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Poemas

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Calle sin nombre

Nómbrame la calle abierta a la ciudad dormida,
la que recibe a diario un sol de sangre.
Ahí donde se hiere a juego de lujurias
y espejos de obsidianas orbitan
mis fallidos intentos por buscarte.

¿Quién vive en esa calle?
¿Quién mora tras altos ventanales?
¿Quién contempla los cuadros?
¿Quién invariablemente descorre los visillos
antes que se haga noche
y soñando ...me extrañes?

¿Quién vive a escondidas desnudo en los umbrales?
¿Quién espía tus pasos y es el mudo testigo
de soliloquios, cantos y medianoches?
¿Desde dónde te hundes a calles de granito
que asciendes a desgano,
ignorante de todo sin saber
si la cuesta volverá a ser trepada?

La soledad se derrumba en la calle sin nombre.
Mata opacidades del crepúsculo.
Impiadosa cuestiona.

Nómbrame la calle donde yaces oscuro.
Existes al lado sur y dueles.
Detrás de los abrazos, magmático rojo se desangra.

 

Eres

Eres un mar profundo.
Madero de antigua barca.
Timonel al anuncio de llegada.
Sonrisa disipando las tormentas.
Cordel descansando en las amarras.

Me gustan esos tatuajes.
Tu tridente de Neptuno al gobierno de los mares.
En ellos, gloriosa me hundo y me rescatas.
A mí me gustan tus ojos besados por el linaje azul de todas las aguas.

 

La modelo desnuda

Le cubres los ojos con un pálido lienzo
y descubres su pubis,
extiendes collares en su piel acerada.
Tu pincel arremete alquímicos rasgos,
invade de pasión con bermellones.

Sepia y añil, a contraluz,
el crepúsculo ve suicidarse a la tarde.

La modelo imagina,
atrofiada su visión con la atadura,
su boca entrecierra
y en su labio
el rubor muerde la carne que comulga
con el ojo diáfano de la tarde.

El carboncillo inventa cielos
que disuelven eclipses fugaces.

Hiere la mueca de tu boca
por evitar el pasado en su mirada.
Quieres ponerle alas a su espalda,
atrapar su ángel, la quieres sacra y pura.

Con escasa esperanza,
una mujer desnuda,
en tu atelier desangra su costado abierto,
salitre en su llaga.
Un Cristo se ofrece en una chaise longe sentada
y redime en la seda, tus oscuros pecados,
por una mala paga.
Una sublime ofrenda, si lo piensas,
en tu Gólgota cromático, otro Calvario.

En el lienzo, apogeo del color de su sangre.

 

Malbec y tú

Agotada la instancia de la luna en su cuarto menguante,
y un bolero de Ravel entrecortado,
en rescoldos vi desaparecer despacio
aquello que la lumbre iluminaba:
tu cabello, el borde de tu cuerpo,
una mano tocando la guitarra,
la pierna sobre el vidrio,
sobre el vidrio, el vaso,
en el vaso, el vino
y al fin del vaso y del vino, una borra
—inigualable de morada.
Yaciendo ahí, como una lengua hambrienta
al fondo de un malbec sobre la mesa,
desencontrada, como una diagonal perdida
que invoca el aguardiente de un deseo /
balanceando su nota en el abismo /
pétrea luz ...final preanunciado.

 

Mis guerreros vencidos

Desde que te marchaste
pinté una gigantografía de metales
púas inabordables
alambres en la llaga...

Desde el último beso
su humedad transfigurada
ha quebrado este labio
que cesó de llamarte.

Si hoy debo pintar mi risa
le colgaré esquirlas a los lados
con retazos de alientos
nunca jamás recobrados
de mis dioses guerreros
vencidos y estaqueados.

Mis Tupacs agonizan
desde que te marchaste,
sangra monótonamente
un costado...

 

Tumbas y amores

I

Visité tu casa.
El Parque verdoso
acunaba tumbas.

 

II

Había un banco.
Me senté,
besaba el aire
triste de la tarde.
Conversé
ociosamente contigo.

 

III

Distante tú
O el otoño.
Jardines secos.

 

IV

Me entiendes,
pero no asientes.
Miré tras el musgo
en la piedra,
tus ojos.
Sonreían.

 

V

Mientras lo hacía
tomé una rosa,
el pétalo en la tierra
dibujó un beso.

 

VI

Al partir,
Flores dejé brotando
Alguna crece.

 

De magia y Pessoa

“Tenemos dos vidas: la verdadera, esa
que soñamos en la infancia, y la falsa,
esa que vivimos en convivencia con
los otros”.
Fernando Pessoa.

Invocábamos la magia como infelices
al estrenarse la noche o la mañana.
Servía para poco o para mucho
descubrirnos sonriendo,
desconocidos e ilusos.
Capaces de sobrevivir más tragedias
y resistir lo triste y lo parduzco.

Capaces de salir del laberinto
que sacude el rocío en la mañana
Capaces de esquivar como una chita
el mundo en llamaradas...
—ya Pessoa lo diría, se fundían
nuestras dos vidas difusas.

En el rito final al pie de los portones
cada Pasado bendecido
por alguna luz o una mirada,
una amapola roja se despedía sublime,
con su hato de dulces confusiones.

Tenía el perfume de tus manos
labradas con tantas emociones,
como pétalos
pequeños, desgarrados,
habitados por callados pleamares
tus sedientos labios en grito
¡“no te salves”, “no te salves”!

Arrecian ante las piedras
las aguas turbulentas de la Nada.