Centenares de personas, entre familiares, amigos y admiradores del periodista polaco Ryszard Kapuscinski, acudieron el miércoles 24 de enero al funeral del destacado escritor, quien falleció el día anterior en Varsovia a los 74 años de edad, víctima de una grave enfermedad por la que había sido sometido a una complicada operación el sábado 20.
La bandera roja y blanca de Polonia cubría el ataúd cerca del altar, donde el cardenal primado Jozef Glemp presidió la misa fúnebre en la iglesia de la Santa Cruz. En una carta leída por un ayudante, el presidente Lech Kaczynski llamó al escritor “un gran polaco, cuya grandeza fue expresada en su amor al mundo, el Tercer Mundo”.
Kapuscinski, quien se hizo famoso con sus crónicas de guerra, golpes de estado y revoluciones en África, el Medio Oriente y América Latina, nació el 4 de marzo de 1932 en Pinsk, una ciudad que se encontraba entonces en el este de Polonia y es hoy parte de Bielorrusia. Escritor, periodista y ensayista, se licenció en historia en la Universidad de Varsovia.
Considerado uno de los mejores reporteros del mundo, fue miembro de varios consejos editoriales y desde 1962 compaginó sus colaboraciones periodísticas con la actividad literaria. Es autor de 19 libros, de los que se ha vendido cerca de un millón de ejemplares y por los que ha recibido numerosos galardones.
Entre sus obras más conocidas se encuentra Ébano, considerada por muchos expertos su mejor libro, en la que a través de varios reportajes describe diferentes países de África. Otras de sus obras son La guerra del fútbol, en la que habla sobre diversos conflictos africanos y latinoamericanos; Viajes con Herodoto o Los cínicos no sirven para este oficio.
Fue también un viajero incansable por los rincones más remotos de Rusia, cuya realidad narró en su libro El imperio, en el que relató el derrumbe de la Unión Soviética y cómo vivían sus habitantes, con temor y esperanza.
Trabajó como corresponsal de guerra para la agencia de noticias Polish Press desde 1958 hasta 1981, años en los que cubrió cerca de diecisiete revoluciones en una docena de países del Tercer Mundo y donde cosechó un gran éxito gracias a su peculiar estilo. También colaboró con publicaciones como The New York Times, Time o el alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, lo que le valió ser considerado uno de los mejores reporteros del mundo.
Nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Silesia en 1997 y por la Ramon Llull en 2005, ha obtenido diversos galardones por su creación literaria como el Alfred Jurzykowski (Nueva York, 1994), el Hansischer Goethe (Hamburgo, 1998), o el Imegna (Italia, 2000).
Toda su creación, pero también sus ideas sobre la profesión de periodista, que consideraba una misión y una vocación, pero no una fuente de dinero, le mereció muchos premios, entre ellos el premio del Pen Club polaco en 1989 y el Premio Príncipe de Asturias de las Comunicaciones y las Humanidades en 2003. También recibió en mayo de 2006 el V Premio de Periodismo Miguel Gil Moreno, que conceden la editorial Random House Mondadori y la Fundación Miguel Gil Moreno.
En los últimos meses vio mermada su salud hasta el punto de tener dificultades para andar y moverse, pero jamás dejó la máquina de escribir. Fue operado el sábado 20 de enero porque los médicos consideraron que solamente una intervención quirúrgica podía devolverle la salud o, por lo menos, frenar su deterioro. Según fuentes médicas, no se le despertó de la anestesia hasta el lunes 23, porque lo veían demasiado débil.
Fuentes: AP • IBLNews