Artículos y reportajes
Imagen: Matthias KulkaDos notas

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La maravillosa libertad de escoger

La libertad es uno de los derechos más emblemáticos e intrínsecos en el ser humano por el que ha tenido que luchar durante siglos, pero más allá de su connotación simbólica, la libertad es una facultad natural del hombre para hacer legítimamente aquello que lo conduzca a los propósitos de su vida.

A menudo nos estamos enfrentando a procesos de elección entre dos o más posibilidades, el escoger desde un yo íntimo y optar por aquello que nos hace sentir conformes, complacidos y contentos, en otras palabras aquello que nos acerca más a la felicidad, nos demuestra el más profundo sentido de libertad.

La acción de elegir involucra un conocimiento de las aspiraciones, una validez de las convicciones, una seguridad de saber lo que queremos y perseverar por ellas, lo que refleja el grado de responsabilidad que tenemos frente a nosotros mismos, pues en la medida que nos preocupemos de brindarnos una buena calidad de vida, así será el grado de compromiso en la entrega de los afectos y los afanes del diario vivir.

Somos libres cuando en medio de un universo de posibilidades, seleccionamos aquello que creemos es mejor para nosotros y también cuando habiendo sólo una posibilidad frente a la nada, apostamos igual por ella hasta alcanzarla, ese es el ejemplo más fehaciente de que estamos siendo protagonistas de nuestra vida, no podemos vivir la vida que quieren los demás o por complacer a los demás. Cada uno vive lo suyo desde su propia historia y perspectiva en el marco de la libertad con el que nace todo ser vivo.

Las experiencias son únicas, individuales e intransferibles, en tanto, el tiempo es lo único que se pierde de manera irreversible, siendo un elemento importante al momento de las decisiones.

En esta maravillosa libertad de escoger surgen los derechos y obligaciones que tenemos frente a este principio, el derecho a pensar libremente y la obligación de respetar el pensamiento del otro por distinto que éste sea. Alguien dijo por ahí que nuestros derechos terminan donde empiezan los del otro, premisa válida también ante la libertad que tenemos de escoger en donde somos entes activos y protagónicos de nuestra vida.

 

Flexibilidad

En ingeniería, la rigidez es la capacidad de un objeto sólido o elemento estructural para soportar esfuerzos sin adquirir grandes deformaciones o desplazamientos. La flexibilidad en cambio, quiere decir “capacidad que tienen las cosas para doblarse pero sin romperse” acercando sus partes distales de los distintos segmentos corporales.

Actualmente la flexibilidad es una cualidad no sólo física sino también emocional, susceptible de mejorar a través de distintas técnicas y métodos de entrenamiento entre las cuales figura la actitud, el conocimiento, la práctica y las habilidades, conceptos que pueden transformarse en valiosas herramientas para desenvolverse en un mundo que cambia constantemente, en donde la capacidad de flexibilización es fundamental para interactuar con los demás.

Una actitud optimista, abierta, proclive a los cambios, ayuda en la toma de decisiones, por otro lado el conocimiento respecto a las personas nos ayuda a ser empáticas y entenderlas. Si hacemos de la flexibilidad un ejercicio permanente, la comunicación se hace más expedita y finalmente desarrollar todas las habilidades cognitivas y emocionales fortalecerá las relaciones con el universo de personalidades que nos toca conectarnos.

Cuando somos flexibles somos dúctiles, adaptamos la forma al espacio, tratamos de sentirnos cómodos en algo que no es de nuestro agrado manteniendo intacta nuestra esencia, con ello no estamos siendo inconsecuentes, pues nuestra manera de pensar se mantiene, lo que cambia no es el contenido sino la forma de observar y asumir los hechos cotidianos.

Las personas menos flexibles son rectas, verticales, rígidas, prácticas, objetivas, van en una sola dirección y esperan que el medio se adapte a ellas, en consecuencia que todo cambio debe generarse desde el interior de cada uno y proporciona por lo demás un extraordinario enriquecimiento personal.

La flexibilidad camina de la mano de la empatía, la generosidad y la voluntad; elementos necesarios en una relación o convivencia con las demás personas. Vivimos en un planeta generoso en diversidades de plantas, climas, flores, lenguas, culturas, razas, filosofías, cultivos, fauna y todos ellos viven en una armoniosa convivencia, por qué entonces al ser humano se le hace tan difícil convivir con los mismos de su especie. La naturaleza en todo su entorno nos dice cómo vivir rodeados de diferencias sin perder el sentido de identidad y pertenencia.

Jaime Barylko, en su libro Vivir y pensar, nos relata un fragmento tomado de J. D. Salinger (Nueve cuentos) en el que un personaje, Teddy, sostiene: “Creo que primero reuniría a todos los niños y les enseñaría a meditar. Trataría de enseñarles a descubrir quiénes son, y no simplemente cómo se llaman y todas esas cosas... pero antes, todavía, creo que les haría olvidar lo que les han dicho sus padres y todos los demás. Quiero decir, aunque los padres les hubieran dicho que un elefante es grande yo les sacaría eso de la cabeza. Un elefante es grande sólo cuando está al lado de otra cosa, un perro, o una señora, por ejemplo. Ni siquiera les diría que un elefante tiene trompa. Cuanto más les mostraría un elefante... lo mismo haría con la hierba... ni siquiera les diría que la hierba es verde”.

¡Qué difícil es pensar! Qué fácil es repetir cosas acerca de elefantes.

Somos flexibles cuando nos damos el trabajo de pensar en los demás.