Letras
Poesía ligera para almas en desuso

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A Magalí,
por ahogarme en los suicidas
mundos de la depresión y el desuso.

Minuto diez y siete

Yo podría pedirle al instante de luz que se quede, pero prefiero hacer que se erija sordo sobre mis labios que escuchan más palabras dichas por esto o aquello, en este lado del silencio con el que persigo a Magalí el resto de mis sueños. Aunque ella bebe de la vida de otro y yo me arrastro en el minuto diez y siete donde principia la mortal derrota que se mete en los ojos de mi madrugada.

Y es que no pretendo ir a casa por ella, no me importa volar contagiado de las tres manos de mi alma. A mí, hoy solo me interesa olvidarme de los insectos que me invitan a ser mosca. Y tú magalí-mata bichos, eres la verdad de un yo-todo-roído

*****

Pastoso evento elástico, cuento híbrido y desamparado, al que no es ni un suspiro en ti

 

Alma en desuso

I.

No sé de quién es esto otro que sobra y escurre cerca de los labios lentos que no salen a buscar luto. No lo sé, y por más que me esfuerzo no lo sé, pienso que estás y en realidad no, creo en los mundos hundidos y busco la llave maestra de las ciudades perdidas, la que sea de todos y me use, y me busque tras el patio.

Los deshuesaderos en desuso de mi alma, el cuento, la historia, tú, ninguno; sólo hay más palabras, más bocas, más besos en otros, más luto... ¡Más luto!

 

II.

Detrás de tu ventana saltó el mediocre que esta tarde llora vestido de negro y no lo miras, es quizá invisible, es tal vez un enano aturdido y sin cuerpo, medio loco, fantaseando sus tres egos y convencido de que mi cabeza no está sobre los hombros.

 

III.

Qué esperanza es la de salir libre de mis vicios, estoy adherido al piso y mi anhelo duerme en el rincón  fantástico de los espejos.

 


 

I.

¿Cuántas mujeres más ordenaran mi muerte a los jueces del karma? ¿Cuántas más darán cuerda al reloj que marca mis horas hacía atrás? ¿Cuánto más caeré podredumbre de mis misterios o elevaré el cuarto donde vivo hasta el infinito volteado de cabeza? Luego, solo, desesperanzado, beberé el insomnio del universo perdido en un beso  incierto, y vagaré en el vasto espacio que nadie ocupa desde ayer.

 

II.

Todo está herido y mis talones débiles, y mis sorprendidos alegatos conmigo mismo se vuelven el veneno en mi aire, martirizan este cenicero mortal. El fuego misterioso de las des-horas se escapa de mis añoranzas falsas, tan falsas como mis historias, tan falsas como el yo que presume su etéreo decir de cosas que no hacen falta a nadie.

 

III.

Con todo y él mismo arrastra su vida, la envuelve en sortilegios, la engaña y la arroja al mar; se pierde con ella amarrada a sus pasos...

                                                               ¡Hasta el hartazgo de tanta mierda!

 

Hoy tú

I.

Hoy desperté mediocre y cansado y triste y jodido. Tenía por la mañana un nombre rodeando mi boca, era como el beso que respiro a veces, cuando logro soñarte.

 

II.

Hoy reventó mi cuerpo, se gozó pálido de la vida ordinaria, se enroscó como armadillo...

Hoy despertó mi cuerpo contigo en las venas y no tuve más ganas de hablar.

 

Fragmentos para una noche con mucho sueño, poca luna y María envenenada

I.

Ya me cansé de escribir al revés, porque tengo mis manos atascadas de sapos, yo el gigante idólatra, el supuesto espectro sentado frente a un gran error.

 

II.

Llegó ahí mi pesada existencia, entró a la casa cobijada con tristeza, encontró enredados mis vicios en la sabana, y la vida creyó que soy color de invierno, o cualquier otra sonda contagiada de los lilas del humo de Eva.

 

III.

Llega alguien a la cama, la miro patidifuso, no le creo, es una mentira, se altera al verme triste, sirve vino tinto, desnuda su cuerpo. Me toca, quiebra el vaso de mi depresión un rato más tarde cuando llega la verdad.

 

IV.

Yo aquí aburrido y menguante, mejor me voy con los otros dos que soy.

 

V.

Magalí, que existe en gotas de dos décadas, es principio y fin de la guerra, de la solvencia en calma por enajenación del malo.

 

VI.

Tengo sueño, y cuando duermo soy tres. Y nadie más podría imitarme; soy el que escribe y por la tarde su debilidad mental le dicta algo desconocido a los mil que no existen.

Soy entonces el que duerme, soy el que juega, y detesto el juego que hago para saber por qué soy, y le abro la puerta al mortal negro; y soy el otro, yo-tres, soy culpa, soy juego, soy sueño.

El yo tercero confiesa su culpa, es el que no creo ser yo. Soy entonces, el último yo, el que murió en tu casa (Azazel).