En abril de 2006, los diputados panistas Adriana González Carrillo y Rodrigo Iván Cortés Jiménez presentaron, como informáramos en su momento, una iniciativa en la que proponían inscribir con letras de oro el nombre del poeta y pensador, autor de Piedra de sol y El laberinto de la soledad, por considerarlo el autor mexicano “más prestigiado de la segunda mitad del siglo XX y un hombre cuya destacada labor intelectual, diplomática y patriótica al servicio de nuestro país debe ser objeto de un profundo homenaje por parte de esta Soberanía”.
No obstante, la propuesta fue rechazada, lo cual fue muy criticado por la comunidad cultural mexicana, así como de algunos senadores, quienes calificaron ese hecho como de desafortunado. Ante ello, la Junta de Coordinación Política del Senado decidió que a partir del 19 de abril, fecha del aniversario luctuoso del poeta, una de las salas de junta del recinto llevará su nombre, dado que la figura de Paz “va más allá de las letras, al ser uno de los grandes hombres del pensamiento universal, precursor de la democracia y la tolerancia”.
Para la presidenta de la Comisión de Cultura de la Cámara de Senadores, María Rojo, el nombre del poeta nacido el 31 de marzo de 1914 debería estar en diversos sitios culturales, ya que “fue uno de los hombres que más propició el debate, con grandes ideas, inteligencia y una gran democracia”.
Esta decisión enmienda la resolución de los diputados integrantes de la Comisión de Régimen, Reglamentos y Prácticas Parlamentarias, de no incluir a Paz en el “Muro de Honor”, la inmensa pared de fondo del salón plenario del Congreso mexicano. En esa ocasión, los legisladores argumentaron que el también ensayista y diplomático mexicano “no colaboró para la construcción del Estado mexicano”, que es una de las condiciones necesarias para que un personaje sea inscrito en aquel muro.
Sobre el caso, la viuda del poeta, Marie José Paz, manifestó que el “gesto (de los diputados) sería una bobada si no fuera grotesco” y añadió que “por algo se habla de crisis de representatividad política”.
En la sala principal del Palacio Legislativo de San Lázaro, detrás de una inmensa Bandera de México, están inscritos en letras doradas los nombres de personajes históricos mexicanos y héroes de la independencia. Sobresalen allí los nombres de los poetas Nezahualcóyotl y sor Juana Inés de la Cruz, así como el educador Justo Sierra y los diplomáticos Isidro Fabela y Genaro Estrada, entre otros.
Por su parte, el homenaje en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) ha sido planteado en los mismos términos de la propuesta del año pasado, pues consiste en inscribir en letras de oro en el “muro de honor” del recinto legislativo el nombre del poeta, como una muestra de reconocimiento de los representantes de la ciudad y de los ciudadanos “a un hombre que hoy por hoy se puede calificar como el poeta mexicano por antonomasia”.
Al presentar ante el pleno de ese órgano legislativo el correspondiente punto de acuerdo, promovido en la Comisión de Gobierno el pasado 27 de febrero, su presidente, el diputado perredista Víctor Hugo Círigo, aseveró que existe constancia de la intervención de Paz en las transformaciones sociales y políticas del país.
Desde la tribuna, el legislador preguntó: “¿A dónde queda nuestra labor como representantes populares si no somos capaces de generar sinergias en torno a un proyecto de esta naturaleza, cuando se trata de un hombre que contribuyó sobremanera al desarrollo cultural de un país como el nuestro?”.
Luego hizo un recuento de su vida “a manera de razones y argumentos, que sirvan para dar cuenta de la magnitud de su obra”, destacando, entre otras cosas, su renuncia como embajador de México en India en protesta por la matanza en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968.
Según indicó Círigo, nadie puede negar que Octavo Paz fue un hombre visionario, “conocedor de las fibras más hondas de nuestra identidad, de lo que nos distingue como mexicanos; sin embargo, lo que bien constituye una contribución a su grandeza más allá de la perfección de una pluma cultivada y talentosa por sí, es su defensa férrea de la democracia liberal”.
El legislador recordó que Paz alguna vez dijo: “Sin democracia la libertad es una quimera”, como muestra inobjetable, dijo, “de lo que para él constituía un binomio indisoluble”. Por lo que concluyó: “Es justo que esta Asamblea Legislativa del Distrito Federal abra un espacio para que el nombre de Octavio Paz perviva”.
Una vez presentada formalmente la iniciativa, se turnará a la Comisión de Cultura para su dictamen y posteriormente se llevará ante el pleno, tal vez en el periodo ordinario de sesiones que comenzará la segunda quincena de marzo.