Artículos y reportajes
Salmos del cuerpo ardiente

¡Comparte este contenido! Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en WhatsApp Enviar por correo

“Salmos del cuerpo ardiente”, de Lourdes Vázquez

Lourdes Vázquez es una de las poetas puertorriqueñas más destacadas en la actualidad, su obra es editada y reconocida en diferentes países de habla hispana, y ha ido conformándose con el tiempo con una coherencia y fuerza admirables. Edición tras edición, la obra de la poeta ha ido consolidándose en español y en inglés, yendo hasta otros terrenos, como la prosa y el ensayo, premiada en varias ocasiones y recogida en diversas e importantes antologías. Esta última publicación mexicana, Salmos del cuerpo ardiente, llama la atención ante todo, al comenzar la lectura, por el recurso extraordinario de mirar hacia los salmos, joya de la literatura universal, y que le sirve de pretexto para dar su visión, varios milenios después, pero siempre con esa puerta abierta a una de las obras cumbres de la poesía universal, los Salmos del rey David. Si la exaltación amorosa, carnal y mística —tan difíciles de separar— salta a la vista en la obra clásica, aquí sigue vigente, es decir, Vázquez respeta ese trazo dado pero siempre desde su mundo personal, desde su preocupación como ser humano, hasta lograr descubrirnos un universo denso, muy personal, de preocupaciones, deseos, recuerdos, obsesiones, intereses, lecturas, denuncia, ansias por dar otra posibilidad, siempre mejor, a este mundo y a esas convenciones que nos aprisionan y de las que muchas veces no sabemos salir.

Ya desde el inicio, en el Salmo 1, nos encontramos con unos versos que podrían ser la médula espinal del libro, o mejor, una declaración de principios y una apuesta por la libertad espiritual del ser humano: “Porque se nos muere la existencia a causa de pequeñeces y ese es el mundo que he entregado a mis hijos que desconfiados me estudian en el laboratorio”. Libertad interior, romper ataduras impuestas, apostar por la expresión de las emociones a pesar de formar parte de una sociedad que las reprime, vendría a ser una de las preocupaciones de la autora, por lo que encontramos denuncia, ruptura, desobediencia, pero siempre expresada dentro de la máxima interiorización, universal, y así el lector logra entrar y encontrarse, toparse con vivencias propias, llegar hasta el fondo de la emoción. Construyendo un universo paralelo, los Salmos de Lourdes Vázquez denuncian la vacuidad del pensamiento acomodaticio, la facilidad, la falta de análisis. Nunca se conforma con la primera visión, y descubre en cada poema aquello que aceptamos sin más, para hacernos ver y sentir el dolor de la existencia. Sin ese dolor, viene a decir, no llegaríamos a situarnos en el punto de partida de la auténtica comprensión. Y desde luego, no se puede dejar de decir, hay una apuesta sincera por la felicidad, las buenas cosas de la vida, del trato entre los seres humanos, el amor, la amistad, la fugacidad de un momento y su intensidad, lo que deja el sentir o ver con la mirada entrenada. “Regocijémonos, porque el tiempo pasa y el olvido entra con su catálogo de intuiciones y en forma de boa se sienta en el trono del palacio”. La cercanía del peligro, ese filo que siempre pende sobre nuestras cabezas, el desorden de las emociones, la bajada a los infiernos junto a los actos más sublimes que el ser humano es capaz de realizar, el amor apasionado, el deseo más desgarrador y más urgente, la muerte, la inteligencia, ninguno de estos temas dejan de ser tratados y sugeridos en toda su amplitud y ambigüedad en estos Salmos del cuerpo ardiente, libro fundamental, y quizá uno de los mejores de esta poeta que deja brotar su voz madura y plena. Una poeta a todas luces imprescindible.