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Dos intensos días de fiesta en el Ateneo del Táchira

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Fue una semana de gran movimiento, entusiasmo, energía, tensión y alegría. Al fin llegó el 19 de abril, la fecha exacta del cumpleaños de la Sociedad Salón de Lectura-Ateneo del Táchira. Ya es un hecho que nuestro querido Ateneo llegó a su primera centuria. El acto central de las celebraciones obviamente fue el 19, pero desde el 18 se comenzó a ver el movimiento. Ese día —el miércoles dieciocho— a las nueve de la mañana, en el patio de ladrillo y cielo, monseñor Mario Moronta, obispo de la Diócesis de San Cristóbal, ofició una misa cargada de mucho amor y agradecimiento al Todopoderoso por permitir que el Salón de Lectura, a pesar de tropiezos, enemigos y sinsabores, haya arribado a sus primeros cien años, siempre señero en el quehacer cultural del estado. En la misa también se recordó a doña María Santos Stella, hija del presidente fundador de la institución, el doctor Abel Santos, y presidenta vitalicia de la misma.

Al finalizar los oficios religiosos todos los presentes cruzamos la calle para dirigirnos a la plaza Bolívar, donde se colocó una ofrenda floral ante la estatua ecuestre del Libertador. La primera fue la del Salón de Lectura, una corona de bellas rosas amarillas y el personal administrativo de Comisión Legislativa colocó la segunda en homenaje a la institución. El señor Armando Rosales Cárdenas dio un pequeño discurso sobre las personas, instituciones y comercios que a lo largo de estos cien años han colaborado bien sea económicamente o de otra manera con el Salón de Lectura.

Ya en la noche la invitación era mucho más formal. La Comisión Legislativa llevó a cabo una Sesión Solemne en la sala María Santos Stella. Es de destacar la presencia del director de Cultura y Bellas Artes, licenciado Marco Aurelio Méndez, del gobernador del estado capitán Ronald Blanco La Cruz. Y para tan magno acontecimiento no podía dejar de estar presente el ministro de Cultura, arquitecto Francisco “Farruco” Sesto Novás, quien dirigió unas cálidas palabras de exaltación a la significación del Ateneo en el mundo de la cultura del Táchira y de Venezuela, en razón de ser el primer ateneo establecido como institución en el país.

Al finalizar el acto protocolar y la Sesión Solemne la cita era en el patio central, mejor conocido como patio de ladrillo y cielo, donde la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar del Táchira esperaba para dejar sonar sus arpegios. La dirección de la misma estuvo a cargo del profesor, abogado e historiador Luis Hernández Contreras. Primero fue la versión del El aprendiz de brujo, de Paul Dukas, narrada muy atinadamente por Desireé González Lovera. Luego se dejó oír West Side Story, de Leonard Bernstein, que fueron finamente bailadas por la reconocida bailarina tachirense Sidy White.

El momento culminante de la noche fue La cantata criolla —letra de Alberto Arvelo Torrealba y música de Antonio Estévez. El papel de Florentino estuvo a cargo de Gregory Pino y el del Diablo le correspondió a Gerardo Rondón. Los coros estuvieron a cargo de la Coral del Táchira, dirigida como siempre por el profesor Alexander Carrillo y el Coro San Cristóbal. Sin lugar a dudas un espectáculo lucido, brillante, imponente, impactante y magistralmente interpretado por cada uno de sus factores. No cabía un alma más, de lo concurrido que estuvo el evento; era maravilloso ver cómo la gente asistió a la convocatoria que en forma de programa encartado en un diario de circulación regional llegó a las personas el domingo anterior. Los pasillos tanto de la planta baja como del segundo piso repletos de sillas ocupadas por alegres asistentes y montones de otras personas de pie disfrutando de tan bello concierto. Asomados desde el segundo piso, como una extensión viviente de la baranda, los afortunados que decidieron presenciar desde allí el evento obtuvieron una vista panorámica de todo el escenario. Los aplausos fueron verdaderamente atronadores.

Al día siguiente, el propio diecinueve de abril, día exacto del aniversario de la institución, estaba previsto que las actividades iniciarían a las once de la mañana, pero a causa del desfile cívico militar que se llevó a cabo a esa misma hora en la avenida Isaías Medina Angarita (séptima avenida), la hora fue corrida para las cinco de la tarde.

Efectivamente, faltando pocos minutos para las cinco comenzó a llegar la gente a la gran casona blanca de la calle nueve. Lo primero fue la develación de la placa donada por el Banco Sofitasa, a cargo de los doctores Édgar Velandia y Juan Galeazzi, presidente del Ateneo y del banco Sofitasa, respectivamente. El doctor Luis Hernández Contreras, secretario general del Ateneo, hizo una breve reseña histórica sobre la sede actual, y luego el doctor Galeazzi también expresó unas palabras. Acto seguido toda la concurrencia se dirigió a la sala María Santos Stella, donde se llevaría a cabo todo el acto protocolar. El mismo se inició con la interpretación del Himno Nacional de Venezuela por parte del Coro San Cristóbal. Se guardó un minuto de silencio en honor a doña María Santos Stella y en la silla en la que ella solía sentarse se colocó un pequeño ramo de flores que hacía las veces de su presencia allí. Luego el presidente del Ateneo, el doctor Édgar Velandia Parra, dirigió un emocionado discurso a los asistentes; cabe destacar que el doctor Velandia ya lleva once años al frente de la institución.

Uno de los grandes momentos de la noche, que ciertamente fueron muchos, fue cuando se entregaron las ordenes “Sociedad Salón de Lectura”, “Doctor Abel Santos” y “José Antonio Guerrero Lossada”, todas en su única clase. Las mismas fueron conferidas al doctor Juan Galeazzi Contreras, al arquitecto Henry Matheus Jugo, René Gamboa, Freddy Pereira, Virgilio Armas, Ramón Elías Camacho, Ulacio Sandoval, Adolfo Segundo Medina y a los empleados más antiguos del Ateneo, a saber la señora Blanca Martínez de Brandt, coordinadora general, señor Ernesto Román Orozco, coordinador de Literatura, señor Elías Omaña, sempiterno portero, y los señores Rita Naranjo, Betti Sayago y José Mogollón, quienes se encargan de los servicios generales. Luego de finalizadas las condecoraciones subió al estrado el licenciado Marco Aurelio Méndez, director de Cultura y Bellas Artes del estado Táchira, quien dio un breve discurso donde resaltó su compromiso solidario para con el Salón de Lectura.

Finalmente, el arquitecto Henry Matheus Jugo, ex presidente de la institución, fue conducido hasta el estrado para que pronunciara el discurso de orden de la noche. Sin duda nadie más adecuado para ello que él, pues el arquitecto Matheus no fue cualquier presidente, fue el que literal y contundentemente abrió las puertas del Ateneo a todos los habitantes de San Cristóbal. Su discurso obviamente fue una apología sobre el Salón de Lectura, pero también un paseo por la historia y devenir de él. Un contar emocionado y sentido; la historia de una casa en la que gracias al arquitecto Matheus tenemos cabida todos. Claramente pudo verse el amor, respeto y pasión que esta institución mueve dentro de su ser. Una parte de sus palabras que no se me olvidará fue cuando dijo que siempre se le ha catalogado de ser un lugar de dinero y aclaró que no es así, por el contrario que siempre ha sido una institución que ha estado con la mano extendida y afortunadamente siempre ha conseguido personas e instituciones que le han brindado el apoyo que ha necesitado. Lo cierto es que el discurso de orden fue realmente grato, interesante, conciso, bien pronunciado y con el impacto perfecto para la ocasión.

Finalizados los actos del auditorio nos congregamos a un lado de la Galería Eugenio Mendoza para inaugurar la exhibición de fotografías de ex presidentes del Salón de Lectura. Esta inauguración la hicieron los doctores Edgar Velandia y Juan Galeazzi. Después nos dirigimos al frente de la puerta principal de la galería donde el amigo licenciado Gustavo Garí Altuve, socio del Ateneo, miembro de la Academia de la Historia y amigo personal del gran pintor tachirense Manuel Osorio Velazco, leyó un texto sobre la vida y obra del artista. A continuación se inauguró la muestra retrospectiva de Manuel Osorio Velazco llamada “Trazos de un paisaje interior”. Ahí fueron descorchadas las botellas y presentados los vasos llenos de hielo que se alzaron en celebración feliz por el centenario. Luego, ya cerca de la media noche, todos colocados alrededor de la torta de varios niveles cantamos el famoso cumpleaños feliz al Salón de Lectura, Ateneo del Táchira.

Una noche llena de emoción, de amor y regocijo. Donde la esperanza y el deseo de que los próximos cien años sean de éxitos y avances. Una noche donde todo el que siente afecto por esa leyenda que es el Ateneo del Táchira se acercó para manifestarlo abiertamente.

Con el corazón lleno de amor y orgullo por pertenecer de alguna manera a esa magna casa esperamos que las promesas oídas en estos días no sean palabras que se lleve el viento. Si bien es cierto que el Ateneo es una institución de carácter privado, es una casa que ha abierto sus puertas a todos los que han querido mostrar su arte, aprender, visitar o simplemente sentarse en un lugar tranquilo a leer un libro. La casa de todos, la casa que guarda sueños, ilusiones, esperanzas que se transforman en proyectos que unas veces cristalizan y otras no. El segundo hogar de doña María y de tantos artistas. Y estamos seguros de que el hogar actual de muchos de sus habituales visitantes ahora en otro plano de existencia. En fin, el sempiterno centro de confluencia del quehacer artístico y cultural de San Cristóbal, aunque a muchos les pese e intenten negarlo pero que terminan siempre dirigiendo sus pasos a la blanca casa de la calle nueve frente a la plaza Bolívar.

¡Salud y larga vida a la Sociedad Salón de Lectura, Ateneo del Táchira!