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David contra Goliat

Café Platónico

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El Café Platónico, ubicado en el interior de la estación del Metro Tobalaba, en Santiago de Chile, y conocido en el sector como Platónico propiamente a secas, ha sido condenado a muerte. Metro S.A. le ha cortado el contrato de arrendamiento. Por eso hoy día está a la espera de la orden de desalojo proveniente del tribunal. Pero tampoco quiere salir huyendo, no tiene nada que esconder, nada que ocultar. Por el contrario, sabe la injusticia que hay detrás y por eso ha optado por esperar de pie el tiro de gracia, a fin de que el proceso culmine a la luz pública.

Sucede que, movido por hambre de justicia, el Platónico ha dado pelea, tratando de defender su derecho a la vida aun a costa de perderla, aunque su enemigo cuente con poder para hacerlo mil pedazos. No quiere irse sin antes denunciar su caso a los más altos tribunales, como lo son sin duda los de la conciencia, ya que los otros, más temprano que tarde, se manejan con influencias. Ocurre que, durante el proceso, nadie de la oficina de administración de los locales supo darle una razón transparente para aceptar su condena y largarse. Sólo oyó evasivas a media voz, los clásicos clichés de “necesidades de la empresa” que no conforman ni convencen, resuenan todavía como martillazos arteros en su cabeza. Comprende, sólo fueron pretextos para encubrir intereses oscuros, cocinados por detrás, al interior de oficinas públicas atestadas de dudosos personajes nominados a dedo por la amistocracia imperante.

Desde la llegada de los funcionarios de la Concertación a la administración de los locales, comenzó la política de constante hostigamiento, primero con un cambio radical de las condiciones del contrato de arriendo, el cual de carácter indefinido pasó a vencimiento plazo fijo, además de un alza del canon capaz de aturdir a cualquiera. Luego, para desconcertarlo todavía más, vino la persecución y el cuestionamiento absurdo del rubro o giro comercial del Platónico, inmovilizándolo, impidiéndole de esa manera renovarse al no contar desde entonces con un contrato que le brindara suficiente garantía y confianza para arriesgarse a llegar más lejos, como lo exige toda empresa para competir en el mundo actual. Ahora comprende, lo venían arrinconando para matarlo.

“No queremos el rubro Alimentos”, le dijeron, “nos preocupa mejorar la Imagen Corporativa de Metro S.A.”, insistieron, “vamos a erradicar todos los negocios de comida”, le advirtió un Alto Funcionario. Pero de pronto, de manera sorpresiva y contrariamente a lo predicado por dicho Alto Funcionario, surge en la misma estación Tobalaba un local de la cadena Castaño. Y de pronto, como una bofetada en pleno rostro se anuncia la posible construcción en esa misma estación de un Patio de Comida. Y de pronto, como un rayo, aparece la cadena Savory instalada en esas mismas galerías. Y claro, se comprenderá, el viejo Platónico allí mismo viendo todo esto se impresiona. El legendario Platónico allí en esa misma estación siendo testigo ocular de la falta de coherencia en el hacer y el pensar, de la falta de transparencia y respeto a la verdad, a la justicia en buenas cuentas, se altera. Y el solitario Platónico allí mismo acusado y condenado a muerte por vender lo mismo, después de haber sido pionero en la ruta, primero en arrendar un local con esos mismos fines 20 años antes, no sólo se desilusiona, enloquece, siente el cuchillo de la traición en el pecho, el frío del metal ante la falta de lealtad hiela su alma. En el fondo de su corazón abrigaba la esperanza de una invitación a participar también en los cambios de la estación Tobalaba, a formar parte del nuevo proyecto, como arrendatario más antiguo, desde luego, como último sobreviviente de aquellos aventureros que se instalaron por primera vez en una estación desolada (1986), por donde entonces no circulaban tantas almas como en la actualidad.

¡Qué esperanzas de esa soñada Justicia Social capaz de prodigar felicidad a los desposeídos del Poder! Porque Platónico no se ha enriquecido en estos 20 años para comprar influencias, como lo consiguen las grandes cadenas comerciales, impersonales y gélidas, sin rostros visibles pero efectivas para pactar al más alto nivel sus intereses. O a lo mejor el Alto Funcionario puede haberse figurado al Platónico rico, apoltronado en un sofá con un puro enterrado en la boca, de seguro con una billetera más forrada que la suya y por eso no ha tenido escrúpulos para dar la orden de expulsión, despojando así de cuajo al Platónico de sus activos y pasivos. Porque para cualquier entendido en asuntos de negocio resulta obvio que no podrá llevarse la clientela a otro lugar, ni tampoco los muebles, porque éstos en cualquier otro espacio no pueden encajar. Todo será pérdida. Escombros, en buenas cuentas. ¿“Basura” un local que prodiga trabajo a cinco personas (familias), cuyos destinos, por cierto, también deben ir a parar al mismo tacho de los desperdicios? ¿Resulta lógico, admisible, en un país donde escasean siempre las fuentes de trabajo? Tenían el deber moral de ofrecerle otra alternativa a quien fuera durante tantos años un arrendatario que nunca dio problemas.

Por eso el Platónico proyecta ahora un rostro desencantado, después de comprender que todo no es más que un fraude cuando se reparten los puestos de poder, tal vez no se puede lucir de otro modo. Pero como tiene el espíritu fuerte del hombre libre, y mientras permanezca vivo en el corazón de muchos de los cientos de trabajadores del sector que lo conocieron, haciéndolo parte de su rutina en el tráfago de la vida diaria, resistirá. Sí, porque Platónico es también un hombre, un hombre todavía capaz de salir a la calle a defender su libertad, como la defendió ayer, como la defendió tantas veces en dictadura, y tendrá que seguirlo haciendo ahora, porque los acontecimientos lo han convencido de que aquí se siguen cometiendo abusos de poder que dan cuenta de la urgente necesidad de salir a pelear otra vez por la justicia y la libertad.