Letras
El deseo íntimo

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I

Sigo teniendo las manos desnudas
Sin uñas ni barniz ni estética
Tatuadas con letras, manchadas de tinta
La mente retorcida de reflejos rotos
Esa es mi esencia
La sombra que dejo escapar de mi vientre
Cuando llega la voz de la noche
Cuando nadie puede atar mis pies
Y sepultarme en la realidad

El respirar es meramente obligatorio
La vida se me cuela como un rayo de luz
Jamás invitado

Siendo honesta
Prefiero el hedor que los gusanos depositan
En las ranuras de madera de un viejo ataúd
Ese es el bocado de los dioses

A veces sueño con no tener piel
Cero recuerdos y mil eternidades
Alas de mariposa y ojos de cuervo
Esos son los días más verdes
Las jaulas más abiertas
El cielo más azul
Donde mis hombros añoran destruirse

 

II

Me inquieta esta terca manía
De llamar seducción a la muerte
De querer enredarse una soga en el cuello
Para probar el delirio de la felicidad pura
Ningún otro eclipse me maravilla tanto
Como la deliciosa agonía de una mariposa
Prensada por la furia de una viuda negra

Esta ansia de arrancar la piel y saborear los huesos
La carne que se desprende de los labios
Abrasados por el fuego de mil luciérnagas malditas
El olor que despiden los muertos y sus tumbas
La sangre coagulada untada entre los muslos
El deseo íntimo del silencio y su eternidad

El anhelo desquiciado de conquistar el abismo
Escuchar el sollozo de un lobo mortalmente herido
Estrechar entre mis manos el crepitar de su cráneo
Mientras se quiebra lentamente
Volviéndose polvo de estrellas
Alimento de las almas, bocado de luz

Bailar sobre un jardín de cuerpos destazados
Tapizados de pétalos negros y espinas
Abandonarse al vacío en una noche de intensa lluvia
Colapsar ante el canto de un ruiseñor
Y sonreír extasiada con el beso de un murciélago
Hundir los pies en el cielo y la cabeza en la tierra
Implorar por una daga que corte las venas, la espalda
Y que su ardiente filo deje fluir la libertad
Las alas con que he soñado desde niña

 

III

Pasan soles y soles.
Y por más que me busco
nunca me encuentro.
A veces creo reconocerme
en esa silueta que aparece siempre firme,
inmóvil, quieta, callada,
detrás de un cristal
que fue roto por la furia de un puño.
Otras tantas me veo apacible,
sonriente, llena de palabras y sonidos,
llena de música y gargantas de pájaros,
en movimiento.
Como si ésta que busca no fuese más.
Como si sólo quedara el reflejo de las mariposas.
Aquellas que callan y sonríen.
Aquellas que me miran fijamente desde el otro lado de la niebla.
Aquellas en donde soy y luego me pierdo.

 

IV

No puedo verme ni escucharme
Tan sólo reconozco
El terco ir y venir de mi alma
A los rincones más ocultos de tu cuerpo
Por el simple hecho de verte desnudo
Y sacudirme los piojos de las alas
En tu nombre
En este ir y venir
Que se repite interminablemente cada noche
En cada murmullo de los buitres
Esos que me muerden los labios
En cada abrir y cerrar de tus ojos

Ayer resolví
Quedarme despierta
Hasta que la luna solloce
Hasta que el canto del búho
Recorra de nuevo mis entrañas
Hasta que tus manos se cansen de poseerme
Y el resplandor matutino nos arranque los ojos

Pero he de volver a encerrarme en esta tumba
Que resguarda nuestros sueños y esperanzas
He de soltar esta furia
Que continuamente contamina mis mares
Y obliga a mi piel al despellejo
Al deseo depravado de devorar mariposas
Para escaldarme la lengua con sus gemidos

Y después de este destierro momentáneo
Filtrarme en los huecos que dejan las larvas
Al abandonar su cuna
Tejerme en las venas la desesperación genuina
Para sentir de nuevo el óxido de los clavos
La suavidad de la sangre deslizándose sobre mis piernas
El calor oculto de tus miembros
Haciéndome presa de la oscilación

 

V

Caíste desnudo
y engendraste en mí
el sonido perpetuo de la luz

Las olas se quebraron en mi espalda
cuando tus labios mordieron mi esqueleto
coagulando la sangre, tu esperma,
mis pensamientos

Los ojos se te llenaron de lluvia
al refugiarse de la ausencia
y crear las estrellas en mi boca
como un rosal sembrado
en tierra
infecunda para las palabras
fértil para las caricias

En esta soledad exquisita
donde lo asfixiante son las multitudes
te observo dormir la noche
que neciamente se cuela por mis huesos

Es este polvo translúcido
carcomido por los gusanos del conocimiento
el que se ha impregnado en mi piel
desde que tu alma encontró los cerrojos
y encerró en mi cuerpo la poesía

Hoy todo me suena a destierro
Incluso tu mirada
Parece un trozo de cielo roído
Un ángel despellejado
disuelto entre la arena de los tiempos
acurrucado entre mis muslos
Entre mis fauces de hiena enloquecida