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Poemas

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Humo rojo de Java

El amor es humo que se mueve
y que por un delicioso efecto mariposa
llega al entorno de alguien
y viste de sueño sus ojos

Pero es humo que empezó a elevarse en Java,
o en algún lejano oasis, o en un río,
o en la chispa de la aurora sobre un mástil,
o en las laderas de un monte antiguo

Es humo color rojo,
como el color de la noche vista desde Orión,
y anda entre los libros y los huecos de los libros,
y entre los dientes cuando se agitan para sonreír

Por eso cuando éramos niños
entrábamos las manos
en los armarios donde habitan las fotos,
y las traíamos manchadas de rojo

Y esa dura tristeza de los momentos sublimes,
esa perfecta lejanía,
es porque es humo rojo que se eleva en Java

 

La alfombra de Aladino

Si estuvieras aquí
tomaría tu sangre no muerta
y la llevaría conmigo
en la alfombra de Aladino,
con un turbante feroz y sublime,
y con risas en la parte interior de mi cara,
y con los ojos en el nacimiento del fuego

Tendría la cara levantada
como el rey de los orgullosos
y mis manos en la raíz de tus senos

Si estuvieras aquí
chuparía tu boca
como si fuera dátil,
y bebería el agua
que lleva a tu sexo
hasta nunca saciarme

Requiero tu olor
con el secreto objetivo
de revolverme en él.
Mujer, mujer hermosa bañada
en Gardahia, o en Tahit,
o en Salah, o en Tiberias,
conviertes mi sangre en sexo

Si estuvieras aquí
te daría las águilas y los halcones
que habitan en mis neuronas,
y recibiría de frente
la oleada de tus ojos,
y llovería verde,
llovería dunas y mares verdes,
y mis manos escarbarían en tu vientre verde
para olerte hasta el alma

No hay alternativa más que tú,
amo la llegada de tu aliento
envolviendo mis ojos,
amo tu boca antigua como la arena,
mujer de Tamanrasset o de Magdala,
amo tu voz sobrecogida y triste,
como dolor de luna rota

Si estuvieras aquí
me ungiría con tus lágrimas
y te amaría hasta volverme loco,
y bailarías hasta que yo
habite en tus muslos
y sepa cómo morderlos,
y vería cómo tu cabello
me busca en el viento,
volando en la alfombra de Aladino

 

Jazz

Bebes del vaso y el jazz vuelve a nacer,
es humo toda tu boca sobre el vaso,
y tu pelo es humo oscuro
que abre y cierra tu mirada

Eres el jazz, la sed del humo
en este color de vértigo,
eres la mano en la mesa
y tu ropa en el furtivo verde

Bebes y miras como si fueras indefensa,
como si no conocieras la madera,
como si no surgiera el alba de tu boca,
como si no lloraras en los atardeceres

Me miras con tanta luz en los ojos
que haces que mi boca se abra,
y vuelves con tus animales de humo
con el jazz en las caderas, y en la casa

 

La fuente

Tú sentada en una silla
eres el origen del aire.
Tanto tiempo buscándolo,
tantos exploradores intrépidos.

Resultó que no había nada,
la fuente aparece ahora
cuando miras desde una silla
con soles rojos en tus ojos

Escribirán mentiras imposibles
en los libros de geografía:
“no hay una fuente para el aire,
se formó hace millones de años,
y gracias a él vivimos”

Pero yo diré que es mentira
allá donde haya que decirlo.
Iré a congresos, reuniones sesudas,
iré incluso a los periódicos:
“Hay una fuente de donde nace el aire,
y es una silla y una mujer
con los cabellos largos”

Me pedirán pruebas, y yo sólo ofreceré
una lágrima con una lágrima dentro.
La pequeña es verde,
como savia que lleva un solsticio.
La escrutarán, y verán al microscopio
una mujer en una silla.

Tu mano derecha duerme en la sombra,
tu mano izquierda es un resplandor
que aviva el fuego.
Es tu boca, en una silla,
la fuente del aire

 

Las cuatro locuras

Un dios especialmente ensañado
levantó mi cabeza y trasladó mi cuerpo
al frío mundo de las cruces
Me dijo con su mano blanca:
“Te doy cuatro locuras,
habrás de hacerte fuerte y llevarlas a cuestas,
como si lloraras desde detrás de tus ojos”

Y de repente me vi
en un camino muerto por las nieblas,
desnudo y soberbio, y con mi cuerpo blanco.
Hube de atravesar los recuerdos,
apilados en torno a palos de madera,
y el anhelo de las bocas,
y todo se quedaba atrás:
esta fue la locura del norte,
la locura de la muerte con una hoz
y una sotana negra.

Tuve frío, y yo era un animal
bajo una manta.
Se me llenó la boca de colores
y sólo pude escupir cintas delgadas,
como arco iris mustios y arrugados:
se me vino de frente la locura del sur,
y también le preparé una casa

La locura del este, la de la sangre,
acarició mi frente con una mano extendida.
Puso en el camino un arco
para saciar las heridas, y me dijo:
“apunta al corazón, esa es la rutina”

Armado, con el color adecuado,
y sin miedo a la muerte,
quise mirar a los hombres como si yo fuera un hombre,
pero sólo vi sus rastros de tristeza.
Si alguien me habla, oigo la parte
que aún no ha despegado de la tierra,
una mirada siempre trae todo lo que pudo ser,
y yo veo cómo palpita esa nostalgia.
Mido a los seres humanos por sus racimos de tristeza:
para siempre quedé envuelto en la locura del oeste

 

Boca

No tu voz, sino tu boca,
se revienta y se funde
en la pócima del druida

Todos deben morirse
para calmar tu ira de inocente.
Pero tú, quedas en la menta,
siempre viva, entre todos los días.

Y en la tierra sucederán los hachazos,
sucederán las casas, sucederá la muerte.

Todo será un aullido que no cesa
hasta que asciendas desde la hierba,
hasta que decidas recoger
las gotas de tu boca,
y vuelvas a convertirte
en el milagro del viento en mis ojos.