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Murió el humorista argentino Roberto Fontanarrosa
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Roberto Fontanarrosa, el reconocido dibujante, escritor y humorista rosarino que llegó a posicionarse como uno de los más populares de Argentina, murió el pasado jueves 19 de julio a los 62 años, en su ciudad natal, rodeado del afecto de sus seres queridos y del que le prodigaron en los últimos años sus agradecidos lectores.

El creador de “Inodoro Pereyra” y “Boogie, el aceitoso” falleció como consecuencia de un paro cardíaco producido por una extraña enfermedad neurológica y degenerativa, esclerosis lateral amiotrófica, que el humorista padeció durante los últimos años.

A lo largo de más de tres décadas, el “Negro” Fontanarrosa —un fanático acérrimo de Rosario Central— se destacó no sólo en el terreno del humor gráfico, donde inmortalizó a personajes como el perro Mendieta o la “china” Eulogia, sino también en sus quince libros de cuentos y novelas, que venía publicando desde 1981.

Su rol como creador que unía alta cultura y literatura popular también llegó a influir sobre otros ámbitos, como el teatro, con innumerables adaptaciones de sus cuentos, y el periodismo, en el que desembarcó de la mano del fútbol, una de sus grandes pasiones.

Fontanarrosa recibió en los últimos años de su vida diversos homenajes e, incluso, fue designado para clausurar el Congreso de la Lengua que se desarrolló en la Argentina.

Su carrera como humorista gráfico comenzó en 1968, cuando publicó su primera viñeta, en la que podía verse a un policía con su macana manchada de sangre roja, mientras reflexionaba: “No hay ninguna duda, eran comunistas”. En 1971, dio a conocer por primera vez una historieta protagonizada por un agente secreto, que con los años se transformaría en el célebre “Boogie, el aceitoso”.

A partir de entonces, se destacaría en publicaciones como “Hortensia”, “Mengano” y “Satiricón”, lo que lo llevaría a publicar —a través de Ediciones de la Flor y en 1972— su primer libro de chistes gráficos, llamado ¿Quién es Fontanarrosa?

Luego, en 1973, comenzaría a colaborar en la contratapa del diario Clarín, que compartió en un primer momento con otros reconocidos humoristas como Caloi, Viuti, Tabaré, Altuna, Dobal, Ian, Rivero y Crist.

En 1976, Fontanarrosa le dio vida a Inodoro Pereyra, acompañado como es sabido por Mendieta y “la Eulogia”, y el talento allí desplegado llevaría a los integrantes del grupo cómico-musical Les Luthiers a convocarlo para colaborar en los guiones de sus espectáculos.

En 1981, un libro suyo puramente textual fue publicado bajo el título de Best Seller, que al año siguiente tendría una secuela llamada El área 18. Allí comenzaría una larga secuencia de quince títulos de cuentos y novelas, que ya alcanzaron dimensiones épicas y son material de lectura casi obligatoria por quienes se interesan en la literatura argentina.

En los últimos años, al “Negro” Fontanarrosa se le detectó la esclerosis lateral amiotrófica, que fue minando sus capacidades motrices, aunque él siguió ingeniándoselas para continuar con sus actividades. Incluso, casi hasta último momento siguió concurriendo al bar La Sede, heredero del mítico Cairo, donde nació la celebérrima “Mesa de los galanes”, que el propio Fontanarrosa se encargaría de inmortalizar en uno de sus libros.

Los restos del humorista fueron velados en Rosario y el gobierno de la provincia de Santa Fe decretó jornada de duelo por su fallecimiento. Cientos de rosarinos lo acompañaron desde la noche del jueves 19 hasta pasado el mediodía del viernes 20, cuando fue sepultado en el Parque de la Eternidad, en Granadero Baigorria.

La extensa caravana de automóviles cumplió con un rito que el humorista repitió una y mil veces en vida: detenerse frente a la cancha de Central. Hinchas fervorosos ataviados con camisetas, gorros y banderas —una de ellas gigante, con un dibujo de Fontanarrosa— entonaron a capella la marcha del club. “El Negro no se va”, fue uno de los cánticos recurrentes antes de que muchos quebraran en llanto.

A la distancia, hasta el presidente de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, admitió que al enterarse de la muerte realizó un sencillo pero sentido homenaje con estética futbolera: en su departamento céntrico de la capital española hizo flamear la camiseta de Central que le regaló Fontanarrosa durante la realización del III Congreso de la Lengua, en Rosario.

El 23 de julio, el concejal Alfredo Curi, del Partido del Progreso Social (PPS), propuso que se cambiara el nombre del Centro Cultural Bernardino Rivadavia a Roberto Fontanarrosa, para homenajear al dibujante y humorista rosarino.

“En ocasión de la reciente desaparición física del Negro Fontanarrosa se hace necesario reconocer la importancia de su aporte para la ciudad, como digno embajador de la cultura rosarina. Este cambio de nomenclatura significaría un justo homenaje a un ciudadano distinguido de nuestra ciudad y conllevaría en una cabal forma de promover la identidad cultural de Rosario”, expresó Curi en el documento que propone la iniciativa.

Fuentes: ClarínLa GacetaRosarioNet