Artículos y reportajes
Miguel Delibes. Foto: Bernabé CordónLa vida de Miguel Delibes en un año

¡Comparte este contenido! Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en WhatsApp Enviar por correo

Cuando Delibes escribe Un año de mi vida quiere escribir un diario. En él anota las experiencias cotidianas que le van sucediendo, pero también reflexiones intemporales que sirven para comprender la personalidad del autor vallisoletano.

Un año de mi vida es más importante de lo que nos pudiera parecer a primera vista: supone una de las mejores maneras de conocer en profundidad a su autor.

He aquí algunos de sus pensamientos más personales junto a comentarios cotidianos que han hecho de Delibes un autor sencillo, natural, cercano a las gentes del campo.

 

La gallina cobarde y el gallo peleón y jactancioso

Tenían fama de excelentes y abundantes las truchas de Mave, al norte de Palencia, no lejos de Aguilar de Campoo. Las aguas del Pisuerga, por allí corrían frías y la corriente era rápida. El 7 de agosto se dispone a pescar truchas Miguel Delibes, en Mave. Cuenta lo que le pasó en Un año de mi vida, con lo que confirma el convencimiento popular de que las gallinas son cobardes, pero el gallo es peleón y jactancioso.

Ayer tarde me atacó un gallo, cuando pescaba truchas en Mave en el Pisuerga.

(Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 7 de agosto, p. 23).

El lenguaje popular compara al cobarde con las gallinas. Las gallinas son cobardes, huyen, es lo suyo. El Diccionario de la Real Academia da como acepción 4ª, gallina: Persona cobarde, pusilánime y tímida. El mismo diccionario recoge el sentir popular respecto al gallo y llama gallear, 2ª acepción: Presumir de hombría, alzar la voz con amenazas y gritos, y 3ª acepción: Pretender sobresalir sobre otros con presunción y jactancia. Como 5ª acepción de gallo da la de hombre fuerte y valiente, y como 6ª: Hombre que trata de imponerse a los demás por su agresividad y jactancia.

Miguel Delibes recoge este sentir popular y cuenta lo que le pasó a orillas del Pisuerga, en Mave, Palencia.

Al hacerlo, las gallinas huyeron, como corresponde, pero el gallo me hizo cara y cuando menos lo esperaba se arrojó aleteando sobre mí y me dio un trompazo en el pecho con los espolones (...) en cuanto le di la espalda volvió a arrojarse sobre mí picoteándome el trasero. Al alejarme, se encaramó en las bardas y lanzó un quiquiriquí triunfal.

(Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 7 de agosto, p. 23).

La peripecia la comenta Miguel Delibes en Avellanosa de Burgos, donde le aseguran que los gallos son iguales que los hombres. Delibes concluye:

La verdad es que yo había oído hablar de la agresividad de los gallos en defensa de su cuartel, pero nunca había vivido la experiencia.

(Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 7 de agosto, pp. 23-24).

 

Intuición de Miguel Delibes, certeza científica

Una joven brasileña toma como tema de su tesis Cinco horas con Mario. Se llama María Elena G. de Jesús. Echa mano de métodos psicoanalíticos y estructuralistas y llega a la conclusión de que la novela de Miguel Delibes tiene dos claves que abren su último sentido: la erótica y la económica. Lo que ha contado Miguel Delibes en su novela Cinco horas con Mario tiene perfecta y plena coherencia, por más que el autor asegure que se puso al trabajo de escribirla “al buen tuntún”. Su intuición es de gran novelista y, así, la obra sale de una pieza, entera y magna:

Ella hace ciencia o, por mejor decir, psicología, sociología y filología de lo que en uno no es más que intuición.

(Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 7 de septiembre, p. 39).

 

Depresiones de Miguel Delibes y letra manuscrita

Un compañero del periódico El Norte de Castilla, Santiago Álvarez, le copia a Delibes artículos y novelas. Está acostumbrado a su letra, es de los pocos que la entienden. Un día Santiago Álvarez le hace una observación de psiquiatra:

Hoy me ha hecho una observación digna de un psiquiatra: cuando yo aprieto letra con letra, como arropándose unas con otras, de forma que quepan muchas en poco espacio, mi espíritu pasa por un período de depresión. Y, al contrario, en las temporadas de relativo optimismo, mi letra es grande, tendida, pródiga, abierta.

(Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 16 de septiembre, p. 45).

 

Momento relativamente optimista de Diario de un cazador y sombrío de Cinco horas con Mario y Parábola del náufrago

Tras la anterior observación de Santiago Álvarez, Miguel Delibes apostilla:

Y, al contrario, en las temporadas de relativo optimismo, mi letra es grande, tendida, pródiga, abierta. Así era, por ejemplo, el manuscrito de Diario de un cazador —lo he verificado— y, en cambio, los manuscritos de Cinco horas con Mario y Parábola del náufrago, son macizos y tupidos y, por añadidura, están muy corregidos.

 

Más sobre depresiones de Miguel Delibes

Los temperamentos neuróticos pasamos, casi sin transición, de la depresión a la euforia. En mi infancia me sucedía otro tanto. Y pienso que en los momentos actuales de equilibrio, uno reconstruye con fruición sus momentos felices (El camino, Diario de un cazador), y por el contrario, en las fases depresivas, uno rescata aspectos sombríos y melancólicos del pasado (La sombra del ciprés, Cinco horas con Mario, Parábola del náufrago, etc.). En todo caso, para encontrarle a uno entero (al menos una aproximación) habría que rastrear entre lo positivo y lo negativo que recatan los personajes que uno ha puesto de pie a lo largo de su vida.

(Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 9 de junio, pp. 213-214).

 

Cuidado con proyectar la persona de Miguel Delibes en sus entes de ficción

Vintila Horia califica de novela sin esperanza a Parábola del náufrago. Miguel Delibes le da la razón, puesto que dentro de ese libro suyo no hay esperanza. Pero el autor no la ha puesto precisamente porque piensa en los lectores, de los que tiene piedad y a los que quiere dejar margen para la esperanza. El ente de ficción puede servir de escarmiento en cabeza ajena de mentira al lector, hombre de verdad.

Esta observación de Miguel Delibes no habrá que perderla de vista frente a los críticos que quieren encontrar en los personajes de las novelas de Miguel Delibes con rápida ligereza y facilidad la proyección de su creador, de sus anhelos más hermosos y de sus posibles frustraciones.

Y, en efecto, dentro de mi libro no la hay (no hay esperanza). Como no hay piedad. Pero si yo no he tenido piedad de Jacinto San José, criatura de ficción, es porque la tengo de mis lectores, criaturas de carne y hueso. Entonces, mi esperanza (que desde luego está fuera del libro) estriba en que los hombres de verdad acertemos a escarmentar en una cabeza ajena de mentira.

(Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 26 de septiembre, p. 51).

 

El abuelo francés, Federico, y la abuela Saturna

Mi abuelo Federico era francés, de Toulouse. Vino aquí a construir un tramo de ferrocarril de Alar del Rey a Santander. A las puertas de Molledo-Portolín hay un túnel importante, excavado en la roca viva, que debió de costar Dios y ayuda perforar. Allí conoció a la abuela Saturna y allí se casaron.

(Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 1 de octubre, p. 54).

 

La Castilla rural desaparece

En conversación con un nieto de Ortega y Gasset, José Varela Ortega, que se ha recorrido muchos pueblos castellanos, mientras estudia su mundo cerealista, tona nota Delibes de la observación que éste le hace y la apostilla:

Me ha dicho: “Apresúrate a escribir tus novelas; la Castilla rural desaparece”. Y es cierto. Y las razones no son exclusivamente económicas. Existe un desdén, una desafección creciente por el campo a todos los niveles. Hay muchos que escapan de él a conciencia de que en la ciudad van a pasarlo peor.

(Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 5 de octubre, p. 57).

Miguel Delibes cree que la televisión está destruyendo la personalidad de una sociedad “viva hace diez años”, y se fija en tres cosas en vías de destrucción: su talante, su orgullo y su idioma.

Esto encaja, creo yo, dentro de la deshumanización general que nos envuelve. Las cosas despiertan nuestra codicia hasta el extremo que incluso nos llevan a renegar de valores permanentes como la Naturaleza. No acertamos a dignificar la vida en los pueblos, conservando vivo el amor a la tierra.

(Un año de mi vida, Miguel Delibes, Ediciones Destino, Barcelona, 1979, 2ª edición, 1986, 5 de octubre, p. 57).

Edición utilizada: Destino, Barcelona, 1986.