Letras
Poemas

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Comunión

Comulgo
entre tu cuerpo desnudo
pan turgente
húmeda cresta
venero las uvas
siempre dulces de tu sexo
Tu manjar albo
suave entre mis labios
abrasa mi saliva
me aposenta en tu gozo
donde la muerte es un remanso

 

Y soy poeta

Y soy poeta
sin gloria, ni laureles.
Me aferro al humus de las letras
que —a veces— rasga mi vientre
con la impiedad de fiera sanguinaria,
me coludo con el áspero otoño
al ocaso de las lunas,
en mascaradas breves
que tiñen mi insípida locura,
o el ácido fluir de mis riveras.
Hay usura y pavor
en morada umbría de mis huesos.
Cuando estalla la memoria,
regurgitan demonios milenarios,
que creía enterrados en las ínsulas leves
de mis cerrados párpados,
de mi gastado sueño,
donde sólo el cascajo se presenta
cuando busco la otredad.
Por más que lo intente
nunca retornará el pálpito primero,
la exaltación del sol en mi pupila,
la sábana de apremios y venturas.
Pero soy poeta
—Y todos creen que es galardón inaudito,
panacea de duelos—
debo sahumar la peripecia afortunada,
dar voces de contento,
exultar a las musas callejeras,
aunque nadie se entere
del insomnio del cuerpo,
el letargo del alma,
y la mirada opaca, permanente,
adentrada en lagos de ceniza.

 

Uvas ácidas

Mi cuerpo olvidó su nombre,
comencé a llamarlo nunca,
cada campanada,
cada insomnio.
Mis ojos trenzaron lienzos,
con esa suerte de lágrimas
anudadas a la cúpula
turbia y quieta de mi cuarto.
¿Que soñé rosas en el desierto?
Es posible,
no sabía de nudos corredizos,
ni leyes de Dracón,
sólo de manos juntas,
cruda dualidad de amanecer.
Mientras él se persuadía
sembraba gardenias en mis labios,
un tordo azul vivía entre mi sangre,
mi alma era surtidor de gozo.
Llegó la vigilia,
tiempo de uvas ácidas,
ramalazos de frío
estallan en mis huesos.
Todo fenece:
la flor,
el tordo,
el surtidor.

 

Pubis

Es el pubis
la oración del naufragio
arcano de tormentas
seda entre los dedos
que en desnudez de perla
renace y se desgaja
en labios acuciados

 

El día

El día
amaneció sin ti,
relente y desahuciado,
casi muerto.

(Mis ojos,
perdidos tras las sombras,
te buscan.)

¡Qué líquido es tu nombre!

En las hojas del árbol,
en las gotas de lluvia,
lo miro y tiembla.

 

Ábrete séxamo

Ábrete séxamo
puerta tallada en cedro
retira pasadores
revoca tus ventanas
nombra al marino
para que surque tu rivera
te corone de espumas
de frente a los apremios
sin omitir un solo poro
hasta que el mástil te alcance
ábrete séxamo
en un conjuro alevoso
no contengas el brío
que fluye de tu entraña
húmeda orquídea
deja fluir tus mieles
sobre la piel deseosa
y desborda la savia
que rezuma urgencias