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Poemas

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Hay palabras que tienen muchos sinónimos. Pero hay otras que tienen muchos significados. Yo trabajo las palabras para que su proceso de ajustarse al papel, sea el significado, y sea sinónimo. Pero hay rostros, que son el significado de ellas

también ellos piensan
que no se ha hecho justicia.

Las mujeres de Juárez

Desde hace 10 años, la desaparición y asesinato de mujeres
También en Ciudad Juárez,
ha provocado una preocupación creciente...

Es la tierra testigo de un secreto
de indelegables crímenes
y obseso ha vuelto fugaz en la respuesta,
exigir que confiese de inmediato:
claman las mujeres por las calles,
sin saber que están muertas.

Y van dejando su estela de imborrables
incontenibles, inimaginables llantos
gimiendo mientras pasa el silencio.
Claman las mujeres por las calles
sin saber que están muertas.

El funcionario finge que lo ignora
se le ha caído el pie después del pelo
al que a la aurora, se mira en el espejo
mientras ríe, sonriéndole a la vida
agradecido de distinta suerte
sin pensarlas, de contenido llanto
enamorando, a su paso de muerte
nuestras ansias, por verlas sonriendo
en los rincones, donde no llega
la luz ni las palabras.
Claman las mujeres por las calles,
sin saber que están muertas.

Y eran cien, y doscientas a la noche
trescientas descalabradas tuertas alboradas
de una promesa de muerte inesperada,
y son sus madres, preludio de una espera.
Claman las mujeres por las calles
sin saber que están muertas.

Pueblan las plazas
con distintas autoras sus estelas
en fantasmales espectros, otras tumbas
donde cavan la fosa
de la fe, de la confianza y la esperanza,
y las entierran cada vez más hondo,
muy en lo hondo, ahí donde no pueda,
llegar a rescatarlas la frontera
entre lo posible y lo imposible,
para que nos veamos en el cine
en la red de Internet, en las pantallas,
sin oler ni tocar sin sospechar siquiera
que sus fosas con números y fechas,
están llenas de polvo que no puede
enterrarlas del todo y que se salen
¡y que se salen a espantar!
con su gemir continuo y decidido
hasta que un día desvelen a los criminales,
hasta que un día desnuden a los presidentes,
hasta que acallen a los que en su nombre
reniegan del dolor de nuestras madres.

Que los hundan a todos, que los rompan,
que los dejen al aire y entre el viento
sin sus armas de tromba y de pasquines...
Claman las mujeres por las calles
sin saber que están muertas.

Su fuerza mayor con que comienzan
en latrocinio de confianza a hurgar
el salmo de nuestra conciencia.
Claman las mujeres por las calles
sin saber que están muertas.

 

Estado de sitio

La represión de la autoridad municipal contra ocho vendedores ambulantes de flores
precipitó uno de los más graves conflictos sociales especialmente contra las mujeres.

I

No eran soldados
y no tenían botas.
No eran policías
y no tenían escudo de protección.
No eran funcionarios públicos
con máscaras antigases.
Son mujeres.

 

II

Hay atenienses que heredaron hostiles
machetes circunstanciales, y danzan,
convocando a Tláloc para beber sus ojos
secos, de mirarse hermanos en la muerte.

También hay atenienses que cerraron las puertas,
y quisieron salvarse, antes de ser crucificados.
Se cierra también la boca,
hay muchos lobos sueltos esperando su aullido.

También hay atenienses violadas
cada 30 minutos y en noticias,
que las recorren una y otra vez
sobre un asfalto, lleno de vergas
sin memoria.

También hay atenienses ávidos de paz
y concordia.
Y retretes para la incomprensión
esperando ser llenados.

También hay atenienses dolidos
repitiendo la historia
sin poderlo impedir.
Y observadores, camuflados en sombra
atisbando por si encuentran en ella
su circunstancia.

Y hay flores,
emplazando a los cuatro elementos de la tierra
para sobrevivir,
aun en la ausencia de palabras celestiales
también hay uno que dijo:
que las liberen del pecado,
que las disequen,
que las capturen,
no vaya a ser que las visite otra rebelión, y las convierta
en un emblema de paz.

 

Otoño IV

Ellas son ellas y viven en la calle. Las he visto. Peregrinas,
dueñas del pavimento, el tiempo, su abandono y...

Siete horas después volvió a tejer bufandas
para cada paloma de la plaza. Las llevaban volando
por el pico. Las llevó disfrazadas o arropadas.

Las bufandas de él, quien ese día,
no regresó a dejarle la mañana.

Palomas desveladas en la plaza. En la panza del parque
y en la calle, se llevaron su sueño. Y caminaba,
acaso sorda o ciega, acaso triste. Tejiendo el tiempo
para más bufandas.

Las bufandas de él, las que ese día,
no regresó a dejar por la mañana.

Derecho y al revés de su agonía, hebró Fernanda el tiro
de chimeneas por aves, emplumadas. Y se le fueron,
reuniendo los recuerdos:

Bufandas para Juan, que hacía del día,
un regreso a besar en la mañana.

Siete horas después y ya el camino, del pasillo a la banca
y lo vivido, profundamente a oscuras. La mañana
un capricho de otro, que alacena, estibó los recuerdos...

Bufandas del deseo, que extinguido,
tiñe trazos ausentes, de mañana.

 

Reclamo

Madrugada, aquí es invierno
arde mi casa.
Como la prisa que llevo adentro
sin darme cuenta:
Sueño la cama, el hogar lleno,
olor a tiempo.
Sales del alma, brotas del borde
de mis recuerdos.
Mis pechos crecen y mis pezones
como un lamento
besan tu boca, pálida henchida
a su tormento.
Bebemos leche, profunda, amarga
como los dulces.
Salgo contigo, sales conmigo
saldamos juntos.
Extensa y honda como la noche
suspira el alma.
Y me amaneces si me recuerdas
azul profundo
como arco iris, que pinta y pone
color al mundo.

 

Eva y la rosa

Le había advertido el espejo del olor a naftalina.
La ropa y el closet, santuario de lo suntuario
ha crecido entre cámaras de polvo.

Recuerdos...

Eva se fue directa y hacia el norte, buscando la imagen.
No había llovido con claridad desde sus ojos
excepto ese día, de renacer en su cintura.
Como que destruye y reconstruye, a dos repasos
segmento de la costilla, de algún sacrificio eterno.

Recuerdos...

Amado ser mundano, eructo de la deidad,
de dos en dos, uno con dios, al calcinar la vida.
Una en la junta de lo humano.
Eva, el tribunal instante precoz,
aljibe del cáliz al ósculo de oro, que mortificó a su hermano.

Decidió buscar un Yo, en unas alas de Adán.
“Sol” se llama cuando se percata
de su masculinidad primigenia.

 

Té de guerra

El té sabe acedo
y la saliva amarga
y deja de anestesiar al hambre.
La sangre de los heridos a llegar
sobre el efecto tétrico
de su segura muerte
ante lo contencioso.

Y entonces abecé y cianen, y todas esas cadenas,
invitan a sus eslabones a colocar los anuncios
en espacios, para la transmisión en vivo del combate,
y mi hijo,
presurosamente cambia de canales,
sin comprender que todo aquello que salió volando ante sus ojos,
en esa pantalla
era una casa como esta,
rojiza y pequeña,
pobre hogar víctima de los maltratos desconsiderados
del que disparó el gatillo;
y las responsabilidades.