Material especial
Fernando del Paso y Beatriz PastorFernando del Paso al obtener el Premio Fil de Literatura 2007
“Siempre hay más buenos escritores que buenos premios”
Entrevista realizada por la profesora e investigadora Beatriz Pastor, miembro del jurado del Premio Fil de Literatura 2007, con participación de periodistas y del público asistente a la rueda de prensa en la que se presentó a Fernando del Paso como ganador.
Fotografía: cortesía FIL Guadalajara/Michel Amado Carpio.
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Beatriz Pastor: Ni qué decirle que es un honor grandísimo para mí el poder conversar con usted y preguntarle cuál es su reacción ante el Premio, la decisión del jurado.

Fernando del Paso: Bueno, primero que nada quisiera aclarar que puedo caminar, que no estoy lisiado, pero que me encuentro entre dos operaciones. Que me iban a operar el día de hoy como complemento a la operación de hace quince días y, se traspaso la operación para mañana. Así que me verán en poco tiempo andando. La noticia se me comunicó hace un tiempecito muy corto y realmente, qué se puede decir, una gran sorpresa. Una cosa que yo he dicho siempre es que siempre hay más buenos escritores que buenos premios, y eso es un hecho. De modo que cada vez que se premia a un escritor que lo merece según el jurado, pues se deja de premiar a muchos otros escritores que también merecerían ese punto de vista no solamente de ellos, sino de otros jurados o del mismo jurado. Yo he sido jurado en varias ocasiones y sé lo difícil que es elegir a veces entre los finalistas de un concurso. De modo que yo soy la última persona que puede decir si lo merece o no lo merece. Si merezco o no merezco este premio. Es el jurado con Beatriz Pastor, mi querido amigo Celorio, don Julio Ortega, en fin, a varios de ellos los conozco desde hace muchos años como a Gonzalo y a Beatriz Pastor, como Susana Jill Levine, a Gustavo Guerrero a quien ya conocí alguna vez, al profesor William Rowe, y a Rubén Gallo. Son ellos quienes hicieron esta elección y a mí pues no solamente me ha conmovido mucho, me ha entusiasmado mucho, sino que la agradezco de todo corazón. Como en el caso de Arreola yo vivo aquí entonces muchas de las cosas que otros premiados se han reservado para el día de la ceremonia, yo no tengo más remedio que decirlas aquí también, entre ellas, es el concepto que tengo de que pues son muchos más los que quedan sin premiar, que los que sí ganan alguna vez un premio, de modo que en ese sentido me considero privilegiado entre otros muchos, entre otros muchos escritores mexicanos, latinoamericanos, españoles y del Caribe que no ganan este premio, porque lo gano yo, y eso siempre da como un poco de vergüenza o mucha vergüenza, sin embargo me la aguanto, aceptando el premio con muchísimo gusto.

Fui incluso, esto estoy hablando de la prehistoria, la prehistoria del premio, yo viajé con Raúl Padilla y con Juan José Arreola a dar a conocer la idea del premio en Bogotá, en Santiago de Chile, en Buenos Aires, en Barcelona y en Madrid, me acuerdo fuimos los primeros promotores de este premio que cuajó mucho muy poco tiempo después y que se ha ido convirtiendo con los años en un gran premio. Yo pienso que no es el premio el que le da prestigio a los autores, sino los autores los que le dan prestigio a un premio. Y este premio ya ha sido dado a suficientes escritores latinoamericanos, españoles, muy, muy importantes, como para ya haber adquirido un enorme prestigio, sumamente sólido, y aquí están los nombres de muchos de ellos, no los voy a decir, creo que son 17 conmigo, ¡somos 17! Y lo único que voy a decir es lo siguiente: yo acepto este premio con el nombre original, con el nombre de Premio de Literatura Juan Rulfo. Que se haya convocado con otro nombre no es mi asunto (risas) ni creo que haya nadie, ningún abogado por ahí que me diga “oiga, usted no puede decir eso”. No creo que nadie se atreva a decirlo. Ahora si hay alguien aquí que quiera decir algo, pues que lo diga o se calle para siempre, de una vez. Bueno, esto se trata de un diálogo, así que vamos a continuar el diálogo y no un monólogo...

Beatriz Pastor: Las discusiones del jurado implican siempre la construcción de una mirada retrospectiva sobre la obra de un escritor o los escritores que se consideren. Lo que yo le quiero preguntar es, desde este punto de su trayectoria de escritor, y contemplando esta obra que en palabras del jurado es una obra monumental, ¿cómo es la mirada retrospectiva de Fernando del Paso sobre su propia obra, sobre su propio proyecto literario?

Fernando del Paso: Yo primero quiero decir que nunca he escrito nada de lo que me haya arrepentido, ni en novela ni en periodismo. En periodismo dije muchas cosas que no diría ahora, pero eso es otra cosa, ese fue otro Fernando del Paso el que las dijo, tenía yo otra edad, tenía yo otra forma de pensar, que no he cambiado, sino que los tiempos cambian y todo cambia. Respecto a mi novela yo creo que José Trigo sigue siendo una novela casi inaccesible, una novela sumamente espesa, pero yo me doy a mí mismo una disculpa: estaba con una enfermedad de la que puedo yo hablar ahora, se me diagnosticó cáncer a los 27 años y yo pensé, bueno, pues que iba vivir dos o tres años más y yo creo que quise meter en esa novela, imbuir en esa novela, es un gran embutido todo lo que pude, todo lo que podía y todas las palabras que conocía, las que iba aprendiendo y las que pescaba en el diccionario, pero no me arrepiento de haberla escrito. Palinuro de México es mi obra favorita, tiene un gran contenido autobiográfico, aunque recreado, sumamente recreado. Se pueden identificar algunos personajes de mi infancia suficientemente recreados como para que si resucitara alguno de ellos no se ofendiera mucho. En cuanto a Noticias del Imperio, bueno fue un libro que yo tuve en proyecto como unos 20 años, antes de comenzarlo a escribir realmente. Desde muy niño supe que habíamos tenido aquí un emperador rubio, austriaco, al que nos habíamos “echado”, como decimos aquí, en el Cerro de las Campanas, y una emperatriz a la que llamaban Mamá Carlota, que se había vuelto loca. Desde esa edad yo quise saber más de eso y durante todos los años que trabajé en José Trigo y en Palinuro pensé en Noticias del Imperio. Ya cuando llegué a Londres, donde viví catorce años, y fui lector no solamente de la Biblioteca del Museo Británico, sino también de The London Library, que es una biblioteca privada absolutamente maravillosa, me di cuenta de que yo quería escribir eso, además por obvias razones, no sólo por lo exótico del tema, por lo surrealista, por lo macabro, sino por otras muchas razones más profundas, se convirtió un poco en una novela imperialista, en una novela de protesta, y bueno, no sé qué más puedo decir en este momento de Noticias del Imperio pero sí que la cita que está al principio del libro, que se atribuye a Malebranche, pero también a otros autores, y que es “la imaginación, la loca de la casa”, esa frase la hice reencarnar en Carlota, y a final de cuentas tiene la voz más lúcida, del enorme número de voces que aparecen en la novela y que me dio el pretexto precisamente para soltar la imaginación, para darle la vida, dejarla correr al galope, pero al mismo tiempo siendo portador de la historia. No me arrepiento tampoco de Noticias del Imperio, para nada.

Beatriz Pastor: No creo que nadie esté ni siquiera considerando la posibilidad de que deba arrepentirse de Noticias del Imperio. Pero tengo otra pregunta, la novela histórica tradicionalmente se asocia con una determinada versión de la historia, que es una versión factual, más positivista de la Historia. Pero en su novela hay esa convergencia entre la historia y la loca de la casa. ¿Podría hablarnos un poco de esa convergencia y de cómo en este contexto contemporáneo el presentar la voz de la lucidez encarnada en la loca de la casa implica una manera diferente de pensar la historia?

Fernando del Paso: Noticias del Imperio es una novela en la cual evidentemente no se puede trazar una línea entre la ficción y la historia, no se puede decir aquí termina la ficción y aquí comienza la historia. Porque naturalmente yo quise hacer de ese libro una novela, no un libro de historia y fue la razón por la cual cuando ya el libro lo había terminado y había enviado a mi muy querida amiga y agente literaria, fuerza de la naturaleza muy conocida que se llama Carmen Balcells, el embajador que teníamos nosotros en México en Bruselas, me dijo que había descubierto unas 120 cartas de Carlota, casi todas en francés, inéditas y que la monarquía belga le había dado permiso para publicarlas. Y él pensaba que estaba escribiendo yo todavía la novela y que sería muy bueno que yo las consultara, y yo le dije al señor Beckman, querido amigo e historiador mexicano, mira, no puedo. Si yo fuera historiador yo tendría necesariamente que suspender mi trabajo, salir corriendo para Bruselas, leer esas cartas, sacar conclusiones y escribir sobre ellas. Pero mi novela está terminada, no soy un historiador. Lo que no leí, no lo leí. De lo que no me enteré, no me enteré. Lo que no pude meter en la novela, no lo pude meter, de por sí esta novela es inmensa, muy voluminosa, no puedo hacer más. O sea, mi novela es mucho más novela en el sentido en que está alimentada con muchos datos que son, para hablar con lenguaje moderno, son datos duros de la historia y otras percepciones y opiniones sobre la historia. Por ejemplo, Maximiliano se dice tuvo una amante, en Cuernavaca, que se llamaba Concepción Sedano. Y los historiadores se dividen entre aquellos que no consideran eso como importante, dicen es algo trivial, para qué nos ocupamos de esa cosa. Y otra mitad más o menos que dice, no, no es nada trivial porque el camino de México a Cuernavaca en aquellos tiempos tomaba dos días y Maximiliano se quedaba tres semanas, mientras tanto qué pasaba en México, bueno, Carlota gobernaba. Y Carlota sí gobernó, siempre que estuvo al frente del gobierno ella gobernó, Maximiliano no hacía más que desbaratar cosas, era la imprecisión en persona, no tomaba nunca decisiones y luego se iba con su amante a Cuernavaca. Así que no es un dato trivial, es importante, no es que pasara una noche en Cuernavaca. La otra mitad de historiadores, la que sí cree que tenía una amante, una cuarta parte, la mitad de la mitad, piensa que era la esposa del jardinero en jefe de los jardines Borda, y otros dicen que no, que era la hija. Nunca se pondrán de acuerdo. Yo como novelista, escogí que fuera la esposa, porque si hubiera sido la hija el jardinero más bien se hubiera visto a aprovechar la situación y la hubiera aprovechado muy bien y yo lo que quería era hacer un ejercicio poético sobre el abuso del poder, entonces tenía que ser la esposa amada del jardinero, un buen hombre, un hombre de Dios, que estaba enamorado de su esposa con toda su alma, pero que al mismo tiempo el emperador Maximiliano era una especie de ser divino, vamos a acordarnos que en aquella época todos los emperadores eran designados por el dedo de Dios y así lo creía la gente; entonces preferí hacer un ejercicio poético sobre el abuso del poder. El caso de la batalla de Puebla, que nosotros festejamos aquí el 5 de mayo como un gran triunfo sobre los franceses, se ha hecho tan popular esa fiesta que como sabemos ahora en Estados Unidos todos los hispanos, cuando menos los descendientes de mexicanos, la celebran casi como el día de la Independencia. Nadie sabe qué pasó el 5 de mayo pero saben que pasó algo muy importante. La derrota de los franceses del 5 de mayo fue muy fácil. El general Lawrence o Lorencés, como decimos aquí, no tuvo en cuenta que era la ciudad más abaluartada de todo México, quizás la única, y en lugar de seguirse hacia la Ciudad de México y tomarla con la mano en la cintura, porque no tenía ningún baluarte, se metió con la ciudad mejor abaluartada del país con seis mil hombres nada más, él creía que con seis mil hombres iba a conquistar todo México, y ese día además hubo granizo, tempestad, lodo, piedras, todo. La naturaleza puso una buena parte en la derrota de los franceses. Entonces yo asumiendo una responsabilidad que nadie me dio, nadie me dijo tú tienes que ser responsable de esto, dije yo asumo esta responsabilidad y le hago un homenaje en mi novela al sitio de Puebla un año después. Fue un sitio verdaderamente heroico porque por pelearse barrio por barrio, casa por casa, calle por calle y hasta cuarto por cuarto, pero aquí no se festeja porque claro, fue una derrota y las derrotas no se festejan en México. Yo creo que en ningún país, salvo en Francia que hicieron de la derrota de Camarón el día de la Legión Francesa, como narro en la novela. Claro, una derrota inevitable porque 60 legionarios, no digo franceses porque muchos eran extranjeros, pero 60 miembros de la Legión Extranjera de Francia se vieron acorralados en las ruinas de una hacienda que se llama Hacienda de Camarón, por mil lanceros mexicanos y naturalmente fueron derrotados. El capitán que los comandaba tenía una mano de madera y esa la guardan todavía en Francia en el cuartel general en Marsella de los Legionarios. Cada año la colocan en un patio, en el centro, encima de un pedestal de terciopelo rojo, y la Legión Extranjera entera, o una buena parte, marcha ante la mano de madera haciéndole un homenaje. Por eso yo digo: André Bretón dijo que México era el país más surrealista del mundo, pero bueno aquí adorábamos, venerábamos la mano del General Obregón, pero era una mano de verdad, y allá adoran la mano de madera del Capitán Danjou. No sé si contesté la pregunta... (risas).

Beatriz Pastor: ¡Absolutamente! Entonces habla de una historia que ha marginado y despreciado lo trivial. Pero en su novela lo que hace es demostrar que lo trivial no lo es en absoluto. ¿Cómo ve usted la relación entre la historia y la literatura?

Fernando del Paso: Yo creo que a muy grandes rasgos toda novela es histórica. Todas, desde las más vanas hasta las más buenas. En toda novela se puede aprender algo de historia de la época en la que fue escrita. De cómo se pensaba, cómo se actuaba, qué ropas usaban, qué comida servía como alimento... claro, en unas más que otras. La comedia humana de Balzac nos ofrece un fresco histórico maravilloso, de modo que la novela histórica no es sólo la novela que trata sobre personajes históricos, no es la novela de Maximiliano y Carlota, la novela de Beethoven, o la novela de Napoleón, o las biografías noveladas de ciertos grandes hombres y mujeres de la historia. Toda novela histórica proporciona datos maravillosos para el novelista y creo que el novelista debe también estar muy al tanto de muchas cosas triviales y mundanas precisamente para enriquecer la novela. Para decir precisamente qué era lo que se comía en los bailes de las Tullerías, qué hábitos usaban las monjas en la Ciudad de México y de qué clase de telas, para ver cómo le sonaban al ciego del capítulo de La ciudad y los pregones y por qué tenía tanta fuerza y tantas órdenes la Iglesia. De modo que toda novela es histórica y nos enseña algo. Sabemos desde hace tiempo, eso todos los sabemos, que mientras más información tenga una novela más cosas distintas les dice a los lectores. Por ejemplo Noticias del Imperio le va a decir cosas muy distintas a un lector mexicano que tenga 23 años de edad, que a una mujer belga que tenga 58 años de edad. Les va a decir cosas absolutamente distintas aunque los dos pasen los ojos por las mismas páginas. Y yo creo que la novela histórica muchas veces transmite algo mucho más profundo que las fechas y los datos duros que es el sentido de la historia. Claro que la historia tiene muchos sentidos, y muchos no sentidos tampoco, pero por lo menos transmite el sentido de la historia que tiene en un momento dado un escritor hacia unos lectores que están dispuestos a aceptar o no esa percepción de la historia, pero que de alguna manera puede enriquecer la vida del lector como enriqueció la del autor, porque antes de escribir algo hay que aprenderlo, no se puede escribir sobre lo que no se sabe.

Beatriz Pastor: Ha sido una conversación tan grata, pero no estaría bien monopolizar el diálogo así que lo voy a abrir a preguntas que puedan tener quienes nos acompañan.

Reportero: Señor Del Paso, conociendo sus valores ideológicos, ¿cómo cree que va a tomar esta designación la administración del régimen que está ahora en el poder, que se ha estado calificando de derecha y usted tan seguidor del contrario a los que están ahorita gobernando?

Fernando del Paso: ¿Usted se refiere a la administración en bloque o se refiere usted a la Secretaría de Educación Pública, o a la de Hacienda, al presidente..?

Reportero: A quien está ejerciendo el poder, es decir al presidente...

Fernando del Paso: Pues yo creo que le va a tener sin cuidado porque a la gente del PAN la cultura la tiene sin cuidado. No creo que esto sea una piedrita en el hígado para el presidente definitivamente, ¡qué va!

Reportero. Miguel de la Cruz. Canal Once: Quisiera que ampliara sobre su decisión de que el premio para usted es Juan Rulfo y no el premio FIL.

Fernando del Paso: Pues en realidad esa decisión obedece a que se dieron ¿cuántos premios? Catorce premios... quince con ese nombre. El de Monsiváis y el mío ya no lo tienen. O sea se instituyó con ese Premio, todo el mundo lo aprobó, y conste que en todo el mundo incluyo a la familia Rulfo, a su viuda y a sus hijos. En catorce años nunca dijeron nada, nunca hubo una protesta, nunca nada; yo habiendo querido, quiero mucho a Clarita Rulfo, la conocí hace muchos años porque de todos los premiados con este galardón, a excepción de Juan José Arreola, yo he sido probablemente el que ha sido más amigo de Juan Rulfo, el que más lo conocí, conocí a sus hijos de muy pequeños, les tengo cariño, pero eso no obsta para que a mí me parezca de pronto muy absurdo que a los catorce años, ¡a los catorce años!, se den cuenta de que este premio no quieren que se llame así, que se use su nombre. Bueno, eso lo pudieron haber dicho antes de que se usara, o en todo caso el primer año, la primera vez si les hubiera tomado por sorpresa. Yo creo que eso se consultó con la familia Rulfo, eso se les dijo antes y si no se les hubiera dicho la primera vez era cuando debieron haber protestado. Pero catorce años después no tiene absolutamente ningún sentido. El criterio para premiar a alguien se le deja al jurado, el jurado es el responsable de a quién premia y a quién deja de premiar, el criterio no lo debe ejercer ni el público, ni la familia Rulfo, ni los no premiados ni nadie. Solamente en pláticas de familia, pero esto se volvió un asunto público sumamente penoso. Yo creo que este premio se lleva, se sigue llamando Juan Rulfo, se llamó Juan Rulfo el año pasado, aplicando los usos y costumbres, no tanto las leyes como usos y costumbres.

Reportero: ¿Cómo observa usted el camino del libro, el futuro del libro (...) qué podría expresar al respecto?

Fernando del Paso: Creo que fue Javier Marías el que dijo, y es demostrable eso, que antes de la invención de la televisión, no digamos del Internet e incluso de la radio, la gente leía muy poco. La gente siempre ha leído muy poco en todos los países, en toda la historia. Ahora por otra parte existe el libro que no es de papel, como decía Aguilar Camín hace poco, es el libro de Internet, que no se puede imprimir, pero desde el momento en que un libro entero se imprime, se hace libro, se hace un libro de papel. Por lo pronto creo que es un libro muy caro. Saldría muy caro imprimir Noticias del Imperio en papel. Yo más bien creo que la seguirán comprando. Y ahora hay una maravillosa edición de Santillana, que tiene una letra muy clara, un buen papel, más fácil de leer que otras ediciones en donde estaba un poco más comprimida y con menos aire. Santillana va a sacar también una nueva edición de Palinuro para ser presentada en la Feria. Incluso fotocopiar Noticias del Imperio ya saldría más caro que comprar el libro.

Reportero. Edgar Velasco. Público: Darnos un comentario sobre la obra de Rulfo.

Fernando del Paso: Es un poco difícil en muy pocas palabras o minutos hablar de una obra tan conocida, tan reconocida y al mismo tiempo tan desconocida. Porque aparenta ser una obra fácil, Pedro Páramo por ejemplo, que es la obra fundamental, pero tiene muchos misterios, una novela tan misteriosa, tan extraña que uno la puede leer varias veces, cuatro o cinco veces, y cada vez descubre uno en ella nuevos encantos. Encantos en el sentido etimológico antiguo de la palabra encanto, que es el canto que fascina. Juan Rulfo canta con un lenguaje muy especial y el milagro y el encanto consiste, entre otras cosas, no solamente en hacer hablar a los vivos con los muertos, sino en hacer que esos diálogos parezcan naturales. Si uno analiza a fondo la forma en la que hablan los campesinos personajes de Rulfo encuentra que nadie habla así. ¿Es un lenguaje falso? ¡No! Porque vuelve uno al libro y claro que así habla la gente. Él inventó toda una atmósfera maravillosa alrededor de esa misteriosísima tierra que le sirve de escenario a Pedro Páramo y a El Llano en llamas y a ese personaje que no en balde se llama Pedro Páramo, porque Pedro quiere decir piedra, y páramo quiere decir desierto y al final de Pedro Páramo el personaje, dice, “se desmoronó como si fuera un montón de piedras”.