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“Memoria e identidad en José León Tapia”, de Julia Elena RialMemoria e identidad en José León Tapia

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En el primer libro que leí de Julia Elena Rial, Las masacres: ortodoxia histórica-heterodoxia literaria (Fondo Ed. Secretaría de Cultura, edo. Aragua, 1999), hay una frase que dice así: “La memoria necesita de la literatura para conocer vidas y comunidades que el olvido ensombrece”.

En su más reciente trabajo, Memoria e identidad en José León Tapia (Ediciones El Perro y La Rana, 2006), escribe: “La memoria literaria exige salvaguardar las imágenes reales, no siempre por la lógica del relato sino por el sentimiento del escritor que reclama siempre la presencia del pasado”.

Entre una frase y otra median algunos años y, sin embargo, leídas en conjunto son la demostración de dos verdades irrebatibles: primero, la coherencia con que la profesora Rial ha venido construyendo su discurso ensayístico y, segundo, la enorme fe que nuestra amiga ha depositado en los poderes de la memoria y la palabra escrita.

Entre ambos libros está Constelaciones del petróleo (edición del autor, 2003), en donde tras el análisis de una serie de obras narrativas y teatrales Julia Elena va demostrando cómo la ficción suplanta la historia reivindicando lo humano y lo cotidiano en el devenir histórico social.

En el libro que hoy recibimos se ocupa de la obra de un autor cuya importancia aún no ha sido descubierta por los lectores venezolanos; digamos que se trata de un autor un poco marginado —aunque para nada marginal.

Y quizás la razón de esta marginación se deba a que Tapia no escribe pensando en una universalidad impuesta por modas o estilos.

Por el contrario, Tapia escribe desde la añoranza, como lo demuestra la profesora Rial, escribe desde el terruño, desde su memoria personal y familiar que, por efecto de la escritura, se convierte también en memoria de un pueblo, de un gentilicio.

La crítica literaria en ningún momento debe suplantar el placer de la lectura; por el contrario, debe enamorar, convocar, incitar al lector a realizar nuevos descubrimientos, abrirse a horizontes inéditos para disfrutarlos y confrontarlos en el diálogo abierto de nuestra herencia cultural.

Creo que este libro de Julia Elena Rial cumple ese cometido: luego de navegar por estas páginas he sentido sed de conocer más profundamente la obra de Tapia, de buscar en ella parte de mis raíces perdidas.

Ojalá que esta edición llegue a los lectores como buena semilla y germine en ellos el placer de leer a nuestros autores y de sentirnos nuevamente orgullosos de ser venezolanos.