Letras
Ocho poemas

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Blancanieves

¿Quién
dio una hermosa
manzana roja
y envenenada
a Blancanieves?
Su real madre
se la ofreció.

—Un escalofrío recorre mi espina dorsal—

En el primer
original del cuento,
recogido por los hermanos Grimm,
iba la emponzoñada poma
en mano
de la malévola madre.

—En ciertas ocasiones una sonrisa mata—

¡Escándalo, horror! ¡la santa madre, vil asesina!
Diligente actúa el interés
de las fuerzas vivas, así lo leí,
e impone a los redactores
trocar a la madre tóxica
en madrastra cruel.

—Nadar entre dos aguas—

¿Pérfidas ellas, las mujeres?
Falaz espejo de cuerpo entero,
culpables, siempre culpables,
nunca jamás inocentes,
de ser distintas e iguales,
carne y hueso, al otro sexo.

¿Qué decir de ellos, los hombres?
Verdugos en guerra permanente,
conforman un formidable
y sanguinario ejército
sobrecargado de víctimas
y cadáveres.

¿Ellas? Aguantan, —espíritu femenino—
ocupan la extensa geografía de la miseria planetaria, el récord mundial de analfabetismo suyo es, cargan con el trabajo de la maternidad. En ciertos pueblos las consideran punto menos que animales domésticos.
Las estadísticas arrojan que laboran, por menguadas migajas muchas más horas que ellos. Y no se libran de obrar miríadas de brutales estupideces...

¿Ellos? Se arrogan el poder absoluto, —espíritu masculino—
son la medida de todas las cosas e imponen su visión, encarnan la mórbida sed de dominio, oculta en infinitas máscaras: emperador, sumo sacerdote, potentado, revolucionario, sabio, proxeneta, científico, líder, poeta, artista, maestro, discípulo, filosofo, héroe, caudillo, sin olvidar al príncipe, a los siete enanitos, al papá de Blancanieves, ni al lobo de Caperucita...

Apunte del natural, septiembre de 2006 en Kandahar
El Continente Negro hablaba,
dos pistoleros en moto
disparan,
en la frente
graban su sello
y la silencian.

—Cuánto dolor baldío asola nuestras vidas. ¿Por qué?—

Punto y aparte.

En la plaza del mercado bailan la danza salvaje de la vida,
un corrillo variopinto convoca un safari de cuentos y juegos.
Señoras y señores, siete cuentos en el tintero:

La bala de oro durmiente
Alquimia a flor de piel
El ? de vivir
Un barco de papel en un sombrero
La sal de brujas y hadas cuenta
Monólogo del revolver enfundado
Pastora lee, de la tinta el hierro los hechos canta

¡Aibó. Aibó!

¡Gooooooooooooooooooolllllll!

Continuará...


Cóctel

Sardinas

plateadas coquetas, sabrosonas.
Mero
exquisito chafardero.
Gambas
miss Roja, rica, rica.
Carabineros
agresivo sabor, sabor y sabor.
Cigalas
delicias de agua clara.
Buganvillas
mediterráneo carmín de mil colores.
Bloody Mary,
Dry Martín
y Belmonte.

Mojacar
Traje de cóctel en la terraza.

Dicen que en millones de años
se verán menos
galaxias en el cielo.

A día de hoy,
Marte soberbio y rojo,
seduce a la Noche.

Mañanas de fina piel dorada.
Crepúsculos de sal marina.
Un jazmín en el jardín.

Una rosa púrpura
y una rosa negra
dan la hora.

Bailan las estrellas fugaces.

 

Agur

Apareció en la línea del horizonte
un jinete de acero y fuego,
que de cuajo arrancó todos los sueños.

Agotado el llanto
secos ojos dejó,
clavados en el latir del tiempo.

Sobre la mesa reposan
algunas hojas de papel en blanco.
Azul
la curva del mar.
Azul
la bóveda del cielo.
Rojas
las rosas de mi jardín.

De nuevo han llamado
a la puerta de la inocencia,
aquí un nombre propio espera,
nombre que otros han elegido.

Con sus velas blancas al viento,
un velero entra en el puerto.
Suspiro, cierro los ojos y muero.

Cuarenta y tres rosas rojas,
de mortaja una sábana blanca.
A mi cuerpo frío prendedle fuego...
Un puñado de ceniza para volar en el viento,
si os place brindad por vos y por mí.

—Abrir las puertas de armarios ajenos—

No poder olvidar
el amargo desgarro de la ausencia
levanta ampollas en carne viva.

Voy a llorar sobre el papel en blanco.

Agur.

 

La rosa de los vientos

Al Norte
luce un sol radiante
de par en par se abren balcones y ventanas
He juntado flores en el prado
y tendido la colada

Al orear una manta de viaje
invisibles alas de aire despliegan
solitarios paisajes de invierno
atravesados por el humo y los agudos pitidos
del viejo Shangai

Por las ventanillas del convoy
cruzan pueblos y ciudades
que habitan entes
distintos e idénticos

Al Oeste
la fugaz visión de un hermoso gato
blanco y negro
Rojean las hojas de los árboles
en pleno crepúsculo una coruxa rasga el horizonte

Al Sur
días y días dorados
Cabalgando hacia el cielo
hermética la Sierra ampara a los Hijos de la Noche
en un silencio sideral

Al Este
en venir la primavera enarbola el viento
el alegre estallido de la Mascletà
y vivaz corteja el azahar embriagador
del jugoso sol de las naranjas

Bajo el reloj del andén
una maleta
un hombre y una mujer
El tiempo devorador acelera su marcha
veloz como el rayo parte el tren

Salta una ardilla roja
En la próxima estación
El Porvenir
espera Pandora

 

Oleadas

La caldera borbotea,
oleadas de sabores
se agolpan, se mezclan,
en clave bullen.

Sinuosas humaredas,
rojo, negro, naranja, violeta,
tiñen el Cielo.
A ras de suelo avanza
pegajoso polvo amarillo.

Furtivos amores
cruzan la calle excitados.
Bajo la túnica de la pasión, saborean
clandestinos encuentros de invierno.

Celados por las sombras del crepúsculo,
abrazados cual gatos regalones,
danzan los amantes y entre risas se retan
a jugar al escondite.

Fiesta en el coso.
El torero da la vuelta al ruedo.
Entre sol y sombra,
oleadas de dolor
trepan por brazos y piernas.

Rabioso viento huracanado atiza
la innombrable angustia de no existir.
El vacío te invita.

Vaporosas gasas
danzan al clarear la mañana,
la ventana se cierra,
el aire queda fuera.

Olor a sal, mar abierto.
Rumbean las olas, en la playa dejan
margaritas blancas de tallo erguido y lunar amarillo.
Una sonrisa se abanica entre mis labios,
sosiego, libertad.
Alas de geometría variable surcan el cielo.

 

Extraño

Un cuerpo extraño viene y va,
no acata dominios.
Un poso de tristeza
carga sobre los hombros,
entre paños de alegría
oculta su pesar.
Abriga un sueño,
bailar en brazos de la Noche.
La oscuridad absoluta señorea.
¿Quién transita por ella?
¡Alto! ¿Quién va?
Las Estrellas.

 

Palabras

Las palabras se amotinan,
en el cerebro reina el caos,
letras y números arrojan
jeroglíficos indescifrables.

La imaginación vuela,
los frenos chirrían improperios
sobre el pavimento
de un maloliente callejón.

Se desata la tormenta,
el manto de la noche se extiende,
el son deja oír su rítmica cadencia.
Jazz and rythm and blues.

Deseo a todos los colores
para el amor y el goce
y acuñar palabras
con la voz de mis entrañas.

Caminar como un espectro,
vagabundear de bar en bar,
vomitar sobre las losas del patio
palabras de arcilla verdes de moho.

Ya más tranquila,
las palabras recobran una alegre mentira,
cualquier mentira,
escrita sobre un papel en blanco.

¿A quién pertenecen las palabras?
Por herencia a ti te tocan, aman, hieren, matan.

Leí que O es la letra más antigua. De H
se dice que tiene un terrible rostro negro.
H
significa: calor, fuego que se infunde y difunde.
El símbolo de la vida universal, el aliento,
el espíritu y el alma humana es H.
Las palabras huyen despavoridas.

Los números nos pasan cuentas,
caen las hojas sobre cantos rodados,
blanca luz corteja a la mañana.
Siembran cizaña los poetas con la palabra.

Ojos cazadores.
El misterio de las hojas parlantes.
Tomar el fresco y pescar palabras al vuelo.
Jugar y morder, morder un melocotón.

 

Raudal Lisboa

Raudal

Unas manos malditas
baten el aire
de africano dolor
Angustia
alza sus brazos al Cielo
implorando a la Nada
Alegre el sol evapora la humedad
del perpetuo raudal de lágrimas
vertidas por las calles

Lisboa

Gran señora del océano Atlántico
Hermosa reina del río Tejo
Siete colinas suben y bajan los tranvías de madera
Viento Norte cuenta la leyenda de Ulises
Luz blanca beber y beber
La revolución de los claveles
El café de Pessoa

Raudal
con tres mil años de historia

Lisboa