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Pancho HinojosaJarrón de flores para Pancho Hinojosa

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Pésimo bailarín y excelente cocinero, así lo describen sus amigos. Como bailarín me consta, pues lo vi en una discoteca de Bogotá, una noche que salimos de parranda con Daniel Goldin. No sé cuál de los dos bailaba peor.

En cuanto a cocinero, aunque no he probado su sazón, le creo a las numerosas fuentes consultadas. En estos días llamé a sus amigos y sus cuentacuentos, para dicha del señor Slim, cada vez más rico a costillas de los mexicanos. “Uno creerá que inventa los platos que van bien con sus historias”, precisó el Fisgón.

Gerardo Méndez, famoso cuentacuentos y célebre esposo de Eva Jánovitz, me habló de un árbol viejo que hay en el patio de su casa, en Cuernavaca, donde los pájaros pasan a visitarlo. No precisó Gerardo los temas de conversación entre los pájaros y el autor, pero los supongo altamente interesantes. ¿Le sugerirán ideas para los próximos libros? ¿Le traerán chismes de otros autores? ¿Tratarán de las nuevas corrientes narrativas o de los más recientes disparates de los críticos? Los pájaros son así.

Marcela Romero, maravillosa cuentacuentos, lo vio conversar con un gato negro. No me miren así. Hablen con Marcela. O, mejor aun, hablen con el gato.

Lourdes Morán, otra de sus engolosinadas cuentacuentos, jura que lee en los espejos del agua y que entiende el lenguaje de las hojas. El autor, no Lourdes, que también lee las líneas de la mano. En cuanto a las hojas, Lourdes no se refiere a las que una tras otra conforman los libros sino a las vegetales, que una tras otra mantienen a los árboles en la dureza del aire e impiden con fiereza que las raíces los arrastren a las oscuridades de la tierra. Y volvemos a los árboles.

De animales y árboles, al parecer, no vamos a salir. De bosques. Cuando se habla de autores, siempre hay un bosque, al menos el que derriban para cada uno de sus libros. Y si de autores para niños se trata, el bosque debe ser encantado.

No he mencionado a las princesas. Que conste en el acta. Pero supongo que estarán encantadísimas. Valga una aclaración, pues quiero cortar rumores: nuestro autor no trata con frecuencia o casi nunca trata o nunca trata (señalen con una x su opción) de princesas, príncipes, castillos, sino de seres de apariencia normal, acosados por situaciones cotidianas que se transforman en trances extraordinarios.

En cuanto a apariencias, el Fisgón advierte que no me deje engañar por la pinta seria del autor. “Es una persona supremamente divertida”. Un simpático conversador, no hay duda. ¿Un hombre de mundo? No lo sé pero en todas partes dan razones de su paso. La semana pasada estuve en Sinaloa, por ejemplo, y su rastro era reciente. En Medellín hablan de él hasta en las esquinas. En Bogotá, hasta las palomas de la plaza de Bolívar podrían comentar de los vuelos del autor. El mismo fenómeno se registra en Caracas, Buenos Aires y otras ciudades. Si mal no recuerdo, a Elia Crotte se lo mencionaron en una cantina de Tepito. ¿Qué hacía la cuentacuentos en Tepito? No puedo revelarlo: nunca falta un chismoso. Por otra parte no estoy seguro del lugar. Bien pudo ser en la plaza Garibaldi. En Tenampa Elia Crotte es muy conocida. Creo que nuestro autor también. Dije “creo”. Quiero evitar una demanda por calumnia.

Araceli Morales, desde Jardines de Acapantzingo, en Cuernavaca, me dijo sin pudor y sin ambages: “Está como medio loco”. Que no más me fije en su aspecto: parece dibujado por el Fisgón. Cabellos, ojos, anteojos y delgadez. Que es hiperactivo. “Desde chiquito es así”, asegura su hermano Manuel, quien todavía recuerda sus travesuras y las ingeniosas tretas para hacerse de los privilegios, y el dinero, por supuesto. Su otro hermano, Javier, el fotógrafo, se negó a hablar para no difundir las vergüenzas de la familia. “Lo más curioso de Pancho es su loquera”, repite Araceli. Ha conocido un montón de escritores y le han parecido formalones. Pero Pancho. “Eso mismo hace que sus personajes sean fuera de serie”, concluye Araceli.

“Es dulce”, dijo María Baranda, su mujer, y quién soy para contradecirlo. ¿Autor de anís, autor de codorniz? Nunca le he dado un mordisco, no le tengo la confianza suficiente. ¿Alguna lectora se atreverá a dudar o controvertir tan contundente afirmación? Le sugiero que hable con María antes de cualquier experimento y así se evitará problemas mayores.

Con María Baranda este prolífico autor tiene dos hijas. Una razón más para que las lectoras sean cuidadosas en sus acercamientos.

Creo que va por la altura de los cincuenta libros y por los veintisiete o veintinueve árboles. Perdón: otra vez los benditos árboles. Pero ya saben: uno, para redondear la existencia, debe tener un libro, sembrar un hijo y escribir un árbol.

Y ahora la pregunta que tanto inquieta a la comunidad lectora a nivel internacional: ¿es María Baranda la peor señora del mundo? ¿Una de las peores? O, por el contrario, ¿es María Baranda una de las mejores señoras del mundo? Basta una miradita para inclinarse por esta última opción, pero nunca se sabe.

¿De dónde surgió la peor señora del mundo? El autor asegura que se trata de una vecina, pero cuántas peores señoras del mundo habrá conocido en su vida. Él sabrá. Lo cierto es que las cocinó durante cinco horas en el horno de su escritura, con su sabiduría de cocinero de alta magia, y ahí tienen el resultado, señores. Lo cierto es que esta peor señora no pudo salirle mejor. Le resultó buenísima. Todo un golpe de calcetín. Perdón: de suerte. Tampoco: de oficio. Los dioses visitan a quien lo merece. Quince años, y la señora sigue tan campante. Quince años y seguirá igual de fresca dentro de otros quince, tal como la dibujó el Fisgón y como nadie más se atreverá a dibujarla. Así llegará a los cincuenta, y a los cien y a los doscientos. La peor señora va para largo. Sabia estrategia es ponerla de nuestro lado. El que a buen árbol se arrima buena sombra lo cobija, y declaro cancelado el tema vegetal, sobre todo ahora que me lanzo al párrafo de cierre.

A última hora, en las tierras del tequila, los mariachis y el jarabe tapatío, me uno a la fiesta de Pancho, quien firma sus libros como Francisco Hinojosa, y como la cortesía aconseja presentarse con un regalo, por favor, señor agasajado, acepte este jarrón de flores.