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Trascendencia

En el instante de la partida se separó a cientos de cuerpos del resto del grupo, orientado por las tenues contracciones que indicaban el llamado, su capacidad de avanzar lo hacía invulnerable ante cualquier peligro y riesgo que se pudiese presentar.

Poseía la información genética capaz de crear un ser fenomenal, con características únicas, representando un paso importante en la transformación de la humanidad. Con sólo fecundar el óvulo se desarrollaría para formar el primer neo-sapiens.

Al presentarse el momento crucial logró realizar su entrada triunfal sin desprenderse de su cola.

 

Kamikaze en Pueblo Nuevo

Jamás pensé encontrarme frente a él. Representaba el último obstáculo para cumplir el objetivo que tenía propuesto, de nada serviría todo el trabajo realizado hasta el momento si no lograba superar al rottweiller que se plantaba ante mí cual cancerbero proveniente del mismísimo búnker de Hades. Sus gruñidos intentaban infundirme pánico y con movimientos pausados se iba acercando al punto donde me encontraba estático, sin ideas y desconcertado. No era el momento pero era inevitable el hecho de recordar aquel par de ocasiones en que fui víctima de la mordedura de estos animales, el haber traspasado su zona de seguridad lo había pagado con un precio muy doloroso y con cicatrices imborrables. Pero, de un instante a otro, el perro desaparecía en medio de la multitud. El combinado aurinegro acababa de marcar una anotación en tiempo de prórroga y nos mezclamos en la celebración sin importar que hasta hace pocos momentos las circunstancias nos habían obligado a considerarnos como enemigos mortales.

 

Blanca amada

Para entender los orígenes de nuestra relación con Blanca Amada Lozano basta con rondar los predios de una adolescencia en pleno rebullicio hormonal. Ella, un tanto mayor que nosotros, apareció de algún agujero negro cósmico para decidir arbitrariamente el vaivén de las experiencias por vivir. Con el pasar de los días uno a uno de los siete que conformaban la pandilla cedimos a la enmarañada red que Blanca Amada dispuso para nosotros. Ante tanta inocencia y ocurrencia se iban desencadenando los hechos que se sucedieron sin descanso hasta que decidimos convertirla en nuestra cautiva, encerrarla en mi casa y no darle salida alguna hasta que el ocaso nos advirtiera que ya había sido suficiente.

Al principio las faenas eran fenomenales, ninguno parecía tener descanso, llegando al colmo de repetir hasta en cinco o seis ocasiones, pero llegar a imaginarse la cantidad de orgasmos que experimentó Blanca Amada sería calar en lo absurdo. Debido a esto se dispuso la logística que se manejaría para alimentarla, vestirla y contarle aventuras provenientes de las revistas de historietas para entretenerla mientras cargábamos las baterías, aunque no fue tarea fácil por la dificultad de ponernos de acuerdo (siempre hay uno más aventajado); sin embargo, ella supo manejar la situación para no perder la armonía que lográbamos cada vez que le hacíamos el amor.

Mi casa se había transformado en un torre inexpugnable, dada la ausencia de mis padres y a la enormidad de excusas que afloraban para permitirnos vivir la experiencia de ser reos de esta mujer que jamás, mientras duró todo esto, llegó a tener una sola queja, y eso sí, con mucho esmero lograba hacer explotar una y otra vez nuestras reservas de amor y convertir nuestros testículos en dos esferas inertes suspendidas en la Vía Láctea. Al igual que Teodora de Bizancio, Blanca Amada no quedó con hueco en su silueta perfecta que no fuese perforado, dispuesta en todo momento a brindarnos los fluidos energizantes, fluidos que tenían poderes sobrenaturales sobre todos nosotros. Con el pasar de los días llegamos a confundirnos con un monstruo de siete cabezas, siempre dispuestos a complacer todos sus caprichos sexuales, viéndonos en la necesidad de saciar hasta la plenitud toda la lujuria que nos consumía al sentir que estábamos a escasos centímetros de su ser, por tal motivo Blanca Amada tomaba posesión de nosotros, de nuestros penes y de nuestro corazón.

Esa mujer llegó a amarnos más de lo que nos podíamos imaginar, todo ese caudal de sensaciones no podría describirse tan fácilmente, de lo contrario nuestra pena no hubiese llegado a tener los veintitrés meses catorce días y ocho horas que vivimos siete pendejos, locos por tener sexo desaforado con una mujer ninfómana, inacabable, que podía albergar amor por cada uno de nosotros en la misma proporción sin darle cabida a la rutina, al cansancio, ni mucho menos al hastío, pero la muy desgraciada cayó en la trampa y desde el mismo momento que probó esa manzana decidió abandonarnos y encerrarse en una cámara de cristal, conservándose intacta, hermosa, como si los años no transcurrieran por ella, eso sí, dormida y ajena a nuestras súplicas de que regrese y volvamos a ser los mismos de antes...

 

Placebo

Sólo me bastaron treinta segundos para hacer el hallazgo que me traía de cabeza desde hace varios días. Tentado por Hipnos, descendí por un camino desconocido. Mi propósito se fijó como un gran cartel cuando decidí cerrar los ojos para escarbar por los vericuetos de las circunvoluciones y espacios de memoria RAM. Ante indicios de desesperación, recibí la ayuda extra de Morfeo, el cual, siempre atento, me colocaba en bandeja de oro el número telefónico que me serviría de enlace para encontrar a Laura, la mujer con la que había vivido la experiencia más obsesiva de todos los tiempos.

 

Policromía

Con el pasar de los días, el peso en la conciencia de sentirse cómplice de la fechoría cometida meses atrás había mermado, sus nombres no aparecían con tanta frecuencia por los medios de comunicación y ello le daba la tranquilidad necesaria para deleitarse con el producto del robo: dos obras pictóricas de un autor sumamente reconocido. No obstante, el influjo que recibía de uno de los cuadros era cada vez más tormentoso, no resistía la tentación de admirar la obra el tiempo que fuese necesario, todo el colorido psicodélico que inundaba su ambiente lo llevaba a transportarse por cualquier aventura del Capitán Centella, sentir con alto grado de excitación los poderes de algún rey mesiánico. El maleante carecía de decisión propia, su vida giraba en torno a un derroche de colores que evocaban nostalgia, tristeza y desesperación, tan notable era su entrega que no dudó en gritar fuertemente cuando su cuerpo llegó a paralizarse por completo para iniciar una fusión con el protagonista de la pintura.