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Lanzarán edición definitiva de Poeta en Nueva York, de García Lorca

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Poeta en Nueva York, el poemario que Federico García Lorca elaboró durante su visita en 1929 a la emblemática ciudad de Estados Unidos y que, por años, fue objeto de controversias literarias, será publicado en 2009 en una edición definitiva por la Fundación Federico García Lorca, que compró el original en subasta en 2003, según se anunció este lunes 22 de octubre.

Este acontecimiento editorial se celebrará con un simposio en el que diversos especialistas analizarán la influencia de este libro en el arte universal y una exposición de textos y dibujos del poeta junto a obras inspiradas por él. La sobrina del poeta, Laura García Lorca, confirmó que este encuentro se desarrollará tanto en Nueva York como en Madrid y en Granada. Además, la ciudad andaluza será el destino final de este poemario que Federico jamás vio publicado: como el resto de los fondos que posee la fundación, se trasladará al Centro Lorca que se construye en la Plaza de la Romanilla.

El anuncio de la publicación se produce cuatro años después de que los herederos del poeta adquirieran en una polémica subasta en Londres el texto original, una especie de proyecto poético compuesto de versos manuscritos, mecanografiados o impresos en revistas, notas, correcciones e indicaciones sobre el contenido, el orden y la estructura del poemario. El legajo recuperado constaba de 26 páginas escritas a mano y 96, en letras de molde.

La familia del poeta siempre ha insistido en que este documento, que él entregara a su editor y amigo José Bergamín semanas antes de morir, no era un manuscrito, sino un original o, en palabras de Manuel Fernández Montesinos, presidente de la fundación, un “mapa del libro”, que será publicado atendiendo a las voluntades literarias del poeta, gracias al trabajo de expertos que resolverán las dudas de su estructura o el orden y procedencia de algunos poemas.

El original de Poeta en Nueva York está siendo estudiado por algunos de los principales estudiosos en la obra lorquiana, entre ellos el catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), Mario Hernández, el profesor de la Universidad de Boston Christopher Maurer o el director del departamento de Literatura Española de la Universidad de Granada (UGR), Andrés Soria Olmedo.

La directora de la fundación resaltó que el interés del legajo perdido y encontrado radica en que refleja el dinamismo del proceso de creación. En la dedicatoria de uno de los capítulos, Federico escribió y tachó: “A Vicente Aleixandre” (dos veces), “A Eduardo Ugarte”, y, finalmente, dejó “A Concha Méndez y Manuel Altolaguirre”. Laura García Lorca aseguró que este hallazgo confirma el buen proceder de José Bergamín. “Se discutía si había publicado el libro tal cual lo había concebido García Lorca o había hecho una interpretación del original entregado”, explicó.

En ese sentido, Mario Hernández reconoció que el original que el poeta le dejó a Bergamín “era un poco anómalo: nadie lleva a la imprenta un libro en el que dice ‘Este poema está en tal revista; búsquese’ o ‘Este poema manuscrito que ni siquiera está a limpio va en tal capítulo’. Es el clásico original que se entrega a un editor que es amigo”.

Un día de julio de 1936, el escritor se acercó a ver al editor José Bergamín a su despacho de la editorial Cruz y Raya, en la calle de Bartolomé Mitre, 5, de Madrid. Su amigo y colaborador no estaba, así que el poeta le indicó en una nota: “Querido Pepe: he estado a verte y creo que volveré mañana. Abrazos, Federico”. El escritor no regresaría, pues partió hacia Granada, donde a los pocos días del golpe militar, el 18 de agosto, fue asesinado.

El texto será publicado con todas las indicaciones del poeta, sin los cambios que introdujera Bergamín y que dieron lugar a un sinnúmero de especulaciones. Las polémicas que comenzaron en 1940 quedarán zanjadas con esta nueva edición.

Tales polémicas surgieron cuando las dos ediciones primeras aparecieron en México y en Estados Unidos. Una bajo el sello de Norton, y otra con Séneca, aparentemente salidas del manuscrito en poder de Bergamín, pero muy divergentes. Hasta el punto de llevar a expertos a pensar que el editor se había inventado parte. El silencio de Bergamín multiplicó las inseguridades. “Decía que eran todas discusiones bizantinas”, apunta Mario Hernández, catedrático de literatura española de la Universidad Autónoma en Madrid.

Durante la Guerra Civil española, los embajadores de Colombia y México le ofrecieron exilio al poeta, porque preveían que podía ser víctima de un atentado debido a su función de funcionario de la República española, pero él rechazó las ofertas y se dirigió a su casa en Granada para pasar el verano.

Por esos días, cuando alguien le inquirió sobre sus preferencias políticas, manifestó que se sentía a la vez “católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico”; de hecho nunca se afilió a ninguna de las facciones políticas y jamás discriminó o se distanció de ninguno de sus amigos por ninguna cuestión política; se sentía, como él lo dijo en una entrevista al Sol de Madrid poco antes de su asesinato: íntegramente español.

Fuentes: El SigloIdeal