Artículos y reportajes
Clive WearingLas locuras de la memoria

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Un artículo publicado en el periódico británico The Guardian el sábado 3 de noviembre de 2007, sobre un eminente músico inglés, Clive Wearing, me recuerda ese cliché repetido a menudo que nos dice que a veces la realidad supera la ficción.

Hace ya más de veinte años que Mister Wearing carece de memoria a causa de una infección de encefalitis herpética. El tiempo de retención de acontecimientos, imágenes, situaciones, etc., es de unos pocos segundos. Sufre además de una amnesia, un borrón total de su vida pasada, salvo que reconoce a su esposa, a sus hijos y que retiene aún la capacidad musical de interpretación de partituras completas. A nuestros ojos, la música se representa en una sucesión de instantes que forman una totalidad, una melodía, canción, etc. desde el principio hasta el fin, en un lapso del tiempo presente. Para Mister Wearing, lo que cuenta es cada nota aislada que él lee, interpreta y expresa externamente en sonido, pero que luego huye disolviéndose en su memoria. El sonido desaparece en el instante mismo en que se emite, para, de inmediato, representar otro. La continuidad de una nota tras otra constituyendo una pieza musical, Mister Wearing no la tiene, sino que experimenta cada nota aislada, cada nota en su presente. Su esposa relata que en una ocasión lo vio observando una barrita de chocolate que tenía sobre la palma de la mano repitiendo todo el tiempo: “Mira, es nueva”. Ella le dijo: “No, es la misma que tenías hace un momento”, pero él insistía que no, que era otra diferente.

Este caso de la vida real es lo opuesto a lo que nos relata Jorge Luis Borges en un cuento de ficción titulado “Funes el memorioso”. El personaje de Borges, que lleva por nombre Ireneo Funes, es un campesino de una región del Uruguay, quien, luego de un accidente en que se cae del caballo, despierta con una capacidad inacabable para recordar, no pudiendo olvidar ni un solo instante experimentado en su conciencia. Todo lo que ocurre se graba en su memoria con una precisión asombrosa. De esta forma, sin saber ni comprender el latín, con sólo mirar las páginas de la Naturalis historia es capaz de retener en su cabeza todo lo relatado por Plinio. Además, cada objeto se representa a sus ojos empapado de su propio proceso de transformación; por ejemplo, nos cuenta Borges, para el ser humano normal, tres copas de vino sobre una mesa son tres copas de vino sobre una mesa. No para Ireneo Funes, que percibe en esta imagen “todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra”. Agrega Borges que Funes podía recordar también en el más mínimo detalle todo lo que ocurría en cada día de su vida, y por tanto, necesitaba todo otro día para contarlo. Poseía “más recuerdos... que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo”. El desenlace tiene el sello de Borges y su estilo irónico: Funes muere abrumado por una congestión pulmonar, destrozado por su capacidad de memoria que no le deja ejecutar la función corporal mínima que es la de respirar.

Mister Wearing representa el caso contrario al de Funes, pero es real y ha tolerado la dolorosa situación por más de veinte años. Luego de haber sido internado en una clínica siquiátrica por seis años, fue mudado a una casa de reposo en la campiña inglesa que se especializa en casos de personas con daño cerebral. Ahora es capaz de mantener una conversación, aun cuando lo que relata se cree que es en su mayor parte apócrifo, ya que posee lo que se denomina memoria semántica, es decir, la memoria basada en el conocimiento general. Habrá una película de este caso, que muestra a Mister Wearing conduciendo un coro con sensibilidad, dirigiéndose a distintos integrantes de la orquesta instrumental alentándolos en su tarea, moviéndose con elegancia, gracia y distinción, porque el protocolo y las sutilezas sociales Mister Wearing no las ha olvidado. Es más, es en la música donde él puede realizar todo su potencial artístico: aquí el tiempo fluye y se detiene al unísono, al igual que su vida que existe únicamente en el tiempo presente, es decir, lo que ocurre en segundos es borrado de su mente y lo que no existe aún es lo actual. Dicho en otros términos, en su capacidad de percepción de la realidad no existe pasado ni futuro.

La historia de Borges nos asombra, remece nuestra imaginación, pero, ¿puede uno imaginarse lo que Mister Wearing debe soportar en cada instante consciente de su existencia? Al comparar un relato imaginario con un caso de la vida real —opuesto uno al otro— sólo se puede concluir que la ficción y la realidad se sitúan en un mismo plano y que la primera no hace más que preceder en tiempo y espacio esta última. Es el poder de la creatividad humana; si no, baste recordar a dos grandes visionarios de la ciencia y la tecnología: Leonardo Da Vinci y Julio Verne.