de las niñas
Del dadaísmo del diablo
Dobla
dóblame
dóblate doblégalos
que los diablos débiles
digan de la directriz del día
los dédalos deseosos de dátiles
doscientos querubines díscolos
derrumban sus derechos desgastados
de verdad dicen que sus dioses
dialogan entre durmientes dromedarios
y al despertar dulcísimo
dantescos demonios despiden a Dadá
Círculo de sombras
Se presiente el encierro
en el convento los muros han envejecido su espera
ya la columna incendia los bosques
espirales espirales
los giros del fuego en su creciente
maduran
todo se reúne en derredor
hasta formar el ojo inmenso de la luna
que todo lo distingue y lo guarda
Porque el prostíbulo crece al afirmar la noche
descansan las clavículas
maderos desgastados
acero derruido de las celdas
sábanas de musgo
incensarios fértiles
columna de fuego bajando hasta el altar
y el holocausto
responso de iglesias
sobre el cuerpo en llamas de las monjas
campanario en éxtasis
tañe cobardía en la frente de sus víctimas
rosadas novicias
deseosas del perdón y el vino
ceremoniosa lencería bajo la sotana
El elixir de Satán
última fuente a través de su cadera
(donde bebe el macho cabrío sus temores lumínicos)
se acerca convicto en las paredes
dibuja en el suelo la magia de su cruz
y ríe a carcajadas contra los espejos
descolgando la sombra del hábito
en el portal de sacristía...
Cuando llega cabizbajo el alba
el filo de los dientes escapa en tulipanes de sol
el cuerno
atraviesa los vitrales inunda los retablos
y la carpa de aire
truena sus cuerdas sobre el infortunio
Manos afiebradas
círculo de sombras en el confesionario
Noche rota
I
te amé dentro del sepulcro hasta la inconciencia
y el ramaje de laureles contempló mi rostro famélico
mordiendo tus clavículas
el relámpago desprende salamandras del cuello
labios amoratados
bajo la huella de basiliscos que anuncian la madrugada
escapar de la noche en tulipanes negros
añorar la caída de las hojas sobre muslos sudorosos
volverse humus en el vientre victimado
bajo la claridad de tus ojos rutilantes
en el resplandor de las estatuas detenidas
se vuelcan las alas de los cuervos
II
el trigo dobla sus espigas bajo tu vestido sucio
de pie
alcanzas a detener el ciclo de la luna
los cometas se te enredan al cabello
diadema de luciérnagas
aura inconsumible
romper la hora exacta del amanecer
anidar la eternidad de la violencia
en los pasillos polvosos de este cementerio
III
soy el almendro
cuya sombra se postra hasta la tumba
un ladrido acercándose en la niebla
después de violar tu féretro
te elevo en las raíces de mis manos
hacia el eco creciente de la noche
Capricornio
para Ileana Garma
Veinte años y el cabello tapió las pantorrillas almendradas
soy alacrán inoculando veneno en el eclipse
es Enero
el hueso de los mangos prolonga sus aromas
úlcera de sangre rayando el horizonte
intactos golpeamos el aire
hasta sentirnos dentro de la muerte
cruza el viento en remolinos ámbar
tus clavículas emergen por las noches
se abren las venas ante la luz de golondrinas
mientes con el caracol dentro de los párpados
tus robles aprietan el pasto de la luna
en el resplandor de tus huellas
la sombra de la lluvia
dibuja ceniza en cada trébol
con uñas hiriendo el cenit de alumbre
sin claudicar los reflejos de la carne
triunfas
en los ríos negros que despueblan mi ser
Sacrificio
Es la muerte
un gato centinela en equilibrio de albarradas
Los diablos siegan las cabezas
como cortando trigo en el Verano
Relampaguea en su ritual la lluvia
los tréboles de luna cambian su sombra
El rostro es laberinto que asoma a la ventana
se abre el páramo
entierra su uña el trueno
Los árboles hambrientos de fuego
edifican la noche
Los ciegos
se agolpan en la cornisa a esperar el viento de la sangre
dar el último paso hacia el abismo
Cae el cuerpo
y sonríe la hoguera
Tántrico recuerdo de noche espesa
para Patricia Garfias
I
el clero de hipnóticos escapa en duermevela
recorre los suburbios heliocéntricos del dislate
filtra la sombra de agua sobre calles hediondas
que no se detienen junto al horizonte
permanecen a través de los garitos
intoxicando el garbo
las gargantas raspan lo etéreo del sonido ambiente
pasillos lustrados y asépticos rincones
batas clínicas y el trepidar de piernas
afuera
junto a los jardines
sobre el resplandor de las quimeras nubes
plenilunios en fuga maniqueos lacerantes
el acero de la espalda espera su caída oculta
atado sin premura a la cama de ciegos
introduce la nostalgia entre los ojos cánidos
sin agotar la calma
en los rincones del siquiátrico se abren los cerrojos
se preparan las jeringas enfáticas
y el desfilar de los calderos
hasta la cirugía hermética
con todo y luz grisácea
sobre los voladores del silencio
y la torpeza coaccionante
la desbandada estéril de los transeúntes
es la represión sin forma del anochecer neurálgico
imitación
copia fina
redoble de tambor
detrás del cortinaje de la mente
II
los lunes nadie se levanta a recoger migajas
piernas rebeldes sobre el rifle de los hombros
enredados gritos girando en las paredes
acusaciones de píldoras
y el envoltorio subterfugio sobre las almohadas
se eleva el rencor de los suicidas
hasta colgarse del techo
y mirar las sobredosis que desfilan su aburrimiento
en el climaterio de las ratas
se renuevan los revólveres de sombra
pedazos de invierno detrás de la cortina
y nadie llama por teléfono
en esta madrugada de auxilios e independencias
III
pero al retornar la noche
con rectilíneo paso detrás de la albarrada
adentro de los higos
cumpliendo el rojizo parpadeo de los musgos
somos cuarzo escondido (navaja nueva)
sombra de alacranes en los labios
secos ramajes que no palpitan flores
nadie pregunta entre la niebla
se eterniza la muerte
espera sigilosamente espera
que llegue la vértebra o el sueño de mandrágoras
a depositar la sien de podredumbre
plagado de silencios sobredosis y penumbra
viciando la caída nostalgia en la memoria
el relucir del viento inabordable
se introduce a los fármacos lunarios
IV
los tobillos traspasan el encierro y los jardines
se agota la mirada en el vaivén del reloj
la lluvia nicotina los consume
mirando las paredes
fijos en el movimiento de las escolopendras
entregados a la revolución fantasmagórica
con el fuego de las gárgolas
devoran el amanecer de los arcángeles
crucifican la noche en las columnas del edificio blanco
bajo todos los vitrales
en el dintel exorcizante de la gloria:
parasitarias víctimas de la cordura inhóspita
herrumbran los camastros
las conciencias de obstinados olvidos
relegados a su propia lepra
sobre los bordes de la ciudad amarga
Renacuajo celeste entre las rocas
para Ileana Garma
entre las piernas contenidas de la tormenta
sigilosas ondas recalan a contraluz
abigarrando el lodazal simiente
entre lirios agridulces
torpes sapos reinan
sus pellejos enfocan el sonido oboe de la noche
caudal inquilinaje de reflejos en el fango
y brotan de las perlas aceitunas
los hijos de los musgos
con sus retorcidas colas mortecinas
el vigilante ojo de los charcos
ante el reflejo exorbitante del relámpago
madura en remolinos bajo la hojarasca:
siempre que te tengo exánime
en labios celadores
indómita execrable disoluta
me pudro con las aguas
del pantano de tu vientre
Eterna búsqueda interior
para Patricia Garfias
No quiero su luz
no quiero su resplandor eterno
no el fulgor del mar inmóvil
no el tiempo sobre el cuerno del alba
ni sombra de eucaliptos
ni iguanos bajo el sol amargo
Somos pardos tigres que agonizan bibliotecas
elefantes de uñas planas que no dejan rastro
purificadas pesadillas del juglar arcaico
destello delirante colgado en la cintura de la noche
El tiempo gris se lava de las piernas útero creciente
violadas chamacas y los dientes sempiternos ácidos
el grito de las novias de encaje somnoliento
trasfondo de equinoccio arena
marea calamares pálidos oleaje
memoria intacta
Y si atravieso los manglares del alma
somos ventisca huracanada
glaciar disuelto en las hormonas
calcinados ojos
cadáver
átomo
dios
De la esquina del ahogo cuelgan las miradas
brincan las navajas todas
por las fronteras de luz
donde vislumbran el reto
mirando mirar esas arenas
que extienden la soledad y el horizonte de cactus
La conclusión de borracheras nace entre los dientes
toma forma y destino
se deja atrás el miedo atado en las palmeras
se olvida la milpa y el ritual de lluvia
El sol teje su iridio dentro de las células
avanza la arena en la mirada
mezclando genes sobre tréboles y un parto
el abandono de la hembra
adioses cortos
a la ciudad fantasma
nada importa dentro de la huída
Como centinelas a través de antros pendulares
esos volátiles gringos por la furia de ser parias antagónicas
mienten sus minúsculos reptiles fluorescentes
ofertan sus inagotables vicios
portarretratos del odio que los colma
a estos buscadores de oportunidad
sitiados en la penumbra del sueño
Tiemblan pétalos por la trenza de las indias confidentes
quedadas bajo las palmeras
olvidadas dentro de las casas
labrando silencios en la roca
remolino amargo de la piel levantando escarcha
combustible pretérito de incandescencias hostiles
esperan el regreso del viajante o del dólar
hasta agotar la honra
Y el milagro en cada célula
es nacer de la derrota
Detrás de la albarrada
las lenguas y el hambre de los perros del sol
esconden su tragedia mecánica
labios agudísimos liban por la luz
Ellas
se enredan sobre sí mismas ante la codicia de las manos
que les alimentan las carnes
en este abandono de hombres
que han huido a las fronteras
Ellas permanecen
como álamos girando sus raíces
miran como el sitio se conforma de dragones y rameras
opacan los goces trastornados tornasoles
quiebran las caderas por la música egocéntrica
en los colmados tugurios donde precipitan
Sobre la noche neón que se percibe intacta
brincan la madrugada hasta el cansancio alterno
y los roedores de su carne
arrastran el sentido
derramando espejos lacerantes
al tic tac de las piernas sin costura
Las costillas se abren al reflejo
abierto grito para un eco sin rencores
para que caiga el agua...
y el vinagre de sueños hermafroditas
Ellos en la huída
consumen consumibles confiscados
en esas fronteras que ahogan las vidrieras
en esa esquina rota esquina boomerang
ese río que se lleva los complejos a contrapelo
Dentro de la arena
bajo la nostalgia lengua que adorna sus mástiles
su maíz transgénico
su frijol y su machete antiguo
De aquellas noches de silencios
sólo queda la calavera al polvo
la hembra al viento
lejanos como el recuerdo
bajo la niebla de la rabia
siempre dispuestos siempre
a ser ahogados
por la supremacía del sueño americano
Delicadas manos las recorren
cumplen sus años vírgenes
caminando salones pletóricos de globos plateados
fulgurantes
espejos miradas pegajosas
rostros alegres de los conciudadanos parias
motín de sociedades disolutas vestidas de frac
oliendo a yerbabuena
sitiadas como flores hambrientas
enroscadas en sutiles arcos
semejando serpientes mordiendo los pliegues del pudor cansino
bajo adornos metálicos colgados de los techos
altos como el orgullo
blancos como la honra
y con los candelabros vislumbrando alfombras rojas
estas niñas debutantes se perciben limpias
como los días antiguos
y los apellidos de siempre
entre crinolinas
se deslizan en brazos de hombres inconclusos
en el vals que hastía con sus notas la lustrada duela
y crece el láser sobre los cabellos engomados
la luz negra
vigila la cornisa de sus labios
el ci di digital estereofónico esculpe la noche que comienza
se sueltan las correas
ellas encienden la entrepierna en los dedos chambelanes
que portan en solapa tulipanes blancos
camuflajeando los condones
las pastillas de menta y la garra del deseo
después de tragar la hostia (ante la cruz
y de rodillas)
reniegan destinos de pureza
¿victimadas rosas o sedientas ninfas?
afloran en las mejillas el maquillaje de besos
y abandonan madres moral religión alabanza
olvidan los voluntariados el catecismo
y sus tres dioses unificados de esta globalización masiva
blasfeman la agonía del vestido largo
disuelven los peinados y con las zapatillas en la mano
corren a petrificar su sexo
tras esconder el ramo y arrancarse el relicario
purifican con semen los hábitos de la familia
y exasperando el deseo
hurgan las braguetas ¡hermosas!
golpeando los senos con rosarios aromáticos
rítmicamente
bajan y suben la vagina excelsa
atravesando la herida
el sueño anticonceptivo del Poder
que ahora las corona