A Mery
Con su partida
Nos puso en el sendero
Hizo posible
Todos los reencuentros
Como una chupita
Recibió el peñascazo
Enviado con la fuerza
Del azaroso infinito
No hizo
Otra cosa más
Se durmió
Y se fue
Llega
Él
quien se dice
y que aún pretende
Llega
y sólo carga
un bulto
de ancianos sentimientos
A dónde
partirá
si en su casa
resta
la ceniza
y un lamento
largo
como un filo
de agua
Como un hilo
perdido
en esos laberintos
llega
A dónde partirá
Como un perdido
en las calles
de libélulas
repletas
Santa Teresa, de todas tus miserias
Hoy sucedieron
los límites violados
Sucedieron
las pisadas
sobre jardines
nunca hollados
El Rey
sin vergüenza asume
aquel sometimiento
Asume
en suma
lo acogido
y lo gozado
Como Dios
—que bien quisiera—
dice
lo lleva
y lo diluye
Como Dios
extiende su mano
y se perdona
En las serenas
lagunas de tus ojos
abrevaré los años
transitados en mis rutas
desiertas y amargas
Con el almíbar oculto
en el panal de tu boca
saciaré las carencias
de pasiones agotadas
Cubriré en fin
mi cansada presencia
con la seda
fresca de tu piel
para quedarme