Artículos y reportajes
Miguel HernándezMetáforas de la naturaleza

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Y es que el polvo no es tierra.
La tierra es amor dispuesto a ser un hoyo,
dispuesto a ser un árbol,
un volcán o una fuente.
Mi cuerpo pide el hoyo que promete la tierra,
el hoyo desde el cual daré mis privilegios de león y nitrato
a todas las raíces que les tiendan sus trenzas.
1
Miguel Hernández
Orihuela, España
1910-1942

Las personas que tenemos alguna relación de trabajo con la naturaleza conocemos la verdad de a puño que se describe en el primer verso; Ana Primavesi nos invita a evidenciarlo de la siguiente manera: Todos sabemos que entre los granos de trigo o de arroz existen intersticios relativamente grandes. Si se derramara agua por encima de estos granos, desaparecerían rápidamente, infiltrándose por los “poros”. Pero si el trigo estuviese molido como harina, existirían únicamente espacios minúsculos entre los granos, y si el agua se derramara sobre ella, hará un pozo, penetrará lentamente, y no la mojará toda.2

En la experiencia que propone la ingeniera agrónoma, los granos de trigo o arroz representan los grumos del suelo, formados por minerales pegados por el proceso biológico que sucede en el suelo cuando fauna y flora, tanto micro como macro, pueden disponer de materia orgánica; entonces hemos conseguido un suelo productivo.

El suelo productivo es la fuente de nutrientes con la que el planeta se viste de verde, es decir, de organismos productores de energía, principio de esa larga cadena alimenticia de la que todos los animales somos parte. Pero además, es la esponja que retiene el agua, la almacena y la entrega dosificada en las fuentes o afloramientos, para que luego bañe y recorra todas las oquedades de la tierra.

Los organismos vivos, irremediablemente inscritos en alguna cadena trófica, tenemos por final la muerte y, excepto la especie humana, que ha revestido con ritos tal suceso, todos pasan a ser parte de la digestión del suelo por la actividad de los saprofitos, que desbaratan la materia orgánica y lo hacen grumos para introducirlo de nuevo en la cadena. El sentido metafórico de león, fuerza, poder, superioridad, no nos exime del nitrato u origen escuetamente bioquímico de la materia; león y nitrato son las dos caras de la misma moneda.

En virtud a su concepción de la naturaleza sujeta a ciclos, el poeta lamenta así la muerte de Federico García Lorca: Primo de las manzanas, / no podrá con tu savia la carcoma, / no podrá con tu muerte la lengua del gusano, / y para dar salud fiera a su poma / elegirá tus huesos el manzano.3 La muerte de Federico no acallará su voz y Miguel nos lo dice con la metáfora de la poma o fruto; es la estructura de la planta, en este caso por demás bella, donde se alberga la semilla o posibilidad de perpetuarse; toma a su vez, para formarla, los huesos, elementos más resistentes a la descomposición del cuerpo humano.

No es casualidad ni artificio que el título de uno de sus primeros libros sea Perito en lunas, experto observador de la naturaleza por su oficio de cabrero en la sierra levantina de España, comprende el concepto de nicho perfectamente: Lagarto, mosca, grillo, reptil, sapo, asquerosos / seres, para mi alma son hermosos / / Porque por vuestra boca venenosa y satánica, fluyen notas habidas en la siringa pánica. / Y porque todo es armonía y belleza / en la naturaleza.4 Recordemos que en los versos del epígrafe, evidencia la función de los organismos saprofitos.

En una semblanza al trabajo del campo, hace referencia a su consustancial baño de sudor: En el mar halla el agua su paraíso ansiado / y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje. / / Llega desde la edad del mundo más remota / a ofrecer a la tierra su copa sacudida, / a sustentar la sed y la sal gota a gota, / a iluminar la vida.5 También, haciendo referencia a la producción agrícola, expone con sencillez el ritmo con el que se resuelve la naturaleza y que las modernas empresas agrícolas no han podido asumir, para desventura de la primera y de la especie humana con ella: No espere, pues, que le den / aquí una cosa al momento, / que el ave, la tierra, el viento, sin precipitar su modo / pacífico, lo dan todo / con el mismo movimiento.6

Sin embargo, en el conocido poema Las nanas de la cebolla, la mención al bulbo no es metafórica, es la escueta descripción de una realidad, o por lo menos la realidad que le describe por carta su esposa, haciendo mención al hambre que padece junto con el hijo. Hasta el momento, se esboza la gran comprensión y sintonía del poeta con los elementos de la naturaleza y la forma como se relacionan; pero también es fundamental en su obra, el hecho de pintar los paisajes humanos, dando voz a dichos elementos e interrelaciones. En el mismo poema describe la delicadeza y suavidad que caracterizan la infancia: Ser de vuelo tan alto tan extendido / que tu carne parece cielo cernido.

La imagen del sol, motor de la vida, da cuenta del gran evento de la reproducción: La gran hora del parto, la más rotunda hora: / estallan los relojes sintiendo tu alarido, / se abren todas las puertas del mundo, de la aurora, / y el sol nace en tu vientre donde encontró su nido.7

Tomando el orden cronológico, ahora unido al horror, pues hace referencia a la niñez trabajadora: Empieza a vivir y empieza / a morir de punta a punta / levantando la corteza / de su madre con la yunta. / / Cada nuevo día es / más raíz, menos criatura, / y escucha bajo sus pies / la voz de la sepultura. / / Y como raíz se hunde / en la tierra lentamente / para que la tierra inunde / de paz y panes su frente.8

El quehacer humano y literario de Miguel siempre fue comprometido en la construcción de la justicia social, norte por el cual se jugó la vida: Si tu, Lorenzo, aconsejas / paciencia, vete más lejos / y predica tus consejos / en medio de las ovejas. / Sólo oirás en ellas quejas / de paciencia en abundancia, / pero jamás la distancia / ni el cielo temblará un día / con truenos de gallardía / y rugidos de arrogancia.9 Este verso permite relacionar león, mencionado ya en el epígrafe, con rugidos, como invocación hernandiana a la fuerza, al coraje, valores a los que convocó con insistencia en ese momento aciago de la historia de España.

De cuánto admiraba el poeta los valores que reclama en el león y el rugido, da cuenta su poema a la Pasionaria, dirigente comunista española, uno de cuyos versos dice: A sus pies la ceniza más helada se encona. / / Vasca de generosos yacimientos: / / encina, piedra, vida, hierba noble, / naciste para dar dirección a los vientos, / naciste para ser esposa de algún roble.10

Nunca tuve zapatos, / ni trajes ni palabras: / siempre tuve regatos, / siempre penas y cabras, / Me vistió la pobreza, / me lamió el cuerpo el río, / y del pie a la cabeza / pasto fui del rocío.11 En dos estrofas narró la pobreza en la que transcurrió su vida; pero en aquella época, su condición no era la excepción, era el común denominador; devienen entonces como sociedad, protestas, revueltas, guerra... la injusticia tiene un punto de quiebre, de ahí que: El animal que canta: / el animal que puede / llorar y echar raíces, / rememoró sus garras. / / He regresado al tigre. / Aparta, o te destrozo. / Hoy el amor es muerte, / y el hombre acecha al hombre.12

Con la fuerza de las armas y la estructura de la cárcel, la búsqueda de la justicia social fue postergada; habiendo padecido Miguel ambas acciones, así canta a la libertad: ¿Quién ha puesto al huracán / jamás ni yugos ni trabas, / ni quién al rayo detuvo / prisionero en una jaula?13

La naturaleza tiene voz propia en el verso hernandiano, bien expresándose a sí misma o cuando se hace metáfora para dar a conocer pequeños y grandes momentos de los avatares humanos y sociales. En palabras de Francisco Umbral: cuando los poetas inmediatamente anteriores a él llevaban años engañándonos con rosas mentales, Miguel Hernández nos trae una brazada de rosas de rosal, de flores de almendro, de limones de limonero, de cebollas y tierra estercolad.14

Lo que hoy llamamos ecosistema o elementos del ambiente entretejidos de forma económicamente estable, asombrosamente variada y estéticamente bella, para el poeta eran su cotidianidad; Agustín Sánchez Vidal, estudioso de su vida y obra, nos lo dice: Miguel basa su cosmovisión en la naturaleza; ahora bien, la naturaleza es armónica, por ser resultado de su equilibrio; luego la cosmovisión que la refleje terminará siéndolo también.15

En defensa de la naturaleza y de la vida, la comunidad científica, los movimientos sociales, las personas sensibles, responsables, de pensamiento colectivo e incluyente, se han unido; la presencia de la comunidad literaria tiene un papel protagónico, por su connatural atributo de seducir. No sin razón, en alguna ocasión desesperada, una anciana se acercó a Alejo Carpentier para decirle: ¡Defiéndannos ustedes que saben escribir!16

Texto publicado en la Revista Ambiental El Reto, febrero-marzo 2006, Nº 60. Incorporado a los fondos de la Biblioteca Pública de Orihuela en la Sección Hernandiana.

 

Notas

  1. Del poema “Vecino de la muerte”.
  2. Ana Primavesi. Manejo ecológico del suelo.
  3. Del poema “Elegía primera, A Federico García Lorca”.
  4. Del poema “Lagarto, mosca, grillo...”.
  5. Del poema “El sudor”.
  6. De la obra de teatro El labrador de más aire.
  7. Del poema “Hijo de la luz”.
  8. Del poema “El niño yuntero”.
  9. De la obra de teatro El labrador de más aire.
  10. Del poema “Pasionaria”.
  11. Del poema “Las abarcas desiertas”.
  12. Del poema “Canción primera”.
  13. Del poema “Vientos del pueblo me llevan”.
  14. María José Lidón y Trini Ruiz. Revista digital El Eco Hernandiano, junio 2005.
  15. María José Lidón y Trini Ruiz. Revista digital El Eco Hernandiano, junio 2005.
  16. Alpidio Alonso. La Jiribilla, Nº 250.