Letras
Tres poemas

Comparte este contenido con tus amigos

Días

Hay días amor que pesan como sacos de serrín en los que callo y me quedo sólo en el sendero
días vacíos como fuelles en los que no digo ni palabra y me oculto en la vaguada
torcidos días como la planta que busca la ventana en los que callo como callan los que presencian la explosión
Hay días indescriptibles
días largos como semanas en un pozo en los que cuaja mi silencio como nunca
insospechados días en los que para poder dormir como dormía tendría que contarte mi naufragio

Hay días acribillados como el espacio en torno al cactus cargados amor de horas silenciosas
y también días blancos al otro lado de los que parecen noches
transparentes días, malos para los indemnes y buenos para los condenados
y días en que me subo a todas las carretas y brinco precipicios sin mirarlos
días en que estoy contento, amor, en que escucho el mar en cada caracola, en que río en la estela de tu risa
días en que salto de la cama y caigo en el café, en que todo está por decidir
sorprendentes días en los que para poder dormir como dormía tendría que olvidar cada fracaso

Hay días sin fuerza ni valentía, de fruta sin sabor
días trastornados que parece que discurren al revés, días sin pies ni cabeza, días que me gastan los zapatos y me quitan el color de aquellas tardes de sol en tu toalla
días en que nacen las heridas, se abren las costuras, se anda para arriba, se buscan las señales, se piensa lo impensable
hay días amor que encuentro versos largos y días de pensamientos diminutos como semillas de laurel
días llenos de senderos, húmedos, que me pegan al asiento como a un sello
pero hay días amor en que mis bobadas merecen tus cosquillas
días en que me salvas de mi mismo y la tristeza no pasa la puerta que custodias
días en que me das fuerza para todos los esfuerzos, días que decoras para mí, días que me enseñas que vivir no es ir tirando
días en que pronunciaría para ti todas las palabras
sorprendentes días amor en los que para poder dormir como dormía bastaría con esconderme entre tus brazos

 

Elogio de la nada

Que se había ido vaciando
en el transcurso de la tarde
             (neumático traspasado por la aguja)
con aquel adagio de lluvia
en la chapa galvanizada
con esa tristeza de ventanas vacías
a medio abrir
esas antenas quietísimas en sus mástiles
el gato aquel adelante y atrás entre los vidrios
              (consumido imaginador de un paraíso de ratones que no huyen)
en lo alto de la tapia acicalada
el riesgo de la curva para las bicicletas
el silencio mojado silenciosísimo
la corriente entre ventanas
llevándose el olor del café y de las uvas
negras y ácidas de la cesta
              (el invierno libra al año de un tardo otoño)
el suplemento de periódico calado
en la silla de afuera
esa inmovilidad de cada cosa
esa ausencia de pájaros cerrada
ese sentirse bajo la tapa de la quesera
              (limón apretado criando moho en la despensa)
así fue pero no de repente
se fue vaciando me confesó
             con estas palabras
                        u otras similares más o menos
                                  hasta la nada
(¡reino de tantas cosas!)
                                  y sin remedio
                                  dijo.

 

Paisaje con ermita

Recuerdas niña lo bien que antes
sabíamos callarnos,
volcarnos por ejemplo aquellas tardes
sobre la barandilla fresca
y mirar a la ermita, sólo eso

Tanta fue la traición luego
de los días agotadoramente largos
que nos volvimos charlatanes, locuaces,
alegres bailarines ante el éxito de cualquier
insensata labor de vigilancia

Signos del declive ya por entonces
te hablo de los años amarillos:
una tras de otra las nueces salían negras
los melocotones ásperos olvidaron oler a melocotón
por esos días se jodió todo niña, eso pasó

Se bifurcó salivosa la trayectoria
de nuestras paciencias, todo se hizo
pequeño y tropezamos en cada esquina,
denegamos cautos nuestro derecho
a no cerrar los ojos en presencia del otro

Caímos alarmados en la cuenta
del mínimo espacio de nuestra soledad
sin rincones ni cerrojos
corrimos a comprar candados e hicimos celosías
en los vanos y arrancamos las aldabas de por fuera

Añoramos subterráneos sin accesos donde
calmar el latido de cada encuentro accidental
(no los había de otro modo),
celosamente extraños entre extraños
enloquecimos niña, eso pasó

Minuciosos escrutadores de nuestras costuras
nos rendimos sin luchar como se suele,
llamamos melancolía a lo que era
ya entonces tristeza espesa como azogue
y gritamos ante farmacias sin receta

Nos fuimos niña, eso pasó
cada uno por su lado al mismo sitio
nítido, de recintos descuadrados,
vacío de heladas y de tardes
… … … … … … … …

… … … … … … … …
recuerda aquel entonces como yo
verás que era perpetuo el silencio de los días
que éramos dioses nombrados cada víspera
que tuvimos el infinito entre las manos.