Letras
Campesino

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Para mis seres queridos
de L’Espinasse

Hueles el sol, de lejos,
Contando gotas, aguaceros,
Leedor de nubes y de vientos!
Te despides al atardecer
de prados quietos
de potreros cansados,
para llevártelo todo
en sueños cercanos y totales
en un descanso enfurecido.
Leedor de nubes y de vientos!
Bailar de olores
Bailador estremecido.

Tus raíces, entrelazadas
por innumerables días,
te hicieron hombre;
escribieron a este
tronco indestructible,
que aplasta la pereza
como a una mosca perdida,
que ahoga el cansancio
como a un zancudo vencido.

Sales al día
como nube densa
con pasos de tractor
y la mirada abierta
incrustada en peligrosas cejas
despertando al pasto
y a los caminos que esperan
en sueños de entrega
a tus zapatos decididos.

Así das vuelta, coges rumbo,
abriendo campo en el día
que te recibe y te absorbe
al son de una despeinada
melodía.

Y así va caminando el día
subiéndose en tus empeños
revolcándose por tus dedos
que son gigantes
cubren hectáreas
como arañas rozadas,
enlodadas,
en un silencioso amar
de esperanzas y de muertes
y de estrellados ríos.

Mientras tanto, todo y más,
La tierra va sudando,
y el sol va levantando.

Hablas con las flores muertas
con las piedras
con los ríos.
Escuchas al frío
carcajear de grillos.
Regresas a tu finca,
siempre preocupado,
a recoger el silencio
del mediodía paciente.
Pronto estás otra vez
entre el agua seca
y el pasto silvestre,
con el dedo en el pulso
y la llaga en el vientre,
tocando a ciegas
el San Crecimiento,
y prendiendo un velorio
a la Santa Cosecha.

Y nada está hecho.
Porque eres tú
lo que el campo eres
el espejo que tienes
y que te mira
labrar en la tierra,
que a ti te trabaja,
arruñándote, picándote,
quemándote, con amor,
con afán de sudor.

Suben las horas;
cae el día,
en suspiros perdidos,
en polvorientos roces
con el suelo sediento.

Sufriendo y gozando agua.
Sufriendo y gozando frío.
Regando alas perdidas,
sembrando gotas
grandes y pequeñas gotas!
En el suelo enardecido.

Pasarán lindas horas
largos días
eternas estaciones
dialogando con los árboles,
acariciando el trigo.
Varios crepúsculos pasarán
de bailes abrazados
con los campos desvestidos,
recogiendo recuerdos
y también olvidos.
Leyendo nubes y también vientos!

Toda una vida campesina
diluyéndose
segundo a segundo
como un tronco en el fuego
o un alarido en el río.

Lo eres todo
campesino:
hombre, mujer,
anciana, niño,
patrón y esclavo,
amante celoso,
pintora esquiva.

Eres las cosas del campo.
Las joyas de relámpago,
que funde metales limpios
que fundes con la tierra
que se funde contigo,
en surcos encendidos!

Todo te toca
todo pasa por tus manos
de cuero liberado
de uñas en marfil
de callos en martillo.
Tejes a la tierra
y a los cultivos;
vas tejiendo pasos
con el trigo hundido.

Y revives viejas tragas
en cada fresca llovizna
de los días que prometen
traerte un calor limpio.

Si dedicas tu risa
al amor y dolor
de los años soñados,

Si tus pies y tus manos
se vuelven del polvo
y del barro dorado,

Si decides llorar
con pasión girasol
pa’ poder prolongar
por mil siglos más
el baño glorioso
la gran tempestad
entre vientos y nubes!
De la hora santa
de la vida total,

Es porque la tierra
te ha escogido
y te ha dado su nombre
campesino.