Sala de ensayo
“Teoría y práctica de la ideología”, de Ludovico SilvaIdeas sobre la ideología

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Diccionario de la Real Academia Española. Segundo significado de la palabra Ideología: “Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”. Dentro de las muchas definiciones que desde diversas corrientes del pensamiento puedan dársele a este término, asumamos la del Drae como la más universal.

Esbozaremos nuestras primeras conclusiones a partir de la palabra “Idea”, con abundantes acepciones en los listados de la Real Academia, y que para nuestro análisis identificaremos con la primera que aquélla enarbola, representada así: “Primero y más obvio de los actos del entendimiento, que se limita al simple conocimiento de algo”.

Esto es una manzana, te dicen. El “simple conocimiento” de la misma; es decir su conocimiento no complejo (que involucraría cosas como su nombre científico, su origen como especie, su desarrollo histórico, etc.); su tamaño, su forma, su color, su olor, su peso, forjan entonces en nuestra mente una Idea de lo que es una manzana. Lo que nos hace deducir de un plumazo —y que por supuesto lo sabemos por nuestra experiencia diaria— que no basta el “simple conocimiento” de algo para utilizar dicho conocimiento como elemento con el cual sustentar sólidos argumentos. Es decir, si al ver por primera vez una manzana, ésta se encuentra picada de pájaros, no iremos luego pregonando que una manzana es un fruto rojo, más o menos redondo, con varios orificios esparcidos en su periferia, a través de los cuales se puede ver una pulpa amarillenta. Es decir, las Ideas pueden estar sustentadas en un conocimiento parcial o superficial, o en un conocimiento profundo. Es una de las razones por las que en ocasiones observamos discrepancias entre los hechos y las palabras; otros casos se dan más bien por conveniencia, como cuando nos dicen que “la burra es calva sin tener los pelos en la mano”, pero ese es otro cantar.

Si con el Drae decimos que: “La Ideología es el Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”, pudiéramos decir igualmente, basándonos en lo descrito en párrafos anteriores, que es el acopio de conocimiento, simple o complejo, que de determinadas áreas de lo cognoscible tienen personas, colectividades o épocas, movimientos culturales, religiosos o políticos, etc.

En este sentido, creo que no hace falta sobreabundar en premisas para concluir que, de Ideologías e Ideólogos —parafraseando un refrán sobre malagradecidos— está lleno el mundo.

Aquel libro: Teoría y práctica de la ideología, de Ludovico Silva, nos permite ahora, tras recordarlo, considerar la cualidad bidimensional de la Ideología. Ésta, como se ve, detenta un nivel intangible, que si mal no recuerdo, Silva, evocando a Marx, denominó “la superestructura”, que es lo que se inscribe dentro del término Teoría, lo cual abarca el mundo de las ideas en su claustro cerebro-emocional; y un nivel concreto, o “estructura” vertido a lo externo, palpable, tangible y motorizador, que denominamos “práctica”.

Dicho todo esto podemos más o menos determinar que Ideologizar, en el sentido de percibir ideas y procesarlas en nuestro Yo íntimo, y no como el ejercicio de adoctrinar, es una condición inherente al ser humano, ya que nuestra configuración psico-física ha sido elaborada básicamente con ese objetivo. Nuestros Sentidos están diseñados para que conozcamos el mundo y podamos, de la manera más armoniosa, desenvolvernos en él, ejerciendo nuestro rol de Individuo con compromisos personales, y nuestro rol de Individuo con compromisos colectivos, demarcados en los Deberes y Derechos que establecen las leyes; las cuales, valga apuntar, pueden obligarnos, incluso, a actuar de determinada manera, pero no veo forma de que puedan manejar nuestro pensamiento, por otro camino que no sea la sugerencia, el diálogo, la orientación, la persuasión, el engaño, entre otros. Para bien o para mal, los timoneles de nuestro pensamiento somos nosotros mismos. El famoso slogan de ARS, “Permítanos pensar por usted”, debía ser más bien algo así como: Permítanos pensar a nosotros.

Un ser humano, amante de la democracia, el respeto, la libertad, etc., no debería, dentro de aquellas cosas que rebasan los límites de los deberes y derechos, hacer a otros lo que no quisiera que le hicieran a él. Por eso: si nos gusta conocer; forjarnos a partir del conocer Ideas, y por tanto Ideología; y si además nos gusta que se nos permita que también nosotros podamos transmitir o no nuestras ideas a los demás (Ideologizar); no debería molestarnos el que los demás lo hagan; siempre y cuando dichas ideas se mantengan en el plano de la Teoría, y debatidas en los escenarios adecuados, hasta tanto el colectivo —expresado en el conjunto de individuos o grupos con formación idónea para autorizar— no determine que dichas ideas se ajustan a Derecho, y en consecuencia pueden ser llevadas a la Práctica.

Por mi parte, no me molesta la Ideologización, de hecho, en este texto la practico; y para hacerlo me valgo de los recursos que me permite mi condición existencial: pintor, diseñador gráfico y escritor —entre otras cosas—; con ideas, una computadora y medios en donde puedo difundirlas. La Ideologización de otros(as) me permite ampliar mis referencias para argumentar. Más me perturba esto que pudiéramos llamar Automatismo: cuando, como zombis, sin estudiar, ponderar, curiosear, averiguar, investigar, comprobar, comparar, contrastar, nos vamos a levantar las banderas del primer Ideólogo que diga cuatro palabras en un artículo llamado: IDEAS SOBRE LA IDEOLOGÍA.