Editorial
De la intertextualidad al plagio

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El escritor argentino Sergio di Nucci ha protagonizado un agrio episodio en su país, al serle revocado el premio La Nación-Sudamericana que recibiera a finales del año pasado por Bolivia Construcciones. La razón: Agustín Viola, un joven lector de 19 años se puso en contacto con Editorial Sudamericana para advertir que la novela presentaba “extrañas similitudes” —como las ha llamado el jurado— con Nada, novela de la española Carmen Laforet que en 1945 ganó la primera edición del premio Nadal.

Tales “extrañas similitudes” se acentúan entre las páginas 167 y 200. En el blog Persecuciones se cita un párrafo completo en el que se aprecia cómo Di Nucci cambió algunas palabras para adecuar Nada a lo que terminó siendo Bolivia Construcciones. En cursivas las frases que corresponden a la novela de Laforet:

Entramos en un pasillo negro, completamente silencioso, (me acuerdo de que íbamos por una calleja negra, completamente silenciosa) cuando se abrió una puerta por la que salió despedido un peruano borracho (cuando se abrió una puerta por la que salió despedido un hombre borracho), con tanta mala suerte que cayó sobre Mariano, haciéndolo vacilar (con tanta mala suerte que cayó sobre Juan, haciéndolo vacilar). Pareció que a Mariano le corrió una descarga eléctrica por la espalda (pareció que a Juan le corría una descarga eléctrica por la espalda). En un abrir y cerrar de ojos le pegó una trompada en la mandíbula, y se quedó quieto, esperando que el otro se repusiera (en un abrir y cerrar de ojos le propinó un puñetazo en la mandíbula, y se quedó quieto, aguardando a que el otro se repusiera). Al cabo de unos segundos estaban enzarzados en una lucha bestial (al cabo de unos minutos estaban enzarzados en una lucha bestial).

En su descargo, Di Nucci ha declarado a la prensa que, ya en su primera entrevista con el diario La Nación, había hablado de la reescritura “como un principio constructivo de la novela”. El escritor, colaborador asiduo en Página/12 —donde no parece haberse hecho mención del lamentable episodio, al menos en su versión en línea—, recurrió a la existencia de trabajos académicos que reconocen la validez del procedimiento. “Con sólo introducir una única modificación un mismo texto cuenta otra historia”, indicó.

Las acusaciones de plagio suelen excusarse tras el concepto de intertextualidad: todo lo que pueda escribirse hoy en día ya ha sido escrito anteriormente. Cualquier giro que creamos haber descubierto en el lenguaje puede tener referentes en el pasado. Ninguna palabra es nueva y ningún escritor puede aducir originalidad absoluta.

Sin embargo, son todas éstas formulaciones que bien pueden sustentar una filosofía de la creación artística, pero que a fines prácticos no pasan de ser meras sutilezas. Aunque Di Nucci cita ejemplos como el sampleo o los ejercicios plásticos de Andy Warhol, los miembros del jurado —Carlos Fuentes, Tomás Eloy Martínez, Griselda Gambaro, Luis Chitarroi y Hugo Beccacece— no son de la misma opinión y han justificado su decisión de revocarle el premio en que la novela no es una “reescritura”, pues los retoques que el autor argentino hizo sobre el texto de la española son mínimos.

Algo que se le ha criticado mucho a Di Nucci estos días es la ausencia total, en Bolivia Construcciones, de referencias explícitas a Laforet o a su obra: el lector estaría obligado, de esta manera, a encontrar los puntos en común entre ambas obras y, más, a perdonarlas en virtud de un supuesto ejercicio de intertextualidad. Y es que ahí radica uno de los principales problemas del plagio: si todo ya está escrito, ¿dónde se encuentra la frontera entre un homenaje y un robo? ¿Puede un autor, tras “introducir únicas modificaciones” a un texto de otro, aspirar a que su obra sea considerada, con todo derecho, original?