Letras
El joyero

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El joyero quiere ser un puente que llegue lejos y cuanto más lejos, mejor.

Una gran variedad de joyas ofrece ventajas para vivir sin palabras, contemplando los prodigios del fantasma escondido.

Encuentro una diadema invisible y la coloco sobre mi cabeza.

 

Un broche

¿Conseguir un imposible?
Dile a la dama que sabe decir sólo una palabra
Ella lo consigue todo
Sólo sabe decir “no”

 

Un reloj

El fin del amor llega al comienzo.
Tenlo por seguro y no llores más.
Si comienza, terminará.

 

Un anillo

Sólo hay una unión perfecta: la que no tiene escapatoria.

 

Lapislázuli

Sueña tu impotencia en un mar azul que se rebela estando en calma.
Mudo, nadie se da cuenta.
Y tú satisfecho te vas alejando de la orilla...

 

Un rosario

Un sueño perdido
Un circo sobre la espuma de mar
Un pensamiento
Y desapareció

 

Un collar

Si yo te ayudo, tú ayudas a otros que ayudan a otros que ayudan a otros y a otros y a otros más.

Y esos otros no sé quiénes son.
Lo siento, pero no te ayudo.

 

Un abrecartas

Me pregunto qué opciones quedan.

Yo te abriré nuevos horizontes, respondes.

Suspiro agradecida. Quizá así pueda comprender.

Esto no te lo había contado nadie. Pero hay dos, exactamente dos horizontes. El de los demás y éste que es el mío. ¿Comprendes?, preguntas.

 

Una moneda

Un deseo me lanzó al abismo.
Y al caer vi mi sombra aplastada contra el suelo.
Y deseé volver.
Mi sombra se perdió para siempre.
Y yo, con ella.

 

Y la diadema invisible

Cuando se ha visto más de lo que se debería, uno se queda ciego.

Y sólo espero que eso me ocurra. Un día u otro ha de ocurrirme. No creo que aguante mucho más.

Él me abrazó fuerte y la oscuridad puso un manto opaco sobre sus ojos, mientras yo coloqué la mano sobre el ojo derecho y miré con atención la botella de vodka que había sobre el mostrador.

Sé que puedo aniquilar la realidad tan sólo escogiendo la puerta equivocada.

Preparo el joyero y lo agarro con fuerza. Ya está todo listo. Escalo la montaña, tengo mucho cuidado con donde pongo los pies para que no ruede ninguna piedra y no hago ruido, sólo el de mi respiración, así nadie me oirá llegar.

¿Quién va?, oigo a lo lejos.

Y no sé qué contestar.